una visita a la Casa de Medio Camino

a Comisaria Margarita Hermida, que desde hace años dirige la cárcel de mujeres de Cabildo suma ahora la responsabilidad de hacer posible el buen funcionamiento de la Casa de Medio Camino, a la que define como un espacio ganado por algunas reclusas que funciona en base a la «autodisciplina» y la «autosuperación».

El centro cuenta con mínima seguridad (6 guardias en total) aloja a presas que provienen de Cabildo y, tras cumplir una gran parte de su condena y encontrarse trabajando o estudiando hace varios meses, obtuvieron la autorización del juez para ser trasladadas a este nuevo lugar.

Alicia, Margarita y Silvana (esta última se sumó más tarde) conversaron con La República de las Mujeres sobre la experiencia de Cabildo a la que definieron como «espantosa» en comparación con la nueva oportunidad que les da este centro, desde donde hacen salidas transitorias, trabajan o estudian fuera del establecimiento, además de disfrutar de una vida más digna.

Margarita, de unos 50 años lleva tres cumplidos de los 6 de condena que le correspondieron. Cuenta que adaptarse a Cabildo fue muy difícil: «Es un conglomerado de gente de muchas culturas y niveles sociales, tenés que enfrentarte a cosas a las que no estás acostumbrada, mucha droga, abstinencia, cosas que no te imaginás».

 

CODIGOS Y ADICCIONES

Los códigos carcelarios son «muy raros –agrega Margarita- Muchas veces son cosas que no podés entender y no pidas explicación porque no la hay por lo que discutirlas no tiene mayor sentido. En su mirada, se debe a que en gran parte a que en la cárcel femenina está llegando mucha juventud producto de la droga».

También hay muchas mujeres que «entraron por violencia doméstica» pero la mayoría -asegura- está allí por un delito vinculado a la droga. Lo que ha generado todo un sistema de códigos y diferentes status dentro de la jerga carcelaria: no es lo mismo ser «chorra» que ser «rastrillo» porque la segunda es la que roba adentro mismo de la cárcel. En Cabildo, explica Alicia, cuando llegan son separadas en diferentes módulos según los delitos, porque «la infanticida es como el violador para los varones». Pero después de cierto tiempo, por «buena conducta» se van mezclando a pesar de que dos por tres «los delitos saltan, más cuando son contra niños».

Respecto a las mujeres que llegan a la cárcel luego de matar a su pareja tras años de situaciones de violencia doméstica, Margarita considera que «la ley no se aplica como tendría que ser, porque al juez le llega el caso con la carátula de homicidio. Y él lo considera desde ese punto de vista»

 

VIOLENCIA DOMESTICA

Lo que no tiene en cuenta, según ella, el magistrado, es que antes de ese homicidio «hubo una cantidad de circunstancias que llevaron a la persona a cometer ese delito, que por lo menos deberían sea atenuantes» y no al revés, pues actualmente la relación de unión (matrimonial o no) actúa como agravante.

«No importa si te mató a palos toda la vida, si hiciste cien denuncias policiales: el juez te tipifica homicidio» y esto se debe en gran medida a la separación existente entre las causas penales y las específicas de violencia doméstica en diferentes juzgados. En muchas ocasiones, integrantes del propio Poder Judicial han cuestionado esta división, que consideran suele ocasionar una menor intervención más que complementariedad.

Cuatro de las diecinueve mujeres que actualmente se encuentran en la Casa de Medio Camino, están pagando un delito de este tipo. Para Margarita, no se trata más que de «la consecuencia de una sumatoria de episodios que culminan de esa manera» y no simplemente de un homicidio.

Tanto Alicia como Margarita también cuestionan la aplicación de la ley de humanización carcelaria, pues aseguran que la adopción de medidas alternativas a la privación de libertad «no se ve» y la libertad anticipada, que debía actuar al cumplirse dos tercios de la pena, no se efectúa de forma automática.

 

LEYES QUE SE APLICAN POCO

«Tenés que solicitarla al Instituto Nacional de Criminología (Inacri), en donde te demora unos 12 meses de análisis, más los 45 días que tiene cada uno de los 5 ministros de la Suprema Corte para expedirse, se te van como dos años» explican, a la vez que se lamentan porque esto también las afecta a ellas.

Por otro lado, la ley de redención de la pena, que implica sumar a cada dos días de estudio uno de redención «los jueces no la aplican» o lo hacen con criterios diferenciados, pues «algunos la toman como retroactiva al 2005, cuando salió la ley, otros no».

Esto genera que muchas veces las propias reclusas se desanimen y desistan de realizar algunos pedidos a través de sus abogados, porque el juez «parece el Dios supremo, tiene tanto poder encima que elige si aplicar o no la ley, aunque está hecha para todos», denuncia Margarita.

«Acá no es sos inocente hasta que se demuestre lo contrario, ¡acá sos culpable!», agrega enfáticamente, asegurando que ante la presunción, «salvo que tengas un abogado especial, vas para adentro». A la vez cuestiona en voz alta si los jueces no cometen delitos: «¿no tienen accidentes de tránsito, no tienen un problema en la calle?».

 

ANSIAS DE LIBERTAD

«Todas las que estamos acá, por ejemplo, tenemos salidas transitorias, estudio, trabajo, hemos hecho de todo. La verdad es que nosotras dos no sabemos qué hacemos acá todavía, porque cualquiera de los dos delitos nuestros ya fueron al cumplir la mitad de la pena, no tienen violencia. Sería mucho más útil para la sociedad tenernos a todas limpiando un hospital, una escuela, que tenernos acá».

«Te sentís frustrado. Porque hacemos cualquier cosa: hemos hecho pintura, manualidades, de todo. ¿Pero me vas a decir que esto inserta, rehabilita?» se pregunta Margarita, mientras Alicia agrega que «llega un momento en el que ya te juega en contra el tiempo, hasta para tu familia, llega un momento que el sistema te aniquila, porque ¿qué más podés hacer?».

Ambas tienen hijos y sienten que se han perdido gran parte de su crecimiento, además de entender que luego de pasar los dos tercios de la pena, seguir presas es un «exceso, porque no servís para nada, más que retribuirle a la sociedad estás viviendo a costillas de ella», afirman.

Para Alicia y Margarita, Cabildo es el recuerdo de «una tortura constante, un grito permanente ruidos de puertas de hierro, de candados». El contraste con la Casa de Medio Camino es grande «cuando llegamos esa mañana del 23 de diciembre a las 5.45 no lo podíamos creer. Estábamos prontas desde 4.30 y cuando nos íbamos todo Cabildo estaba de pie».

 

LA NOCHE Y EL DIA

En el recinto carcelario «hasta el último momento tuvimos problemas con la guardia, para subir las cosas al ómnibus, para subir nosotras y eso que veníamos sin esposas» cuentan ahora ya a la distancia, mientras recuerdan a las compañeras que golpeaban esperando que llegara el momento, porque aunque a muchas no les tocara, el cambio era significativo para todas.

Silvina fue la única de su sector que fue trasladada a la Casa de Medio Camino, pues estaba en uno de los grupos más complicados. Pero gracias a su esfuerzo permanente por superarse está actualmente realizando una pasantía en el Correo Uruguayo y cuenta con mayores perspectivas de futuro.

Sobre el lugar donde estaba alojada antes y las condiciones sanitarias, Silvina asegura que dejaban mucho que desear: «tenías que ir al baño con el baldecito con el agua y el hipoclorito porque antes había que desinfectar, cuando te sentabas veías las cucarachas caminar por todos lados, a veces en la ducha hacían las necesidades».

Adaptarse al nuevo espacio, con camas normales y baños limpios, con pasillos
sin ruidos, fue todo un aprendizaje para ellas: «cuando llegué yo gritaba y así mantuve la voz durante varios días, porque no me acostumbraba. Venís aturdida», cuenta Silvina, agregando que también tuvo que habituarse a que no había que guardar todo «rapidito» por miedo a que falte algo.

«Yo estuve dos años allí (en Cabildo) y nunca tuve un problema» evoca Silvina, que apenas tiene 23 años. Pero sabe que eso se debió a que hizo un esfuerzo brutal por no meterse es asuntos ajenos, que se dan todo el tiempo, aunque a la vez tuvo que «marcar su territorio» porque no es sencillo mantenerse sin dificultades.

En cuanto a las expectativas de futuro, Margarita y Alicia, ambas de alrededor de 50 años consideran que están capacitadas en diversos rubros, pero la edad es un factor que les juega en contra » parece que quedás fuera de circulación» a pesar de que fabrican ropa, hacen manualidades y tienen ambas sus profesiones.

Ellas son conscientes, al igual que Silvina de que, a pesar de las recomendaciones que puedas obtener, «tenés un antecedente que te marca para toda la vida y andá a conseguir trabajo después». Lamentablemente, algunos casos de compañeras que han salido de la cárcel y al terminar el trabajo que venían realizando mientras estaban presas, quedaron a la deriva.

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