¡muchach@s, reclamen sus derechos!

a mesa del primer Encuentro Nacional de Espacios de Salud Adolescente que trabajó en torno al derecho a la confidencialidad, moderada por la senadora Margarita Percovich, tuvo como panelistas a Cristian Vázquez, joven integrante del grupo Crecer Seguros de Ciudad de la Costa, los doctores Ricardo Pérez Manrique, presidente de la Asociación Internacional Mercosur de la Infancia y la Juventud y Rodolfo Becerra, asesor de la Dirección General de Salud del MSP y Catalina Elordoy, asesora del Poder Judicial.

 

RESPETO EN LA DIVERSIDAD

Privilegiada la palabra de los adolescentes, la mesa fue abierta por Vázquez, cuyo grupo de pertenencia se dedica a educar en salud y derechos sexuales y reproductivos en distintos espacios de la Ciudad de la Costa. El mismo tiene como objetivo que «los jóvenes vivan su sexualidad placenteramente, tomando sus propias decisiones y respetando las decisiones de los demás, que creo que es lo primero», asegura Vázquez, agregando a su vez el deseo de que el tema «se pueda hablar en cualquier lado».

Esto implica «cuestionar los valores de género, estética y opción sexual, porque cada uno tiene derecho a elegir con quién quiere estar y cómo», por lo que lo primero que destaca como estrategia a seguir por parte de los propios adolescentes al enfrentarse a un servicio de salud, es «incidir y hacer escuchar la voz de los jóvenes».

Pero esto no se logra tan solo generando grupos de encuentro; la propia experiencia enseñó a Vázquez que a los jóvenes «hay que ir a buscarlos» para concientizarlos de que no alcanza con tener derechos y conocerlos, sino también hay que organizarse para influir en la adopción de prácticas profesionales que los respeten.

El expositor destacó la necesidad de acercarse desde la «sinceridad y la naturalidad» a los operadores de la salud, pues esto favorece el buen desarrollo de la confianza, a la vez que solicitó a los profesionales que no los traten como «personas de segunda», pues en ciertos encuentros sienten que no les dan toda la información que requieren.

Es importante en este tema «no juzgar a la gente y aceptar la diversidad, para lo que hay que escuchar mucho», advierte Vázquez quien a su vez considera que los profesionales no siempre se dan el espacio y prefieren darle a un adulto la información de la historia clínica del adolescente.

En este sentido, un folleto realizado por el Programa Nacional de Salud Adolescente aclara algunas posibles dudas que pueden surgirles a los profesionales respecto a la confidencialidad y el secreto médico con adolescentes, producto de la «interpretación de la Convención sobre Derechos del Niño así como del Código de la Niñez y la Adolescencia», según se aclara al dorso. En el mismo se afirma que a un adolescente, sin presencia de adultos, puede hacérsele entrega de medicamentos con o sin receta verde (si son mayores de 15 años), entrega de resultados de análisis de VIH acompañados de la consejería de un equipo de salud, brindarle información sobre métodos anticonceptivos, sea mujer o varón, entre otras cosas.

 

ENTRE LA LEY Y LA PRACTICA

Brindando información sobre la legislación existente, Catalina Elordoy dio especial importancia al artículo 8 del Código de la Niñez y la Adolescencia, donde se explicita que » Todo niño y adolescente goza de los derechos inherentes a la persona humana», a la vez que declara que «En todo caso tiene derecho a ser oído y obtener respuestas cuando se tomen decisiones que afecten su vida».

Asimismo, aseguró que sus derechos y obligaciones como pacientes médicos «están garantizados en la legislación nacional», por lo que les corresponde el derecho a la confidencialidad y el secreto profesional como a cualquier otro paciente, y también están obligados a «brindar la información necesaria» para su atención.

Pérez Manrique aludió a la normativa vigente pero al mismo tiempo hizo un llamado de atención: «seguimos luchando contra las prácticas pre Convención de los Derechos del Niño y el Adolescente», lo que de algún modo muestra que aún falta camino por andar para lograr la » adecuación de las prácticas» a la ley.

En su visión, ya no son los abogados los principales protagonistas: eso fue necesario para la interpretación de las normas . Ahora «son quienes actúan día a día» los deben amoldar sus formas de trabajo a la normativa vigente, entre ellos, los profesionales de la salud, así como docentes y otros agentes de la comunidad.

 

CONFIDENCIALIDAD  Y SECRETO PROFESIONAL

Pérez Manrique dijo estar preocupado por «un discurso en el que se estigmatiza a la paternidad y maternidad adolescentes». En todo caso de lo que se trata es de «responsabilizar», en la medida en que el Código los visualiza como sujetos de derechos con «autonomía progresiva, que se adquiere paulatinamente».

Mientras describía algunos de los criterios para determinar la «habilidad para formar un juicio» de un adolescente, entre los que destacó la capacidad de optar, «la habilidad para evaluar potenciales daños o beneficios» y la construcción de una escala de valores, instó a los presentes: «¡Muchachos, reclamen sus derechos!».

Respecto del secreto profesional, enfatizó que no respetarlo es un delito, a la vez que implica una falta administrativa y un ilícito civil que no modifica el hecho de que el encuentro sea con adolescentes.

Rodolfo Becerra expresó otra preocupación: la situación de adolescentes en conflicto con la ley, pues » el joven está esposado y parecería tener restringida la confidencialidad, ya que los custodios se quedan con ellos», situación ante la cual, sin embargo, el médico «puede negarse a realizar certificado si el personal policial no se retira».

Este tema no está del todo claro y sigue dando motivos de discusión entre profesionales de la salud y funcionarios policiales, aseguraron los panelistas, que al mismo tiempo consideran la necesidad de protocolizar algunas pautas, por ejemplo para determinar si se trata de un adolescente «maduro», intentando minimizar las asimetrías médico-joven.

Margarita Percovich puntualizó que «el juicio está relacionado con el acceso a la información» y llamó la atención sobre las reiteradas situaciones en que si los jóvenes no concurren a la consulta médica con un adulto «no hay respuestas. Y en casos como un posible embarazo o un análisis de VIH, seguramente no quieren ir con sus padres».

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