Genial Ludmila
Oriunda de la zona sur de Brasil, promediando el siglo XIX Ludmila Kormachov fue una real difusora de las matrioskas, esas muñecas huecas que se colocan una dentro del interior de la otra y que hacen pensar que siempre hay lugar para una más. Presuntamente inspirada en una dialéctica de origen y raíz marxista, plasmó en su creación la tradición rusa y la innovación brasilera. Después de haber investigado durante muchos años, el día que cumplió 50 dio la noticia a sus familiares y allegados: fabricaría matrioskas negras. Fue en un acto pleno de ?mama eu quero, mama eu quero? que Luzmila solicitó a las y los presentes una financiación del proyecto para lo cual simbólicamente había creado: una matrioska negra, no de madera sino de mazapán, con falda amarilla y blusa verde de cincuenta centímetros de alto y con una ranura en la cabeza que a todas luces funcionaría como alcancía. En ese mismo acto develó el gran misterio de su plantación de tilos , actividad a la que se había dedicado en los últimos cinco años de su vida con tesón capricorniano, siendo como era una mujer de Libra. La madera de tilo, por su ligereza y textura, era la más apta para el tallado y el proceso de corte debería hacerse en el mes de setiembre que es cuando la savia es más potente. Fue así que ese trece de setiembre, el mismo día de su cumpleaños, procedió simbólicamente a cortar la primera rama. Luego mostró los diseños con que decoraría su creación: plátanos, abacaxis, mangos, flores de guayaba y pétalos de hortensias iluminaban las dulces matrioskas con ojos afrodescendientes y sonrisa rusa. Después de varios meses de inútil espera, comprobó que la alcancía de mazapán seguía sin ningún cruzeiro. A pesar de su decepción, Ludmila agradeció que no la hubieran apoyado porque vio en ello una señal positiva del destino. Con santa y ortodoxa paciencia rusa, que seguramente le venía de sus ancestras que habían visto pasar la vida al pie del samovar o, según algunos de sus biógrafos, a causa de la gran calma que había adquirido por el hecho de esperar debajo de los tilos los aportes económicos que nunca llegaron, Ludmila apeló una vez más a la creatividad brasuca y lanzó la primera producción conocida de tilo envasado en higiénicas bolsitas de papel de arroz. El sobre exterior mostraba una bella matrioska pintada a la acuarela debajo del nombre de su creadora. Durante décadas, los sobrecitos de Ludmila recorrieron clandestinamente el mercado negro de las yerbas medicinales, dado que las gestiones realizadas para patentar su creación nunca fueron reconocidas oficialmente. Era esa sin duda una época de oscurantismo, donde la única bebida autorizada era el café. Ludmila pudo amasar una inmensa fortuna y fue conocida en los medios afines como ?la matrioska del tilo?. La herboristería comercial aún le debe un más que merecido homenaje y seguramente el próximo congreso que se realizará en Ceilán tendrá como logo un facsímil de la matrioska original, conservado por Abrasilia Do Pazo Kormachov, sobrina bisnieta de Ludmila.
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