viaje al centro de la imaginación
a historia de un viaje es, a menudo, la historia del horizonte y, a veces, la posibilidad de llegar a lo desconocido. Timotea, una simpatiquísima ñandú, lo sabe, por eso no puede esperar ni un minuto más. Ella es diferente a los otros ñandúes, ella no se conforma con la comarca en la que le ha tocado vivir. Quiere recorrer el territorio de norte a sur, de este a oeste; necesita saber más, ver más.
Su sueño es recorrer todo el país y hacerlo a toda carrera, como lo debería hacer un buen ñandú que se ha alimentado a base de tuercas y semillas de tala.
«Por ahora sólo me imagino que lo recorro contestó Timotea, y se quedó maravillada mirando los teros del bañado que alzaban el vuelo hacia sus nidos ni bien presentían o se imaginaban algún peligro«.
Para ello entrena y se prepara ante la mirada atónita y desconfiada de sus amigos. Pero Timotea, que sabía bien lo que quería, había empezado a viajar mucho antes de salir despedida a toda velocidad. «que nadie diga que los ñandúes no volamos decía a sus amigas-. Con la imaginación puede volar cualquiera».
Así empezó a soñar con nuevas tierras y amigos por conocer. Comió y comió algunas tuercas por aquí y por allá, haciéndose cada día más fuerte y veloz. Hasta que un buen día, dejó de imaginarse las cosas y partió sin más. Estaba lista. A ella nunca le había importado el pesimismo de los otros ñandúes: ellos no creían que era posible alejarse mucho. Era demasiado peligroso. Para viajar tanto decían-, al menos era necesario tener una ayuda adicional, como una hélice o algo así.
Pero el motor que hacía volar a Timotea era la curiosidad.
ODISEA LOCAL
Es así que esta obra premiada y declarada de Interés Cultural por el Ministerio de Educación y Cultura en los Fondos Concursables del año 2008, se transforma en una especie de odisea local, de viaje al centro de la imaginación, ese territorio donde todo se puede, donde seremos parte en los sueños y anhelos de la sensible Timotea. Ella logrará que nos ubiquemos en el país de lo posible y de lo que podemos lograr si nos respetamos, si sabemos lo que queremos. Y si, por supuesto, tenemos el valor de asumir que es muy probable que nos hagamos daño en la travesía. Porque no hay premio para la comodidad. Es que resulta más seguro quedarnos cerca, sin arriesgarnos a conocer nuevas personas y otras versiones de la verdad.
UNA AMIGA ENTRAÑABLE
La autora, Lía Shenck, nacida en Juan Lacaze y ganadora del prestigioso premio Bartolomé Hidalgo, maneja los hilos de la historia con una ternura e intensidad que ya es su marca registrada en el ámbito de la literatura infantil y juvenil. En este libro alcanza un gran nivel y ha logrado una fábula con una hermosa anécdota. Y lo más importante, un aspecto -muchas veces- olvidado por los autores del género: el respeto hacia los lectoras y lectores.
En ningún momento el cuento se empobrece con explicaciones innecesarias, nunca se aplica la estrategia del tan temido golpe bajo. Es decir, se trata de una linda historia con el atractivo de que nos hacemos amigos de los personajes y queremos saber qué les va a pasar en la siguiente página.
Todo esto nos lleva a disfrutar la lectura, probablemente tanto como la autora lo hizo al escribirlo.
Asimismo, el personaje que ha construido es parte de aquel grupo de caracteres que recordamos una vez cerrado el libro. A esto hay que agregarle las delicadas y divertidas ilustraciones de Oscar Scotellaro, que le brindan un toque sensible al libro en varios pasajes. Incluso el nuevo formato planteado por la editorial Fin de Siglo, hace que el objeto libro gane en calidad.
PARA DISFRUTAR Y APRENDER
La literatura infantil está llena de viajeros audaces y soñadores. Pero, a diferente de sus ilustres compañeros, Timotea no deambula por los mares del sur de la mano de Jack London, ni por la sabana africana bajo la pluma de Henry Rider Haggard, ni siquiera está perdida en una playa tal como lo escribió Daniel Defoe. No, Timotea quiere conocer el cerro Arequita, los campos de girasoles de Colonia, el lejano Río Negro; siempre guiada por la Cruz del Sur que, tal como lo recuerda la autora en el epílogo del libro, según la leyenda charrúa es la huella de aquel Abuelo Berá que llegó hasta el cielo dejando su marca para la posteridad.
Y Timotea seguirá viajando, soñando o en movimiento, tal como lo hacen los que tienen ganas de aprender, de seguir adelante a pesar de las tormentas y el frío, a pesar de los territorios desconocidos, a pesar del miedo.
Pero Timotea volverá, siempre volverá junto a sus amigos Malvina y Valentíno. Y todo será despedida y bienvenida, con batir de alas en señal de alegría y congoja y bailes que hacen temblar los techos de los tucu-tucu. Una fiesta en movimiento. La fiesta del movimiento, del cambio renovador. Que nunca termina. Porque nunca deja de empezar. Como el débil y remoto parpadear de la famosa huella-estrella, la Cruz del Sur.
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