lo de Juana de América "no es poesía de seda"

orge Arbeleche es un reconocido poeta, que actualmente se desempeña como asesor cultural de la Biblioteca Nacional. Docente de Literatura jubilado, llegó a ser inspector de la materia en Educación Secundaria, además de estar a cargo de los talleres literarios de la Dirección de Cultura del Ministerio de Educación y Cultura.

Para Arbeleche, «la poesía y la docencia siempre fueron juntas», quizás porque sus inicios literarios contaron con la presencia cercana de Juana de Ibarbourou quien fue, en gran medida, su maestra aunque no coincidieron en un salón de clases sino en encuentros informales en la casa de la poeta.

Andrés Echevarría es escritor, fundamentalmente de poesía y, al igual que Juana, nacido en Cerro Largo. Actualmente ocupa el cargo de coordinador del área de Programación Cultural de la Biblioteca Nacional, espacio desde el que junto con Arbeleche trabaja en el homenaje a Juana, lo que considera «un honor» ya que a su juicio su compañero es el «más experto, el que ha estudiado mejor y más profundamente, y por momentos solo, a la poeta».

Arbeleche y Echevarría elaboraron a cuatro manos el proyecto de homenaje y, contando con la entusiasta aprobación del director de la Biblioteca Nacional, el también escritor Tomás de Mattos, partieron en busca del apoyo logístico, que encontraron en el Centro Cultural de España (CCE), algo no casual pues con ese país Juana «siempre tuvo una muy buena ligazón».

 

HOMENAJE MULTIPLE

Desde el invierno pasado ambos están abocados a la organización, conjuntamente con la Dirección del CCE y el área académica, ensamblando «la experiencia que el primero tiene en realización de exposiciones y los acervos que posee la Biblioteca Nacional, tales como manuscritos de Juana y muchísimas fotografías poco conocidas».

Arbeleche aportará además a la muestra, que se inaugurará el próximo 3 de marzo en el CCE y podrá visitarse hasta el 2 de mayo, otros manuscritos y objetos que conserva de su referente temprana. Entre ellos, un espejo que le regalara a la poeta Juan Ramón Jiménez, junto con «un libro y un beso», como recuerda Echevarría.

Luego de su pasaje por la Ciudad Vieja, la exposición recorrerá el resto del país, haciendo realidad una preocupación particular de Tomás de Mattos: que el área de Programación Cultural de la Biblioteca Nacional sea un espacio de coordinación de actividades que conecten a la institución con la comunidad, de modo que no sea sólo de Montevideo sino que tenga alcance nacional a través de las Casas de Cultura y diferentes bibliotecas del interior.

También en el CCE tendrá lugar una conferencia de los curadores de la muestra ­Arbeleche y Echevarría- y la representación de la obra teatral «Juana a tres voces», con la actuación de Estela Medina, Nidia Telles y Vera Sienra.

Entre marzo y abril se llevarán a cabo una serie de charlas sobre la obra de Juana Ibarbourou, en la Sala Varela de la Biblioteca Nacional, que estarán a cargo de diversos estudiosos o allegados a su persona. Más adelante se descubrirá una placa que testimoniará la asignación de su nombre a una sala de dicha biblioteca. Estas actividades se extenderán hasta el 10 de agosto, cuando habrá un acto recordatorio en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, donde hace 80 años fuera consagrada «Juana de América».

Pero el homenaje proyectado no termina ahí, pues tendrá como culminación la publicación de una edición crítica de «Las lenguas de diamante», de la que participan con sus comentarios entre otros escritores Luis Bravo, Rafael Courtoisie, Cristina Peri Rossi y Alfredo Fressia.

 

POLEMICAS REALIDADES

Respecto a la polémica que ha desatado el libro «Al encuentro de las tres Marías» de Diego Fisher, Jorge Arbeleche tiene posición firme. Para él los hechos históricos que relata, tales como la adicción de Juana a la morfina, su vivencia de la violencia doméstica o su relación sentimental a los 60 años con un hombre mucho menor, no hacen más que mostrar una Juana «más humana, más desacralizada, siendo la misma».

En su opinión, el libro colaboró a «variar la perspectiva de los jóvenes sobre ella», además de poner de manifiesto las «distintas dimensiones de su obra y su figura», lo cual le parece importante aunque muchos «no le perdonan a Fisher el haber mostrado esa Juana tan descarnada. Pero son hechos históricos», enfatiza el poeta.

Parece que «Juana no podía tener un amante o ser adicta, pero en los hechos sí lo hizo», y saberlo es parte de tener una imagen más realista, lejos de la «canónica y poco menos que santa laica que se trasmitió a través de la escuela». Arbeleche no cree que esta imagen sea falsa, solo asegura que no es la única.

Juana fue una mujer «que tuvo una vida desgraciada, que necesitó de otros elementos para evadirse, que tuvo distintos amores», que fue humana en definitiva, insiste Arbeleche advirtiendo también que eso se ve reflejado en su obra. Por ejemplo, poemas de sus 60 años tienen una «temperatura erótica elevada», lo que en aquella época significaba todo un avance, más aún viniendo de una mujer.

El contraste es interesante: hay quienes han visto en Juana una mujer que se inclinó hacia la poesía religiosa; sin embargo, «tuvo un amante mucho menor que ella» y escribió piezas cargadas de erotismo. Para Arbeleche, es importante «descartar esa lectura facilista y mecanicista» según la cual, llegada a la madurez, Juana refiere en su poesía al amor religioso con imágenes del amor humano. «Se trata del amor humano, sin dejar por eso de ser religiosa», asegura el poeta.

 

MUJER EN CRISIS

El espíritu religioso, agrega Arbeleche, parece no ser suficiente para una Juana que se cuestiona por la existencia, por el más allá, si bien es parte de su ser, pues «la duda metafísica existe más allá de la devoción religiosa», y la vida de Juana es una vida «con crisis», que se traduce en una obra que «no es poesía de seda».

Además, agrega Echevarría, hay que distinguir por épocas su obra: «No es lo mismo la Juana que escribe hasta ´La Rosa de los vientos´ en 1930, que la que aparece luego de ´Perdida´, tras el fallecimiento de su madre y de una década del 40 donde el mundo entero cambia». Hay un antes y un después también en su historia, y luego de los 50 años ya no cree como antes en la vida después de la muerte.

De hecho nos encontramos, dice Echevarría, con la Juana «de una muralla de misterio, de una imposibilidad», y el estudio de toda esa poesía que contiene «hallazgos fascinantes a nivel de lenguaje y también de concepto» es fundamental para que «asome esa Juana más allá del nombre».

Lo interesante de esta parte de su obra, no tan conocida ni estudiada, es que cuando se la ha cuestionado a Juana ha sido justamente por esa imagen que se ha construido de ella, al parecer superficial, que queda disminuida por la profundidad de la etapa madura; sin embargo, «jamás se la ha cuestionado por su literatura».

A partir de lo que Arbeleche y Echevarría han investigado acerca de la obra de Juana, pueden afirmar que «no hay prácticamente nada firmado» que represente una crítica negativa y más bien los cuestionamientos constituyeron un «rumoreo, un ninguneo».

Hace varios años, cuenta Arbeleche, «hicimos el espectáculo titulado ´Juana a tres voces´, basado en textos de ella, y hubo gente que me preguntó: ¿esos textos dónde estaban?, gente integrante de la generación del 45, aquellos que la habían negado. Entonces, yo les dije: los culpables son ustedes, que no se atrevieron a abrir los libros».

 

CERCANA Y PERSONAL

Jorge Arbeleche cuenta que conoció a Juana «cuando empecé a escribir, a los 20 años», y la frecuentó durante 10 años más, lo que significó «una ex
periencia muy importante desde el punto de vista literario y desde el punto de vista personal»
. «Tengo la imagen de una mujer muy inteligente, muy instintiva, muy sutil, con sentido del humor, afectuosa, generosa, muy abierta. Con un sentido crítico que mucha gente cree que no lo tenía. A ella le hizo daño un exceso de generosidad: no se negaba a escribir un prólogo y muchas veces no medía su exposición al presentar un libro mediocre».

Intentando describirla, recuerda una anécdota. Una vez Juana lo invitó a su casa al tiempo en que irían unas maestras y sus alumnos de la escuela; estos leyeron poemas de la anfitriona como homenaje, pero a Arbeleche no le gustó lo que hacían; cuando iban a retirarse, él intentó irse también, pero Juana le pidió que se quede.

Cuando ya no quedaban visitantes, «por decir algo, en el miedo al silencio», Arbeleche dijo: «Qué simpático todo esto» y Juana inmediatamente le contestó: «No tienes que decir nada, yo sé que no te gustó como a mí tampoco. Pero no tengo el coraje de decirles que no. Cómo les voy a negar lo que querían ofrecerme».

 

ESCANDALO EN LA LUZ

Quizás esa misma generosidad le trajo a Juana otras dificultades a nivel familiar, pues «le costaba decirle que no al hijo (que era jugador compulsivo), le costaba decirle que no al marido», y de alguna manera esas cuestiones le fueron complicando la vida cotidiana que terminó en el encierro, pues «en el último tiempo ya no bajaba a recibir».

Dicen sus organizadores que el título de la exposición que se inaugura el 3 de marzo expresa su particularidad como autora y persona: «Juana: escándalo en la luz» habla de una poesía que busca la luz, el «mayor misterio de todos», se aleja del «simbolismo del siglo XIX y su concepción de la derrota» y de una cultura literaria nacional pautada por la melancolía, la tristeza, la sensación de oscuridad.

Incluso en su última etapa, que Arbeleche recuerda con tristeza por su deterioro, y pese a todo comunicada con las novedades de la cultura mientras su poesía se volvía hacia la implacabilidad de la muerte, «Juana continúa buscando la luz, aunque no siempre la encuentra».

Algunas otras cuestiones quedan por revisar de su figura, señala Echevarría, recordando que antes de Juana, nacida un 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, «la sexualidad estaba unida a la culpa». En cambio en su poesía es vivida sin culpa, incluso generalmente al aire libre, a campo abierto, acota Arbeleche, comparando con las creaciones de Delmira Agustini, donde esa actividad humana se da en un medio cerrado, oscuro.

Llamada sencillamente Juana, la poeta fue muy querida. Lo prueban relatos de otras figuras de nuestra cultura como Marta Gularte, quien contaba que para ella era una fiesta cuando veía llegar al orfanato donde fue criada a «una señora muy elegantemente vestida a recitarles poemas y leerles cuentos». En una oportunidad una funcionaria se acercó a Juana con Marta de la mano, que tendría unos 8 años y le dijo a la escritora: «Esta negrita también hace versos». Juana contestó: «Pero esta negrita tiene un nombre. ¿Cómo te llamas?», evoca Arbeleche para mostrar la sensibilidad y el respeto al próximo que cultivaba la poeta.

 

JUANA DE TOD@S

Echevarría destaca las presiones que se cernían sobre Juana, pues por un lado tenía la atención de un Miguel de Unamuno, de José Luis Borges o de Gabriela Mistral, que constituían pesos pesados de la época, además de ser miembro de la Academia Nacional de Letras, y por otro gozaba de una popularidad muy amplia, pues «su nombre estaba entre la gente y responder a todos era difícil».

Su casa fue testigo del peregrinaje de figuras que venían de todo el mundo. Fidel Castro, por ejemplo, llegó hasta allí para darle un recado de Mariblanca Sabas, poeta cubana amiga de ambos; por otro lado, sus poemas fueron musicalizados por Zitarrosa, Viglietti, Vera Sienra, Amalia de la Vega y la murga La Reina de la Teja.

Arbeleche agrega un dato poco difundido: hace poco el subsecretario de Educación y Cultura, Felipe Michelini, «nos contó que había venido un pedido de autorización del sistema escolar estadounidense para utilizar poesía de Juana en los textos de estudio».

A pesar de la popularidad de la autora de «Chico Carlo» y de una parte de su obra, el objetivo de este proyecto 2009 en su homenaje, justamente es hacer visible otra parte de la misma -quizás el 80% del total, según Echevarría- que no es leída, no es comentada, pese a ser una parte «muy profunda, con un trabajo literario de gran nivel».

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