el veto es un resabio dictatorial

ay que ver la gravedad del veto a los artículos que despenalizan el aborto en la Ley de Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva en el contexto de una Latinoamérica que ha emprendido una marcha hacia sociedades humanistas y solidarias, y que se precia de estar alejando los autoritarismos de diverso tipo e ir profundizando democracias verdaderas que van al encuentro de las necesidades del pueblo. El fascismo patriarcal se ha manifestado con voz tonante bajo la hipocresía de la lealtad a «principios sagrados» y a la conciencia, y en contra del espíritu librepensador que siempre caracterizó al pueblo uruguayo.

¿Y dónde queda la democracia cuando la opinión del Presidente vale más que la del 60% de las y los uruguayos que están de acuerdo con despenalizar el aborto? A las mujeres y en especial a las más pobres, se les expropia el derecho humano a decidir sobre su cuerpo, son simplemente consideradas como vientres. Como dice nuestra monja del pueblo Ivone Gebara: las mujeres pobres son en mayoría las que mueren en las interrupciones inseguras del embarazo y, lejos de ser criminales, son víctimas del modo de organización de la sociedad. Su principal pecado es ser pobres. ¿Dónde se perdió la obligación del Estado de proteger las debilidades y de atender las necesidades? El sistema que impone la voluntad de los que mandan sobre las voluntades y las necesidades ciudadanas se llama dictadura, aunque se base en atribuciones constitucionales.

Este veto no deja en pie ni siquiera el aborto cuando está en peligro la vida de la madre; bajo el esotérico argumento de la defensa de la vida humana desde la concepción, se defiende la vida del feto por encima de la de la madre. Y otra cosa más: el término «concepción» ­generalmente utilizado para referirse al comienzo de la vida- no tiene un significado biológico exacto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), definen el embarazo como «etapa del proceso reproductivo durante la cual el cuerpo de la madre y el nuevo individuo en desarrollo se interrelacionan, es decir, la fase iniciada con la implantación y terminada cuando se producen un aborto o un nacimiento». Las leyes que penalizan el aborto no lo impiden, simplemente lo hacen inseguro para las más pobres.

Y una pregunta: ¿qué pasaría si la penalización por aborto se extendiera al padre? Estamos seguras de que se pensaría de otro modo. La cultura patriarcal es una de las principales causas de los embarazos no deseados y la irresponsabilidad paterna (los hombres abortan con la boca cuando simplemente dicen «no es mío») que se acepta de manera pasiva y acrítica en nuestras sociedades, es el más importante obstáculo para abordar el problema del aborto.

(*) Licenciada en Antropología y doctora en Filosofía; directora general del Centro de Estudios de la Mujer de Venezuela.

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