los hombres que no amaban a las mujeres

ay quienes identifican al protagonista masculino con el alter ego del escritor Stieg Larsson, ya que también es periodista de una revista comprometida con la denuncia social, los escándalos financieros, corrupciones y desastres políticos de todo tipo.

Mikael Blomkvist, un cuarentón idealista, progre y, por momentos, ingenuamente quijotesco, dueño de una ética impecable y bastante fóbico de sus colegas complacientes con el poder financiero internacional que glorifican a los especuladores como los únicos artífices de la economía mundial, es un hombre divorciado, mal padre (él mismo lo reconoce), siempre dispuesto a involucrarse en aventuras sexuales ­tiene el sí muy fácil- de las cuales nunca sabe desenredarse del todo.

Lisbeth Salander, que parece andar por la vida con la etiqueta «soy rara», esconde en realidad un personaje que permite dar una visión muy crítica del Estado de bienestar sueco y sus políticas de protección social, no exentas de sexismo y situaciones abusivas al uso. Joven, sumamente delgada, tatuada y con piercings, es una hacker de temer, herramienta con la cual sus investigaciones privadas siempre llegan a buen puerto. De memoria visual prodigiosa y una extraordinaria inteligencia, pronto queda claro que la hosca, antisocial y en apariencia «desprotegida» chica, no tiene escrúpulos morales para actuar y convertirse en justiciera desde su particular interpretación de los hechos.

Esta dupla y, por supuesto, otros personajes sumamente atractivos, mediante una muy ágil narración mantienen la expectativa a lo largo de las respetables 665 páginas que componen este primer volumen. Increíblemente, nada sobra ­todas las regiones oscuras del alma humana desenmascaran al cuestionable «orden perfecto»- actualizando un género literario que no siempre ha sido bien valorado.

 

NADA MÁS QUE UN NÚMERO

El caso en el que se involucran ambos protagonistas es un aparente asesinato no resuelto del año 1966, que los lleva a analizar otros casos similares tampoco resueltos a lo largo de más de cinco décadas. Se trata siempre de mujeres que han sido brutalmente asesinadas, violadas, torturadas, mutiladas o sometidas a todo tipo de crueldades, que pasan a integrar una estadística muy bien conocida en la crónica policial de cualquier país: las que desaparecen para aparecer descuartizadas/quemadas/estranguladas sin dar con el(los) misterioso(s) asesino(s), o que simplemente desaparecen «desconociéndose las causas» y entonces se convierten en lo que Naciones Unidas llama las «missing women» (mujeres perdidas), doblemente abandonadas por no tener respuestas que ofrecer.

En ese sentido, no se pueden pasar por alto los pies de página con los que se inician, como señal de alerta, cada una de las cuatro partes estructurales de la novela, que también consta de un prólogo y un epílogo-: «1) El 18% de las mujeres de Suecia han sido amenazadas en alguna ocasión por un hombre; 2) En Suecia el 46% de las mujeres han sufrido violencia por parte de algún hombre; 3) En Suecia el 13% de las mujeres han sido víctimas de una violencia sexual extrema fuera del ámbito de sus relaciones sexuales; 4) En Suecia el 92% de las mujeres que han sufrido abusos sexuales en la última agresión no lo han denunciado a la policía». Estos datos junto al desenlace narrativo son las premisas que, colocadas en boca de Lisbeth, permiten hablar de «los hombres que odian a las mujeres» (misoginia lisa y llana) título original de esta novela, un tanto suavizada en su pasaje al español.

Los otros dos títulos de la saga «Millenium» son: «La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina» (ya editado en España a fines del año pasado, cuya trama estaría vinculada a la prostitución y la trata de blancas en el primer mundo) y «La reina en el palacio de las corrientes de aire» (aún inédito en castellano). En nuestro país, Planeta ha publicado la primera novela en enero de este año, por lo que se la ve promocionada dentro de las «novedades» de numerosas librerías montevideanas.

 

UNA VIDA PARA RECORDAR

Larsson no llegó a ver publicada en su propio país su trilogía «Millenium»; menos pudo enterarse del éxito editorial que está teniendo en buena parte de Europa (España, Francia, Italia, Gran Bretaña, con sucesivas reediciones), o que ya ha sido traducido y publicado en 35 países del mundo. Tampoco pudo ver el flamante estreno de la película sueca que se basa en la primera novela. Murió de un ataque al corazón en 2004 a los 50 años de edad, dejando un cuarto manuscrito inconcluso en su computador y una disputa por las inesperadas ganancias editoriales entre su compañera de hace más de 30 años y la familia del escritor.

En realidad, era un periodista a tiempo completo, muy militante y comprometido en su lucha contra la extrema derecha, el fanatismo religioso, el sexismo y el racismo. Editor jefe de la revista cultural sueca «Expo» y fundador de «Stop the racism « en los 90, su conocimiento sobre la violencia de la ultraderecha antidemocrática lo había llevado a ser consultado oficialmente por organismos como Scotland Yard o la OSCE (Organización para la seguridad y la cooperación en Europa). Escribió varios libros de investigación periodística acerca de los grupos nazis suecos y de las conexiones entre la extrema derecha, el poder político y el financiero. Naturalmente, esto le valió tener muchos enemigos, amenazas de muerte y compañeros asesinados por la causa.

Además de «entretenerse» escribiendo novelas negras por la noche, derivadas de todo ese combo informativo que conocía tan bien (aunque vale recordar que no sólo los fascistas son misóginos, como también queda claro en la novela), tenía un gran interés por la ciencia ficción: era presidente de la Sociedad Escandinava de Ciencia Ficción.

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