SEXO A LA CARTA
Quisiera que me dijeras si hay personas que realmente practican el anilingus (lamer el ano de la pareja), si eso puede proporcionar placer y si esa práctica no puede tener contraindicaciones, transmitir enfermedades, etc.
Sí, las hay, y pienso que muchas más de las que se animan a hablar del tema. El rechazo por esa parte del cuerpo y aún por los excrementos, es cultural, transmitido, no nacemos con él, lo podemos ver en los niños pequeños. Si bien existen muchos microorganismos intestinales que se pueden transmitir por esta vía, no habría contraindicaciones en parejas estables, fieles, sanas y con adecuada higiene. De no ser así, se recomienda usar preservativo en la punta de la lengua para más seguridad. El ano es una zona erógena de las consideradas secundarias, es decir, que estimulándola adecuadamente, puede provocar placer y hasta orgasmos. También es común el hacerlo antes de la penetración con el pene, como forma de preparación del esfínter. Pienso que una primera vez se puede hacer para investigar, pero que si se continúa con esta práctica luego es porque a alguno o a los dos integrantes de la pareja le resultó gratificante.
¿Podrías explicarme qué es y cómo se cura el varicocele?
La varicocele es una dilatación no usual de las venas del escroto (saco o bolsa que envuelve a los testículos). En la mayoría de los casos aparece en el lado izquierdo y a menudo sólo es detectado cuando el varón está de pie. Las paredes de las venas varicosas pueden estar adelgazadas o engrosadas, pero pierden elasticidad. Es similar a las várices que se ven en las piernas y se trata igual que éstas, con medicamentos, siendo necesario, en oportunidades, una intervención quirúrgica.
Estas venas aumentan el calor de los testículos, perjudicando la producción normal de espermatozoides y, por lo mismo, disminuyen las posibilidades reproductivas, por lo que es conveniente tratarlas cuanto antes si se desea tener hijos.
Estuve de licencia durante 20 días con mi esposa y noté que nuestra sexualidad mejoró notablemente pero, al volver a la rutina, al trabajo y demás, las cosas volvieron a ser como antes. Mi esposa ya no tiene el mismo deseo y mantenemos una frecuencia mucho menor en las relaciones. Mi pregunta es cómo podría hacer para las cosas siguieran entre nosotros como cuando estuvimos de vacaciones.
Entiendo que en vacaciones se dio un clima de distensión que influyó favorablemente en la relación entre ambos y que, con la vuelta al trabajo y a las actividades habituales, no fue posible mantenerlo por lo menos por parte de tu esposa. Por lo tanto se me ocurre que, para que las cosas sean como cuando están de vacaciones, habría que ejercitar la creatividad para que «parezca como si…», aportando de tu parte todo aquello que pueda recrear el clima vivido en la licencia. En la mujer suele influir mucho más que en el varón el contexto en el que se tienen las relaciones sexuales. Y por contexto entiendo: tiempo disponible, preocupaciones pendientes, lugar, clima, actitudes de las personas que la rodean, etc.
Evidentemente, si ella llega del trabajo y tiene todo por hacer en la casa, no va a ser igual que si encuentra todo resuelto o si lo hacen entre los dos. También es importante recordar que es diferente tener relaciones sexuales sólo en la cama y después de la agotadora tarea diaria, que si se hace el amor durante todo el día (con besos, caricias al pasar, mensajes, lo que sea que demuestre afecto) y en cualquier momento posible se llega a la culminación, o mejor aún, al despertarse, después de una noche reparadora.
He tenido varios novios antes que el actual, pero éste me presenta una diferencia y es que soy su primera pareja. Es decir, no tuvo sexo con nadie antes. La pregunta que tengo para hacerte es: ¿los varones necesariamente tienen que tener experiencias sexuales previas al matrimonio para luego poder ser fieles? Por aquello de «quien no la corre de soltero, la corre de casado?? Claro que también podría ser al revés, ¿verdad? Es decir, que el que se acostumbra a tener relaciones ocasionales después siga teniéndolas siempre. Gracias por responderme.
Si bien he oído muchas veces ese dicho popular, el mismo no tiene base científica alguna, es decir, no existe nada en el ser humano que lo obligue a actuar de acuerdo a ninguna de las dos fórmulas.
La fidelidad tiene que ver más con las características de la personalidad, con los valores que vive esa persona, con el amor que siente por su pareja. Y por amor entiendo la capacidad de desear y promover la felicidad de otro ser, aceptando que sus necesidades pueden ser distintas que las propias o que las que uno supone. No es un sentimiento que comience y perdure de por sí: exige atención, alimento y en muchas oportunidades voluntad.
La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 908 4510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República de las Mujeres (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo).
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