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sandalias sí

uerida Reina : Mi pareja era una persona con la que daba gusto compartir la vida cotidiana. Y si digo «era», y esta es la razón por la que le escribo, es porque esa actitud pasó a ser algo del pasado. El pasado empezó hace algunos días cuando se le ocurrió empezar a decir que no a todo lo que yo le proponía, como por ejemplo comprar un centrifugador manual de verdura ahora que llega el tiempo de las ensaladas verdes. Ese fue el principio de todo lo que se desencadenó con una especie de furia que terminó centrifugando mi paciencia. Durante dos días estuvo oponiéndose a mis planes de vacaciones con razones que por más que quiero entender no puedo. No entiendo qué quiere decir cuando dice que no quiere ir a Piriápolis por razones ideológicas cuando hace ocho años que vamos todos los veranos. No entiendo tampoco porqué me hizo devolver por razones filosóficas un secador de pelo con aire caliente y aire frío. Inclusive todo esto lo podría superar. Lo que no soporto es que haya censurado mis sandalias nuevas con plataforma corrida por razones «estrictamente privadas». De ahora en más no sé qué hacer. Me gustaría que él volviera a ser el que era, pero me doy cuenta que con todo lo que pasó yo tampoco soy la que era y por más que ahora él aceptara comprar el centrifugador manual, yo ya no estoy motivada por las ensaladas verdes. Pienso que si él volviera a ser el que era pero yo soy la que soy ahora, igual nada sería como antes porque yo estaría siempre como a la defensiva, como no pudiendo perdonarle haber tenido que devolver las sandalias. ¿Qué hago?

Mónica C.M.

 

Estimada amiga :

Si entiendo bien su carta, lo que empezó por un problema en la cocina (centrifugador sí, centrifugador no) siguió con un desacuerdo vacacional y terminó en las plantas de sus propios pies. Las plantas de sus pies, querida, tienen que ver con sus propios pasos y con sus caminos de vida. Según dicen los y las reflexólogas en la planta de los pies están representados los órganos de todo el cuerpo, el corazón, el estómago, los intestinos… todo. No puedo concebir a nadie que tenga la representación de su órganos en plantas de pies ajenas. Creo que los descubrimientos del genoma humano confirman la correspondencia inalienable de los propios órganos con los propios pies. Con esto quiero decirle, y perdón si tuve que dar una vuelta a la manzana del genoma humano, que usted es la única dueña inalienable de sus pies, de sus pasos, de sus caminos y de sus sandalias. Si alguien quiere acompañarla me parece muy bien. En ese sentido reivindico a Antonio Machado cuando en un poema dice: «Yo seguiré caminando a tu costado mientras le quede a mi sandalia arena». Fíjese que hay sandalias y sandalias, así como hay hombres y hombres. Renunciar al centrifugador manual y al secador de pelo es mucho menos trascendente que renunciar a las sandalias. Ponga los pies sobre la tierra y piense, querida, si esa pareja le conviene. Usted decide.

La Reina

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