La niña del Valle Edén

Todo comienza así: ?Cuenta la leyenda que en las noches de Luna llena se puede ver por los montes del lugar a una niña jugando entre las ramas, con vestidos de hojas y sandalias de raíces, montada sobre el lomo de un puma, acompañada por un carpincho, un ñandú y una mulita. También dicen que ella vive en una cueva de ágatas y amatistas junto a su abuela charrúa, y que lo más le gusta es soñar con una niña que sueña, porque siempre que se despierta le vienen ganas de jugar?.

preocupación por el entorno, por la naturaleza, tema

Y acaso, ¿soñar no es una forma diferente de jugar?

En ?La niña del Valle Edén?, Ignacio Martínez (Montevideo, 1955) habla de la preocupación infantil por el entorno, por la naturaleza, temas tan importantes para todos, pero que las niñas y niños han hecho propios. Todo esto queda muy bien resumido en la excelente ilustración de tapa realizada por Oscar Scotellaro, quien pinta a los personajes con ternura, realismo y vitalidad, sin dejar de lado el toque mágico necesario a la hora de retratar una leyenda de este tipo.

Asimismo, hay que decir que, como sabemos, son éstas niñas y niños quienes que heredarán un planeta agobiado por la contaminación, la desidia y el egoísmo. Sin embargo, con esta historia de compromiso y amistad, nos permitimos creer que el futuro ?que estará indefectiblemente en las manos de las nuevas generaciones- no resulta un oscuro agujero, vacío de compromiso y responsabilidad, sino que, por el contrario, vemos, allá a lo lejos, un puñado de jóvenes dedicados a recuperar, o redimensionar quizás, estos valores ancestrales, tales como el ser humano y la naturaleza vistos como una unidad. En definitiva, a retornar y revalorizar las raíces, nuestras raíces, para ser más exactos.

 

UNA VIAJE POR EL NORTE DEL PAIS

La historia transcurre en el norte del país. Se trata de una novela dividida en dieciséis capítulos y un epílogo en forma de cuaderno de bitácora. Con amplios detalles de la geografía y fauna del lugar, el autor enmarca una anécdota divertida, ágil y de un ritmo vertiginoso.

Se nos habla de la lucha de una niña muy especial, que por las noches, montada en su ágil felino, recorre aquellos hermosos parajes. Rodeada de ombúes y animales salvajes forma un todo con el relieve y la flora. Pero hay un detalle muy importante y que le traerá más de un dolor de cabeza: ella y su abuela poseen un secreto elixir, un licor que le otorga la vida eterna a quién lo bebe.

Vaya si es tentadora esta poción para cualquier mortal. Sobre todo para unos codiciosos cazadores que buscan a toda costa llegar a la cueva donde viven la abuela charrúa y la niña. Es así que un grupo de niños que viven en la zona, audaces y solidarios deciden ayudar al extraño binomio a proteger el secreto a como dé lugar.

No será una tarea fácil, no podía serlo jamás, ya que los hombres contaban con más experiencia y estaban muy bien armados. Pero los niños sabrán arreglárselas. Además, contarán con la ayuda de los animales del lugar: Mulita, Yarará, Carpincho, Ñandú y el poderoso Puma.

Hay que destacar el variopinto espectro de personajes y colores del texto, que sirve de entrada a un mundo repleto de sensaciones intensas; aromas y texturas se filtran en la lectura y refrescan al lector como un leve rocío que llega a empaparlo al final de cada párrafo: ?El lugar era bellísimo. Cientos de pájaros, de los más diversos tipos acudieron alborozados a recibirlos. Churrinches, Cardenales, Benteveos, Teros, Zorzales y Colibríes revolotearon en redondo, entre cantos y piruetas. Como grandes maestros en el arte de volar, las aves parecían artistas de un círculo construido en el aire.?

 

ENTRE EL BIEN Y EL MAL

La tensión entre las fuerzas destructoras -en este caso, la de los cazadores, representantes de una sociedad codiciosa y ansiosa de poseer vida eterna- y las fuerzas de la naturaleza -es decir las del equilibrio- se vuelve interesante, atractiva. Al lector le asalta la idea de que el misterio debe ser conservado, el elixir no puede cambiar de manos. Se piensa que la naturaleza no pretende explicarnos cada fenómeno, y que es necesario conservar estos misterios. Así está mejor. Y, sobre todo, se debe mantener el líquido alejado de la avaricia.

La lucha será dura, porque si bien los niños y animales cuentan con la sabiduría de la anciana charrúa y el mayor cocimiento de la geografía del lugar, los cazadores se moverán con las astutas estrategias de los mercenarios, de los que no tienen escrúpulos: ?No hay mucho que pensar. Cuando no nos sirvan más los niños nos desharemos de ellos y al regresar al otro lado del Ombú terminaremos con la vieja y no quedará ningún rastro de lo hecho. Mientras tanto, sabemos que mi hermano tiene a la vieja encerrada en su propia casa y que nosotros vamos detrás de sus nietitos adorados que nos conducirán al fabulosos tesoro., ¡ja, ja, ja, ja!?

Estaremos atentos hasta el final de la historia, página a página, no podremos adivinar hasta ese momento la suerte que correrán los valientes defensores del misterio que, en este caso, será el equivalente a la naturaleza. Sabremos recién al cabo de la lectura qué pasará con la cueva de ágatas y amatistas, qué pasará con Alondra y el resto de su gente.

En definitiva, tendremos que recorrer el camino que nos paseará por el norte del país, más allá del Río Negro y de la Gruta de los Cuervos, en un lugar misterioso, llamado Valle Edén.

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