NO ERA UN GRAN AMOR
Las cuatro investigaciones presentadas por el InMujeres del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) el pasado 30 de julio, por un lado tienen que ver con la aplicación de la ley Nº 17.514, a partir de explorar en los juzgados especializados ?las limitaciones materiales, culturales y de formación de los operadores del Poder Judicial?. En otro capítulo, mediante el análisis de 11 casos testigos, se profundiza sobre la interpretación jurídica de la normativa vigente, plagada de no pocos estereotipos y prejuicios de género al uso en sentencias y comentarios de operadores -jueces, magistrados, etc. Otras dos investigaciones abordan el registro de la violencia doméstica, desde el relato directo de las implicadas que hoy se encuentran cumpliendo condena en la cárcel por homicidio de sus parejas agresoras y desde adolescentes del segundo ciclo de enseñanza secundaria de la ciudad de Montevideo, especialmente encuestados para este trabajo.
Todas las investigaciones se realizaron en el año 2007 y son presentadas por la antropóloga Susana Rostagnol como ?aproximaciones y estudios exploratorios?, no obstante lo cual, esta suerte de muestra se vuelve relevante por la casi inexistencia de estudios de este tipo en el país. El equipo de investigadores no olvida incluir una serie de recomendaciones para que se corrijan, mejoren e impulsen cambios en el accionar cotidiano de todo el sistema directamente implicado en la atención de esta problemática, aunque también hay que decir que nos interpela a todos, en tanto que la violencia doméstica cuestiona las fronteras público/privado, las representaciones socioculturales y los roles de género modélicos divergentes en la sociedad uruguaya de hoy.
LUCES Y SOMBRAS DEL PODER JUDICIAL
Valeria Grabino es quien investiga el accionar del sistema judicial, focalizada en los Juzgados Letrados de Familia Especializados (4 Turnos) que sólo existen en Montevideo, sitos en Rondeau 1726. Fueron creados en el año 2004 para atender específicamente los casos de violencia doméstica. Sin embargo, muy poco tiempo después se les endosó la atención referida al Código de la Niñez y la Adolescencia, sin asignarles más recursos presupuestales y humanos. Al respecto, Grabino críticamente se pregunta: ?¿Por qué subsumir los problemas de la niñez y la adolescencia en los de violencia doméstica, ambos problemas de una gran complejidad social? ¿Será más tolerable para la sociedad y/o para el Poder Judicial `especializar´ todo aquello a lo que no se le encuentra respuestas inmediatas, que `molesta´ y para lo cual no hay lugar en otras sedes??
La antropóloga profundiza ?in situ? dialogando con todos los involucrados: jueces, defensores de oficio, actuarios, alguaciles, funcionarios del equipo técnico (médicos, psicólogos, asistentes sociales), administrativos, etc. Detecta como problemático el aumento de las denuncias y la duplicación de tareas que transforman al propio edificio en un espacio insuficiente. Entre otras carencias, señala que la atención que se brinda es lenta y con largas horas de espera -?no se da a basto?, como manifiestan muchos funcionarios-, no cuentan con un sistema informático en toda la sede, hay escasa presencia de los fiscales en las audiencias y el accionar con las comisarías (Ministerio del Interior) no funciona tan aceitadamente como debiera.
Por su parte, Gabriela Albornoz y Martina Morales desmenuzan la jurisprudencia en once casos diferentes demostrando que la aplicación del Derecho, lejos de ser neutral, incurre en prácticas sexistas que revictimizan a la víctima. ?El sistema de justicia, al procesar y resolver causas por violación sexual de mujeres, homicidios cometidos por mujeres en contra de sus parejas o ex parejas, violencia doméstica, incurre en discriminación de género al actuar con negligencia y descuido, apartándose de los mandatos legales, realizando interpretaciones jurídicas pobres y escasamente creativas y se afilia a un modelo de actuación tradicional, estimando esta clase de delitos como de segundo orden y mostrando desconfianza y aún hostilidad hacia las víctimas, cuya credibilidad queda en entredicho durante el proceso, por lo que son sometidas a interrogatorios severos, cuestionándose de diversas formas su conducta pasada y presente, en particular su vida sexual, afectiva y familiar?, afirman las investigadoras.
LA VOZ DE LAS HOMICIDAS
La investigación de las antropólogas Mariana Viera y Serrana Mesa centra su atención en las mujeres que actualmente cumplen condenas por homicidio de sus agresores, y que fueron víctimas de violencia doméstica por muchos años antes de llegar a ese trágico desenlace. Cinco de ellas fueron entrevistadas en profundidad en la Cárcel de Cabildo (Montevideo) y una en el interior del país, con la particularidad de proceder del medio rural.
Sus historias de vida, reflejadas a lo largo del capítulo, son conmovedoras al transmitir la sumisión, el aislamiento o el clima irrespirable del vínculo ?amoroso? que, fantasiosamente se espera ?va a cambiar? para dar cumplimiento con el gran mandato social del ?matrimonio y la familia feliz?. (Precisamente, de uno de estos relatos surge el título de la publicación: ?No era un gran amor?).
No obstante, las entrevistadas tienen dificultades para rememorar los episodios de violencia doméstica -en muchos casos se originan en el noviazgo o incluso en la infancia con padres/padrastros violentos- pero son auto-percibidos como ?naturales?. En particular, el maltrato psicológico, la desvalorización y cosificación mediante el ejercicio de la violencia sexual, posiblemente sólo desde el presente puede revivirse como una conducta inaceptable. El miedo a que sus hijas o hijos repitan en su vida de adultos estas mismas conductas -ya sea en el lugar del agresor o de la víctima- está presente en todos los relatos.
Cabe interrogarse respecto al tipo de ayuda recibida, las respuestas institucionales, sus propias idas y venidas en ese estado de sometimiento permanente e, incluso, preguntarse respecto a las desestimaciones de ?la legítima defensa? que pudieron estar presentes en muchos de estos casos a la hora de ser sentenciadas.
QUE PIENSA LA ADOLESCENCIA
La socióloga Mónica Guchín coordinó la investigación sobre la percepción de la violencia doméstica en el mundo adolescente. Para esto fueron encuestados 302 estudiantes de Bachillerato de enseñanza secundaria de Montevideo, en su mayoría de 16 y 17 años. Casi el 60% provenían de colegios privados y el 40% de liceos públicos (la muestra no pudo abarcar la educación técnica).
La violencia doméstica es definida mayoritariamente en sus expresiones de violencia física o abuso sexual (amenazas con armas, golpes con objetos, amenazas de muerte, usar fuerza física para tener relaciones sexuales), mientras que algunas categorías como ?decir cosas como que sos feo/a, gordo/a? no son valoradas como un acto de violencia por el 62.3% de la muestra; celos y control sobre las amistades tampoco (61.6% responde que no) o el control del dinero que se gana o tiene (62.9%).
En cuanto a la justificación de la violencia por parte del marido a la mujer, casi un tercio de las respuestas coinciden en justificarla en los casos que la mujer también le pegue a su marido (30.5%), seguidas de que no cumpla con las obligaciones de cuidar a los hijos (12.6%) o lo traicione con otro (15.9%).
En términos de noviazgo y pautas de conductas a seguir, se detecta un núcleo duro de varones con roles estereotipados (iniciativa, uso del condón, sometimiento de las chicas a ?sus? reglas). Llama la atención que el 17.9% de los entrevistados conoce a algún amigo que le pegó a la novia, ascendiendo al 18.7% para el caso de las jóvenes entrevistadas (el 9% de estas jóvenes fue golpeada por su novio alguna vez).
El 80% de estos jóvenes reconoció haber recibido de parte de algún familiar algún tipo de violencia, desde el insulto hasta el abuso sexual. El 34.8% de las chicas y el 16.3% d
e los varones pasaron por alguna experiencia definida como de ?contactos sexuales impuestos?.
Es de destacar que el 83.8% de los encuestados estaría dispuesto a denunciar al agresor si le tocara presenciar un hecho de violencia doméstica. En ese sentido, lejos de las situaciones hipotéticas, cerca del 9% declara haber presenciado que su padre o padrastro le pegue a su madre, ascendiendo a 11.8% en los centros educativos públicos y a 4.1% en los colegios privados.
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