más acá de laes rejas, adolescentes  esperanzadas

esde el comienzo, la presentación estuvo cargada de emociones contrapuestas, ya que entre la alegría y la adrenalina de ser vistas por otros, aparecía la bronca porque no todas las que se prepararon pudieron estar ese día, o el llanto porque no llegaba alguien a quien se quería dedicar el trabajo de tantos días.

Antes de comenzar, Yamila mostró su ansiedad y expectativa por la llegada de su madre, que iría a verla actuar con permiso judicial especial y trasladada desde cárcel de Cabildo donde se encuentra cumpliendo una condena: «es lo único que estoy esperando», dijo Yamila.

 

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

En el segundo antes de arrancar, Yamila largó las lágrimas porque su madre aún no llegaba, pero en seguida sus compañeras le dieron fuerza: «lo hacemos en honor a ella», «dale, le damos con todo», dicen para animarla. En un movimiento apresurado, se secó las lágrimas y con la bronca entre los dientes levantó la cabeza y salió a correr de punta a punta el escenario junto a las demás, con Vivaldi sonando de fondo.

Terminando el último número -una coreografía de reggaeton en la que pusieron toda la energía- y cuando ya comenzaban a extender una tela que enunciaba el deseo tan profundo de «libertad», acompañada de su custodia llegó la tan esperada mamá. En una corrida su hija salió a su encuentro y el abrazo cargado de emoción y llantos no se hizo esperar.

Sin pensarlo dos veces, en medio del abrazo Yamila giró hacia el escenario y le dijo a sus compañeras: «la hacemos de vuelta para mi madre que no vio nada». Con más fuerza y pasión que antes, todas retomaron la escena final recibida por entusiastas palmas del público.

Previamente, en el camarín, Yamila, «Rominita», Gabriela y Maira habían explicado a La República de las Mujeres que la idea del espectáculo «surgió en el taller de teatro y danza», a partir de una propuesta de las docentes. Todas participaron en el armado de las coreografías, «elegimos las canciones, cómo nos movíamos, qué sentido le dábamos, todo».

 

DESAFIANDO REALIDADES DIFICILES

Sin embargo, no todas las protagonistas pudieron realizar su presentación en público. Una de las integrantes del equipo tuvo que quedarse en el Hogar, ya que el juez de menores que tiene a su cargo la causa no le dio «la autorización», se lamentaron las muchachas.

El espectáculo constó de varias partes articuladas como «piezas de un rompecabezas», describió la docente Ileana López, mientras las chicas enfatizaban que el eje estaba dado por la letra de la canción «La colilla», un tema de Jerry Rivera que trata de la vida cotidiana «en la cárcel», a la vez que por «un tema que trata de los niños de la calle».

Quizás porque la segunda refiere a quienes están en «lugares olvidados» o «andan vagando en esta ciudad», es que se vincularon con la propia experiencia de privación de libertad, esa » rutina a puertas cerradas», donde todo parece ser «la colilla de un cigarro más», o porque también sienten que son «un simple ser-humano que la sociedad descarta», como dice el rap que representaron tan compenetradas.

Pero la experiencia de subirse a un escenario, y más en un lugar emblemático como El Galpón, significó para todas no sólo «una experiencia nueva», sino además «nervios», porque «vi obras, pero nunca estuve en una», y expectativas, porque «no sabemos qué va a pensar la gente».

 

OTRA IMAGEN

A las chicas les entusiasma que «capaz que con esto damos una imagen mejor» a la que suelen trasmitir los medios, «porque nosotras lo que queremos es mejorar, por eso en una parte le hablamos al público y les decimos que queremos lo mejor para nosotras».

Y es que «todas somos primarias y esta experiencia nos ayudó, porque ahora queremos rehacer nuestras vidas y tener una vida normal», afirman aunque saben que no para todas es fácil: mientras algunas tienen familia que las apoya, hay otras que saben que les «va a costar».

Resaltan el apoyo de los funcionarios del Hogar y particularmente de la directora, «Teresita», así como de las docentes de teatro y danza, que «son los que siempre están con nosotras, cuando estamos mal nos hablan. Mal o bien son los únicos que siempre están». La expresión parece indicar que hay otra gente con la que no cuentan tan incondicionalmente.

Iliana López, tallerista de teatro y danza de las jóvenes por la Asociación Proyectos Culturales, asegura tras la actuación que las mismas «mostraron ser un ejemplo, pues transitaron por situaciones difíciles: dos de las que ensayaban al principio no volvieron de una salida transitoria del Hogar, otra no obtuvo el permiso para salir, y allí las que quedaron debieron enfrentar la dificultades».

López asegura que con tanto trabajo durante el año, y en medio de las vicisitudes de una institución no siempre sencilla para dar continuidad a las propuestas artísticas en medio de conflictos concretos de la rutina cotidiana, «las chiquilinas se merecían tener este regalo». Destaca, a su vez, la importancia del «hecho educativo» que implica el montaje de un espectáculo ante un público, pues requiere de «repetición en los ensayos, de la adquisición de un hábito», cuestión que cree dejará marcas en las vidas de estas adolescentes que, «dudando, con días de más o menos ganas, apoyándose, disfrutando», lograron plantarse en el escenario.

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