JUANA DE IBARBOUROU Y LOS DERECHOS HUMANOS
Para Jorge Arbeleche, la educación en valores estéticos corre paralela a la educación en derechos humanos, ambas son tributarias de la ética y su legado se refleja en obra y actitudes cotidianas. Por eso rescata una anécdota que no fue contada por los biógrafos de Juana de Ibarbourou y sólo se conoció a través de Marta Gularte, otro ícono de la cultura nacional.
Evocando su estancia en el Asilo del Buen Pastor, Gularte recordó que una monja la condujo hacia la ?señora elegante y amable? que llegaba allí para leer cuentos, poesías y contar historias a sus internadas, anunciando: ?Esta negrita también hace versos?. La visitante, que no era otra que Juana, le levantó el rostro a la apenas adolescente y dijo: ?Esta negrita tiene nombre. ¿Cómo te llamas??.
Arbeleche interpreta el gesto como una muestra de ?ver al otro, de respeto por su condición de ser humano?, expresada en ?el rescate de su identidad y significación como persona?.
La solidaridad tampoco era ajena al mundo de la poeta. Diego Fischer, en su libro ?Al encuentro de las Tres Marías?, incluye otra anécdota que ubica a Juana hospitalizada por su adhesión a la morfina. Atravesar ese momento de desgracia personal, no le impidió escribir a la directora de la Escuela Nro. 2 de su Melo natal, para solicitar ayuda para una escuela chilena que llevaba su nombre y acababa de sufrir los efectos de un terremoto.
TOLERANCIA Y SOLIDARIDAD
Respeto, generosidad, solidaridad ?son valores que aparecen reflejados en su obra, en sus discursos y relatos?, asegura Arbeleche, aclarando que particularmente los discursos son lo menos leído de la obra de Juana.
En l938, siendo vicepresidenta del Pen Club, concurre a un congreso en Buenos Aires conjuntamente con otros exponentes de las letras americanas, mayoritariamente convencidos de que la intelectualidad no debía vincularse a la política ni a las tempestades mundanas. Eran las vísperas de la Segunda Guerra Mundial, ya se visualizaba el ascenso del nazismo y, a diferencia de sus compañeros, Juana prefirió sumergirse en la realidad urgente a permanecer en la torre de marfil, y lo expresó en el discurso que pronunció en la oportunidad.
En ?Chico Carlo? y bajo el título ?La Guerra?, incluye un relato protagonizado una niña siempre vestida de blanco, celeste y azul (los colores del partido que inspiraba Aparicio Saravia y al que adhería la familia de origen de la poeta). La guerra entre las huestes blancas y las coloradas no solo se reflejaba en la vestimenta: había llegado a la Catedral de la ciudad de Melo y la división se expresaba incluso en los altares: el de la virgen para las primeras, el de Jesús en la cruz para las segundas, destaca Arbeleche. Mientras feligreses de uno y otro bando rogaban por victoria para los suyos y destrucción de los enemigos, la niña de origen blanco tuvo la osadía de arrodillarse ante el altar colorado, desatando un intercambio que la prosa se encarga de mostrar muy lejano a la tolerancia.
Otro ejemplo del compromiso de Juana con los derechos humanos vulnerados lo encuentra Arbeleche en el poema ?Noche de Chaco?, escrito cuando terminaba la guerra entre Bolivia y Paraguay. Allí se habla del banal ejercicio de la violencia, de la crueldad y de la muerte, de las generaciones en flor cegadas en el campo de batalla y del horror que debería cargar las conciencias de los sordos y ciegos que miraron para el costado mientras la confrontación cobraba su legado de muerte.
DEMOCRACIA Y LIBERTAD
Arbeleche encuentra también expresiones no muy difundidas de papel cívico de Juana de Ibarbourou, una de ellas documentada y reproducida por Fischer en la obra antes citada.
Corría el año 1945; la comunidad internacional pugnaba por apartar las tinieblas de la Segunda Guerra Mundial. En la triunfante Inglaterra el Laborismo había tomado el poder con el Mayor Atlee como jefe de gobierno, cuya intervención decidieron solicitar intelectuales locales para enviar un mensaje de solidaridad al exilio de la Guerra Civil Española. Juana encabezó la campaña de recolección de firmas.
El 31 de julio, Juan Pablo de Lojendio, ministro del generalísimo Francisco Franco, dirigió a Juana una misiva ?sorprendida? y vejatoria de la mujer comprometida. Reconociéndole ?su fina sensibilidad de mayor artista?, Lojendio se sorprende de ver a la escritora involucrada en una empresa que califica de ?infantil? -comparándola incluso con ?esas quejas de papá o al guardia, de las que creo que en Chico Carlo cuenta usted alguna graciosa anécdota?- producto de la ignorancia y, en definitiva, un ?barullo? de tono vulgar y aburrido.
Juana se tomó su tiempo para contestarle, hasta que el 5 de agosto, con fina ironía y mucha mordacidad, le escribe: ?Es curioso que coincidamos en un punto más que el de la sorpresa: también a mí me aburre el innecesario cambio de flechas y la inútil voluntad de imponer a otros el propio modo de pensar y de sentir. En este país ya estamos acostumbrados a hacerlo libremente. Es uno de los grandes beneficios de la democracia total, en efectivo ejercicio?. Además, le hace saber que aunque la intelectualidad española conozca poco la literatura uruguaya, ?los republicanos españoles recogerán en su corazón este gesto de Amistad? de escritores y escritoras que ?por infantil que a Ud. le parezca dentro la ingnorancia que le atribuye, tiene en el exilio, un verdadero valor de adhesión y aliento?.
?Muestra de valentía no menor?, evalua Arbeleche, a través de la que Juana de América promueve los valores de la democracia y de la libertad que integraban su bagaje ético.
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