reflexión desde la visión cristiana
n los últimos milenios, las mujeres -sin duda- hemos sido objeto de dominación, control, violencia y muerte. La historia, la literatura y el relato de experiencias recientes comprueban esta afirmación.
Evidentemente la tradición y la cultura han «educado» para «justificar» cualquier violencia que se cometa contra las mujeres.
Por supuesto que todo esto nos mueve y remueve, nos in-digna y nos hace pensar que, a pesar de formar parte del lado occidental cristiano del planeta Tierra, muy poco se ha practicado de las enseñanzas de Cristo.
Jesucristo -su vida, su mensaje y su ejemplo- nos muestra que la vida abundante es para todos: hombres, mujeres, niños y niñas, grupos excluidos y marginados de la sociedad. Eso fue una propuesta y un proyecto revolucionario en su momento. En un tiempo en que las mujeres no eran contadas, ni escuchadas, ni consideradas Él las contó, las escuchó y las consideró… y hubo discípulas (que no fueron contadas) y voces (que no fueron registradas) y presencias (no consideradas)… y las llenó de esperanza, coraje y fuerza.
Debemos reconocer, lamentablemente, que hubo terribles experiencias y ejemplos «cristianos» de los «Padres» de la Iglesia, de los Inquisidores, de los Conquistadores que persiguieron, dominaron y mataron en el nombre de Dios. Lo hicieron escudados en una historia dominadora, castradora y violenta que dejó un legado negativo a cristianos y cristianas en lo que tiene que ver también con las relaciones de género.
Elaine Pagels, en su libro «Adán, Eva y la Serpiente» relata el proceso de interpretación de la creación (Génesis 1-3) durante los primeros siglos. Con Agustín (en el siglo 4) Eva pasó a ser la gran responsable. La interpretación que Agustín hizo del pecado original le permitió este desplazamiento teórico, ya que en su concepción Adán y Eva cambiaron la estructura del Universo y corrompieron para siempre la naturaleza humana.
El pensamiento de Agustín fue «absorbido» por gran parte de la Iglesia transformándose a través de los tiempos en algo «natural», intocable, incuestionable, justificando así muchas de las actitudes de violencia cometidas contra las mujeres.
La interpretación dada a textos cristianos, sin lugar a dudas, justificó la dominación, la discriminación, el maltrato y la violencia hacia las mujeres. Debemos, como grupos cristianos herederos de toda esa historia, reconocer estas faltas y volver hacia el mensaje original de Jesús y la práctica de las primeras comunidades.
Siguiendo el Evangelio, que nos anima y nos da vida, debemos sentirnos desafiadas y desafiados a construir -juntos, mujeres y hombres- espacios sin opresión y violencia, espacios de verdadera vida plena. Y es desde esta perspectiva, de creer posible la construcción de espacios de vida, que invitamos a la reflexión en este 8 de marzo de 2009.
Desde la Iglesia Metodista en el Uruguay afirmamos que este es un momento oportuno para reflexionar sobre cómo ha sido nuestra vida de mujeres, para conversar con nuestras amigas y compañeras sobre las luchas que nos unen. También para dialogar con nuestros hermanos, hijos, compañeros, padres, maridos y amigos sobre lo que podemos construir -en unidad- para superar las dificultades que todavía tenemos que enfrentar. Podremos así, entre todos y todas, celebrar las victorias que construimos juntas y juntos. Y hacemos esto desde nuestra fe.
Hoy, le damos gracias a Dios por:
* Las reacciones y resistencias de las mujeres a través de los tiempos.
* Las reacciones y resistencias a las órdenes de jefes absolutos.
* Las reacciones y resistencias a la costumbre muy antigua de obedecer sin cuestionar.
* Las reacciones y resistencias a las costumbres arraigadas, a las dominaciones, a los abusos, a la muerte por violencia a cuentagotas.
Debemos agradecer por la vida de todas esas mujeres (con nombre y sin nombre) que abrieron caminos para lo que somos hoy. Y al mismo tiempo que agradecemos, debemos lanzar nuestra mirada hacia el momento histórico en el cual vivimos y preguntarnos: ¿cuál es la situación de las mujeres y sus familias hoy?, ¿cómo se dan las relaciones de género en nuestra sociedad, sus instituciones y movimientos?, ¿cómo participamos las mujeres en los procesos de construcción de la armonía de las relaciones?, ¿cómo participamos las mujeres en la educación que lleva a relaciones de género justas junto con nuestros compañeros?, ¿estamos conscientes y organizadas?, ¿hay reacciones y resistencias?
¡Que el Dios de la vida nos dé visión para ver las injusticias, diferencias, violencias, discriminaciones que viven muchas mujeres hoy! ¡Que nos dé sabiduría y unidad para organizarnos y cambiar esa realidad!
Sabemos que en el mundo y también en nuestro país los casos de violencia hacia las mujeres han llegado a cifras importantes. ¡Esto no lo podemos permitir! Por eso, en esta fecha simbólica e importante, los/las invitamos a dedicar un tiempo de reflexión.
(*) Presidenta de la Iglesia Metodista en el Uruguay.
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