GERTRUDIS VANGUARDISTA
Precursora de la moderna tarjetería, Gertrudis es un claro ejemplo de la inagotable fortaleza y creatividad de las mujeres descendientes de la antigua Escocia.
Su madre, afecta a la obra de Shakespeare, eligió para ella el nombre de la reina de Dinamarca, madre de Hamlet. Si bien no fue la tendencia a la infidelidad de la reina de ficción lo que caracterizó a la joven Gertrudis si no todo lo contrario, sí puede decirse que una traición marcó su vida. Reconocidos historiadores especulan que su gestación, a principios del siglo pasado, pudo haberse producido sobre una de las matrices del periódico que su padre dirigía en el pequeño pueblo de Maryland fundados ambos, pueblo y periódico, por un descendiente escocés. Manualmente, día tras día, su padre componía las páginas con una tenacidad y un sentido del honor tal vez imposible de concebir por los editores actuales. Sobre una regleta, letra por letra componía las noticias de los entretelones políticos, eclesiásticos y ciudadanos de un medio de prensa que traía a mal traer a sus competidores. Aficionada a la profesión de su padre, ya a los nueve años Gertrudis era capaz de armar los titulares y los acertijos de la página de entretenimientos. A los quince años, enamorada de un florista de la zona, Arthur Robert Smith, y habiendo descubierto que su amor la engañaba con la florista de una zona cercana, dolida por el desengaño y la traición hace desaparecer los caracteres tipográficos correspondientes a las letras de los nombres y el apellido del inescrupuloso traidor. El padre de Gertrudis, desesperado por no poder imprimir a falta de letras esenciales como la a, la e, la i, la o, la u y la ese, publica durante dos ediciones un periódico mural con letra manuscrita pero su esfuerzo es inútil. Sus más conspicuos suscriptores lo abandonan y sobreviene la bancarrota. Al cabo de los meses perdona a su hija, porque en el fondo siempre le había tenido terror a la página en blanco. Gertrudis en tanto, superada la fatídica traición y profundamente enamorada de un publicista que año tras año se disfrazaba de Saint Nicholas, con las letras sustraídas a su padre se dedica a realizar acrósticos navideños y tarjetas fúnebres. Para compensar la falta del resto del abecedario, inventaba sellos vegetales (de papa, zanahoria, etc.) donde tallaba con una caligrafía insuperable las letras faltantes. Por primera vez en la historia de la tarjetería convivieron letras cursivas, scrip, mayúsculas y minúsculas de diferentes fuentes y tamaños. Muchas décadas después, su iniciativa sería emulada por las modernas computadoras en las que se puede escribir todo tipo de mensajes alternando caracteres de Times New Roman, Arial, Verdana, etc. A la entrada de su pueblo natal, recientemente inaugurado y conmemorando el treinta aniversario de su desaparición física, un gran cartel con su nombre en luces de neón que titilan noche y día sobre un fondo luminoso, recuerdan su paso por la tipografía universal y sus aportes artesanales a la moderna informática.
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