Nunca es tarde
Con voz en off, las reflexiones del personaje Gerónimo Acosta que se resumen más arriba marcaron el final de la telenovela ?Victoria?, que todavía puede volver a verse en YouTube.
Un mensaje con bajada de línea que, no obstante, me hubiera gustado escuchar en boca de su protagonista, mientras los enamorados caminaban por una playa paradisíaca y aparecía el cartelito anunciando el ?Fin?.
Recordemos que ?Victoria? presentada engañosamente a comienzos del pasado verano como ? la revancha de las mujeres?(ver La República de las Mujeres del 8 de marzo de 2009) relata la historia de una mujer cincuentona que abandonada por su marido ?quien se va con su amante 25 años menor- recomienza su vida con múltiples cambios, entre los que también está redescubrir el amor de la mano de un hombre más joven.
PODER SE PUEDE
Tomar decisiones que van a cambiar radicalmente nuestras vidas ?como irnos a vivir a otro país, animarnos a volver a convivir en pareja cuando llevamos años de estar solas y cargando con malas experiencias del pasado- nunca es fácil. Dejar a un lado las seguridades que hacen que nuestras vidas funcionen cómodamente aunque no nos proporcionen toda la felicidad, tampoco.
Jugarse al todo o nada en sociedades cada vez más individualistas y consumistas parece ser, justamente, una rareza típica de telenovela. Y aunque toma la decisión en el último minuto, la protagonista, impulsada por hijos, familia y amigas, lo hace y ya con ese acto de valentía impensable, poco ?lógico?, transforma completamente el significado final de la historia.
Hacerlo, claro está, no es garantía de que todo saldrá bien pero muestra que, cuando una mujer logra colocarse a sí misma en el lugar propio, hasta lo más inverosímil se vuelve posible, porque prima lo que ella realmente quiere más que lo que de ella se espera socio-culturalmente (léase: que se quede en casa continuando su negocio, que apoye a sus hijos ya adultos, ayude en la crianza de sus nietos y recuerde con nostálgica resignación la ?locura? de un amor y todo lo que podría haber sido y no fue, mientras envejece en soledad).
SIN CAMBIO, HAY SOLEDAD
La contracara de esta historia está en el ex consorte de Victoria, el abogado Enrique Mendoza de la ficción. Se trata de un hombre que hizo sus esfuerzos por cambiar, por aceptar, por ejemplo lo que sus hijos eligen para sus vidas sin imponer su autoridad y sus deseos o comprender que su ex, pese a sus más arraigadas creencias, podría sobrevivir sin él y aprender a llevar las riendas de su propia vida, tanto desde lo económico como desde lo emocional. (El sueño de la dependencia eterna ?como proveedor, como ?único gran amor?- parece ser un mito difícil de erradicar también desde la mirada masculina).
Sin embargo, Enrique no logra salirse nunca del estereotipo arrogante y dominador en sus relaciones de pareja y por eso termina solo. Era lógico que pretendiera volver con Tatiana, su pareja joven y criar su nuevo hijo pequeño, pero otra vez se equivoca al subestimar la incondicionalidad del amor de ella, dando por descontado que se atenderían exclusivamente sus necesidades ?o sea, su inocultable miedo a quedarse solo- Si bien no es lo más frecuente recibir un ?No quiero más tus migajas? en este tipo de situaciones, -usualmente prolongadas por años en hombres que no saben manejar sus relaciones con sinceridad y compromiso-, el problema radica en no poder asumir que quien está al lado no siempre quiere quedarse en el lugar de la postergación de sus propias expectativas y subordinada a los deseos del otro.
AMISTADES INCONDICIONALES
De las cosas más destacables a mi juicio, es la amistad incondicional de Victoria, Elena, Camila y Fernanda, mujeres muy disímiles que viven su madurez de muy diferente manera ? desde la más liberal que tiene varios amantes, hasta la que vuelve a ser madre al borde de los 40 largos o la que sufrió por años violencia doméstica- pero que no tienen reparos en apoyarse mutuamente, estén o no estén de acuerdo en todo. Las historias de los hijos, algunas más convincentes que otras, plantearon temáticas interesantes; éxitos y fracasos a la hora de combinar una maternidad ?más impuesta que elegida- con la profesión y la vida de pareja; bulimia y consumo de drogas; abuso sexual; dificultades para vivir como artista ?músico- en un mundo donde todo se transforma en mercancía y, paro no olvidar que era un culebrón, los infaltables prejuicios de clase respecto del personal doméstico y los pobres, dándose por descontado que no tienen afán de superación (Carlota) o una escala de valores mucho más sólida que la propia para hacerse respetar (Estrella).
Reconozco que para ver ?Victoria? tuve que vencer mis propios prejuicios respecto a los culebrones latinoamericanos (la novela fue una producción colombiana 2007-2008, con gran parte del elenco mexicano). Y es que se han contado historias patéticas de mujeres que son violadas por el protagonista masculino y después terminan casándose ?enamorados? (sic) y cosas así, que no hacen más que alimentar al conservadurismo y al machismo latino en su más cruda expresión. Sin abandonar los cánones típicos del culebrón, ?Victoria? aportó una mirada de género más aggiornada a los tiempos que corren y por eso tuvo tanto éxito de público ?no sólo en nuestro país-. No obstante la refrescante novedad pasó, y ahora la pantalla chica se llenó de telenovelas nocturnas tradicionales, fieles a estereotipos sexistas, de dudoso contenido liberador.
Compartí tu opinión con toda la comunidad