la calle como "mejor alternativa"
omo en ocasiones anteriores, en 2005 el equipo que dirige Sonnia Romero hizo un acercamiento de campo que duró unos seis meses a personas que viven en situación de calle en Montevideo. A diferencia de las anteriores, en esta oportunidad el centro de preocupación estuvo en niños y adolescentes, tratando de encontrar, entre otras cosas, cuáles son sus razones para estar en la calle.
Así aparecieron varios elementos de interés para las antropólogas y para pensar el asunto como sociedad en general. Uno de los más llamativos es la respuesta que parece reiterarse: la calle resulta ser para ellos una «mejor alternativa» frente a la desestructura de sus hogares y de la escuela.
Pero hay además otras cosas: no se trata simplemente de un «escape». En muchas de las entrevistas realizadas por el equipo de investigación, surgieron elementos que quizás no han estado tan presentes a la hora de pensar el problema : «la fealdad» de sus barrios de origen donde hay violencia sumada al deseo de vivir en los barrios más céntricos (Parque Rodó, Pocitos, Centro), lo que puede leerse como un «intercambio cultural y un cambio estético» en sus vidas.
DIVERSOS PERFILES
La investigación tomó como muestra a jóvenes de 12 a 29 años, que poseen una «concepción de la persona como aquí y ahora», lo que en muchos casos les hace preguntarse y preguntar: «¿para qué voy a trabajar formalmente, si en el semáforo agarro más plata y no tengo jefe?», mostrando que para ellos la calle se constituye en una «mejor alternativa», apunta Eloísa Rodríguez.
Por otro lado y si bien suele pensarse lo contrario, «la pasta base no era recurrente en el 2005″, precisa Virginia Rial, quien aclara que si bien actualmente sí se visualiza mucho más la presencia de esa droga en el trabajo de campo, difícilmente puede interpretarse que la misma «sea causa de la calle», pues antes hay otros factores.
A partir del trabajo que realiza y profundiza año a año el Departamento de Antropología Social y Cultural, los y las investigadoras han caracterizado tres perfiles recurrentes de jóvenes en situación de calle: los que están marcados por el deterioro-abandono, los que trabajan con estrategias solos y con el grupo, y los que tienen contacto con la familia o familia en la calle.
Respecto al segundo perfil: los que construyen estrategias individuales o grupales para obtener dinero y comida, para satisfacer necesidades básicas de supervivencia, el equipo intensificó el estudio, intentando visualizar pautas de convivencia y de supervivencia e intentando ampliar la descripción desde sus propios testimonios.
CAMBIO DE MODELO
Las investigadoras aseguran que, en la mayoría de los casos, quienes trabajan en semáforos (limpiavidrios, malabares, etcétera) no van a quedarse en refugios porque «les corta el horario de laburo», además de no sentirse cómodos en esos espacios por el contacto con «el cuerpo del otro: los olores, por ejemplo» y por la exigencia de disponerse a estar pautados por reglas.
Sin embargo, esto es lo que hace que, al no estar captados por ninguna institución, los jóvenes en situación de calle «no existan», ya que no pueden acceder a la Cédula de Identidad y por tanto » no hay registros y no tienen cómo comenzar el trámite» que sólo puede hacerse por medio de algún intermediario institucional (Ministerio de Desarrollo Social, Instituto de la Niñez y la Adolescencia del Uruguay, entre ellos).
No obstante, en la visión de Sonnia Romero, quien hace más tiempo viene trabajando en el tema, «regresarlos con sus familias no puede ser nunca la única política pública al respecto», pues eso implica seguir posicionados en la perspectiva «del control, del disciplinamiento», y en realidad lo necesario es «cambiar de modelo».
«No todos tienen una mejor vida en sus hogares», afirma Romero. Según lo que se ha visto, en muchos casos «la calle constituye un espacio diferente», por lo que apelar al control no sería más que recurrir a la vieja práctica de » quitar de la vista de los otros» una realidad, «ocultar estéticamente» esa imagen de la ciudad.
FACTORES DE GENERO
En opinión del equipo de Antropología Social, las políticas actuales son insuficientes porque «sólo ofrecen dormitorio» sin dar respuestas a necesidades de vida, de proyección de habilidades que podrían fortalecer para trabajar más adelante, y por lo cual colocan a los jóvenes en un lugar «siempre dependiente».
Por otro lado, el trabajo ha mostrado que quienes están más vulnerables en este sentido son los varones, que constituyen aproximadamente un 80% de los jóvenes que viven en situación de calle, lo que se explica fundamentalmente por la contención de las instituciones para las mujeres (cuando son madres), y también de las familias en el hogar.
En muchos casos, los varones «entran en conflicto con las parejas de su madre», generan una competencia que los termina dejando por fuera del núcleo familiar, además de estar expuestos a situaciones de abuso y de cargar con una especie de estigma que responde a la fórmula: varón, joven y pobre = violencia.
Un trabajo realizado por las investigadoras Virginia Rial y Eloísa Rodríguez junto a Fabricio Vomero, plantea que «En el caso de los varones jóvenes, la expulsión hacia la calle estaría construida desde factores de género preexistentes, desde el modelo cultural que contiene un imaginario sobre lo masculino». Lo interesante de este aporte es que convoca a repensar, tanto a quienes construyen políticas públicas como a quienes piensan desde una perspectiva de género diversos temas, qué lugar ocupan los varones en la resignificación de roles atribuidos culturalmente, ya que el género sigue siendo una categoría relacional.
El equipo cuenta con varias publicaciones más que interesantes, entre ellas «Vivir la calle. Aporte antropológico acerca de las dinámicas y redes de los sin hogar», realizado por Virginia Rial y Fabiana Davyt y «Varones jóvenes en situación de calle. Entre el estigma y la marginalidad», de autoría de Virginia Rial, Eloísa Rodríguez y Fabricio Vomero, publicados en los Anuarios de Antropología Social y Cultural en Uruguay 2004/2005 y 2007 respectivamente.
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