"Victoria": ¿la revancha de las mujeres?

os culebrones televisivos siempre han despertado «un mundo de sensaciones» en el gran público al que van dirigidos, sin olvidar que sus principales destinatarias tradicionalmente son las mujeres, sus más fieles espectadoras o cuando menos las más confesas dado que se trata de historias de amor, emotivas, sufrientes pero ofreciéndonos invariablemente aquellos finales de cuentos de hadas para «ser felices para siempre» imposibles de encontrar en la «cruel realidad». Por esta misma razón, los clichés que se encuentran en casi todas son bastante conocidos -y es una fórmula ideológica que da muy buenos resultados, de ahí su repetición hasta el hartazgo- de la chica pobre pero buena que se enamora del muchacho rico pero bueno, aunque después se descubre que la chica pobre no lo era porque pueden existir diferencias de clase pero no «lucha» ni -¡válgame Dios!- «mezcla» entre ellas.

Sin salirse de sus cánones, las telenovelas actuales han tratado de incorporar «nuevas» temáticas importadas de esa sociedad a la que pretenden transmitirle modelos tan conservadores e infantiles -no sólo lo digo por el romanticismo cuasi medieval, sino por la rigidez de mostrar una lógica tan binaria de buenos y malos, héroes y anti-héroes tan inexistentes en la realidad como el «príncipe azul» o «la bella durmiente»-. En especial, han tenido que aggiornarse a los cambios en los roles de las mujeres -ahora trabajan fuera de la casa sin dejar de hacerlo dentro de ellas, aunque en las novelas son empresarias o profesionales exitosas, nunca trabajadoras comunes y corrientes ya que eso no ofrece ningún glamour a la vida nada glamorosa de la mayoría-, y han incorporado, con cierta timidez y en algunos casos, temas como la homosexualidad, las drogas, el desempleo, la corrupción y hasta los desaparecidos («Montecristo», Argentina, 2006).

En ese contexto, en nuestro país empezó a emitirse hace unas pocas semanas «Victoria», una telenovela producida en Colombia, con protagonistas mexicanos, en el atractivo horario nocturno y no en el clásico de la tarde adonde van la mayoría de los culebrones destinados a un público muy específico: amas de casa y/o toda persona que pueda estar entre las 13 y las 19 horas dispuesta a mirar televisión.

 

PROMOCION ENGAÑOSA

La novela viene acompañada de una afirmación casi irrefutable: se trata de «la revancha de las mujeres» y, por la puesta en un horario central en el que hace tiempo ya que se dejaron de emitir telenovelas, busca captar un público mucho más diversificado que el de las tradicionales amas de casa: a esa hora podemos estar volviendo del trabajo y engancharnos fácilmente luego de ver las noticias del informativo de la noche.

Dejando a un lado que la historia está enmarcada, como suele suceder, en la clase social alta de cualquier país latinoamericano, con su correspondiente tono rancio y conservador, con lo que nos vamos a encontrar es con un matrimonio muy tradicional en su división de roles que ya lleva 25 años de casados, cómodamente aburridos en el sopor de una rutina que se sabe de memoria aunque no es igual para el atractivo marido de 55 años que para la abnegada esposa de 50. La «tragedia» de la historia, que ya se ve desde el inicio, se desencadena cuando Enrique, el exitoso abogado consorte de este matrimonio, blanquea su relación con una colega que es 25 años menor que él y decide irse con ella. Esto, por supuesto, no cae bien ni en su esposa ni en sus tres hijos ni tampoco en todo el entorno laboral y social que tiene esta pareja pero, como es habitual, casi todos terminan aceptando y justificando esta elección, culpando a la esposa de no haber sabido retener a su marido y, faltaba más, de haber envejecido y ya no resultar sexualmente atractiva.

Es interesante observar cómo reaccionan los hijos, que presentan perfiles muy distintos. La hija mayor, que estudia Derecho, siguiendo los pasos de un padre a quien idolatra, lo apoya incondicionalmente mientras desprecia a su madre por ser una «simple» ama de casa; la hija menor, aún adolescente y colegial, tiene muchos trastornos de conducta que abarcan desde la anorexia hasta la búsqueda errática de todos los escapismos que se le presenten para faltar a clase y probar con malas compañías y alcohol.

El único hijo varón no cumple con lo que se espera de él: el portador del apellido y la tradición. Es músico -tiene una pequeña discapacidad en una de sus manos- así que no cuenta con la aprobación de su padre en el arduo camino de ser artista. Es el único que se preocupa por apoyar a su madre sin culparla por la situación.

Hay muchos otros personajes muy ricos para analizar, pero vamos a centrarnos en la gran protagonista de esta historia: una mujer al borde de los 50 años que se encuentra, casi de un día para el otro, sola, dejada por su marido por una mujer 20 años más joven que ella y, finalmente, divorciada, sin saber qué hacer con su vida más que esperar convertirse en abuela y tragarse una vejez que promete ser asexuada y tan pasiva como siempre.

 

CAMBIO DE VIDA

La relación que, paso a paso, va surgiendo entre Victoria, esta opacada mujer de 50 años y el periodista Jerónimo de «apenas» 34, nos va dando la clave de la evolución que irá teniendo la protagonista, a quien le cuesta aceptar que se esté produciendo esta atracción y seducción. Además de su autocensura, naturalmente recibirá todas las imaginables críticas que no le hacen a su ex marido: que se fija en ella por el dinero, porque es vulnerable (o sea «tonta») y no se da cuenta que nadie puede querer estar con ella simplemente por ser mujer (léase, atractiva y deseada por alguien).

A pesar de que resulta tentador contar cómo se va a desarrollar esta historia, es mejor ir develándola paso a paso. Victoria, en ese camino que está obligada a emprender, se va a encontrar consigo misma tanto como con el amor de Jerónimo; aprenderá a valorarse y darle otro sentido a su vida llena de roles y obligaciones para con los demás. En el caso de la nueva relación de su ex marido que propicia tantos cambios familiares, aparecerán las diferencias generacionales a partir de expectativas divergentes.

Pero lo que plantea la novela sucede todo el tiempo en la vida real. Las parejas se divorcian, algunos señores tienden a irse con mujeres más jóvenes recibiendo no la censura social sino la admiración y hasta la secreta envidia de muchos; algunas señoras rehacen sus vidas, si quieren, cada vez menos dispuestas a resignarse a la abuelez o al celibato monjil por el simple hecho de ser «adultas mayores», y otras tantas se apegan a los modelos más tradicionales. Las nuevas relaciones pueden resultar buenas como también pueden fracasar, dependiendo de qué tanto se haya aprendido de los errores anteriores y los cambios de modelos que permanentemente desafían la vida adulta de hombres y mujeres. Que a los dos integrantes del matrimonio les suceda lo mismo -enamorarse de personas más jóvenes a una edad en que el «deber ser» social espera que ya estén pensando en olvidarse de placeres como el sexo o «locuras» como el amor- también marca la pauta de cuánto han ido cambiando, generación tras generación, las miradas que se tienen frente a la vida y a la propia realización personal. Claro que hay diferencias de género: seguirán existiendo en la medida que la cultura valore la belleza y la juventud de la mujer –por algo sigue siendo «el bello sexo»– por encima de su inteligencia y, en consecuencia, encuentre inaceptable, ridículo y hasta «inmoral» que una señora mayor se sienta con el derecho de rehacer su vida con un hombre más joven que ella o, simplemente, que no se siente a esperar cómo los demás le decretan por anticipado su exclusión de todos los «pecados» de este mundo.

 

VICTORIA RUFFO EN LA VIDA REAL

Victoria Ruffo es una consagrada actriz mexicana que no tiene aún 50 años. Está casada en segundas nupcias con el alcalde de Pachuca, Hidalgo, Omar Fayad (PRI, Partido Revolucio
nario Institucional) con quien tiene hijos gemelos. En 2006 fue designada presidenta municipal del DIF (Desarrollo Integral de la Familia) de esa ciudad, donde recibió numerosas críticas por parte de quienes entendían que la actriz se dedicaba más a su carrera artística que a ejercer su cargo de fuerte contenido social y comunitario.

Respecto a su personaje en la telenovela, declaró al comienzo de su puesta al aire: «El mensaje de mi personaje es que la vida no se acaba con un divorcio, no se acaba con la edad y que, al contrario, toda la experiencia que pueda tenr uno como mujer o como esposa las puede poner en marcha en otras cosas. Va a salir adelante y se va a dar cuenta que puede hacer más cosas que estar en casa haciendo pasteles, que tiene talento y es inteligente». Por lo que hemos visto por internet, las demandas del público modificaron el final previsto para esta novela. Parece que a nadie le gusta quedarse sin las perdices y si no se puede en la vida real más vale que las encontremos imaginativamente a través de la pantalla chica.

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