si no hiere o mata, ¿no pasa nada?
on las diez de la noche y aún tengo en mis ojos la imagen de un cuchillo muy puntiagudo, filoso, de hoja muy brillante y mango blanco. Un policía lo llevaba de un escritorio a otro y cada vez que pasaba por delante mío lo tomaba del blanco mango con dos dedos y ese cuchillo brillaba y se balanceaba como un siniestro péndulo.
Ante tal visión, un frío recorrió mi espalda y supe que algo triste había pasado, pues ese cuchillo me trajo un recuerdo muy cercano (era de los que usan los fileteros de pescado).
El padre de mi nieto amenazó la vida de mi hija y la del bebé: si la relación de pareja terminaba los mataría a los dos. Yo estaba en la comisaría justamente haciendo que mi nietito, de apenas catorce meses, cumpliera con la disposición de la señora jueza, que ordenaba al niño visitar allí a su papá martes y jueves (una hora cada día). Yo no sé si la señora jueza tuvo en cuenta los golpes que recibió de su padre estando aún en la panza de la mamá y las denuncias de ella, que fue brutalmente golpeada y amenazada su vida y la de su bebé.
Ese bebé oyó desde la panza y fuera de ella, los insultos, el desprecio de su padre cuando gritaba: «¡Ese no es mi hijo, puta!, ¡los voy a matar a los dos!».
Para la señora jueza este dolor del niño no es importante, pues lo obliga a «disfrutar» del amor paternal dos horas por semana, aunque el premio puede ser mayor y las horas convertirse en días por semana.
Si éste es el amparo que la Justicia da al niño, sería bueno que todos nacieran de probeta o que fuera cierto aquello de nacer de un repollo.
EL DERECHO DE LAS MUJERES
Cuando recogí a mi nieto y salíamos, en la puerta me encontré con un vecino, lo saludé y vi que tenía lágrimas en los ojos. Pregunté qué pasaba y sólo pudo decirme: «El loco apuñaló a Beatriz, quiso degollarla, la cortó en la mano y le clavó el cuchillo en el vientre».
¡El cuchillo!, el de hoja puntiaguda y afilada. ¡Mi dios, el siniestro péndulo brillante!
En ese momento supe por qué el frío en mi espalda; ese horrendo cuchillo pudo haberle quitado la vida a una madre joven y luchadora.
Beatriz tiene 30 y pocos años, tres hijos chicos -dos varones y una nena de un año y medio, hija del agresor-. La pareja con este sujeto terminó hace algunos meses, pero como todos en estos casos, se negaba a la separación. Durante todos estos meses no la dejó en paz, la persiguió, la amenazó con matarla y matar a la hijita si ella no volvía con él. Hace una semana o diez días la esperó cuando ella iba camino a su trabajo, la golpeó y amenazó con matarla. Un camionero pasó, vio la situación y llamó a la policía. Lo demás es como siempre: comisaría, juzgado y la orden de que este sujeto no pueda acercarse a su ex pareja. ¡Esa es la ayuda que le dieron a Beatriz, madre de tres hijos, trabajadora y luchadora! ¡Esa es la ayuda que la Justicia da a todas las beatrices en mi país!
Esta Beatriz dentro de un tiempo podrá trabajar y cuidar a sus tres hijos como lo hizo siempre. Pero muchas, demasiadas otras beatrices, no están: murieron y sus hijos son huérfanos en manos de Dios.
¿Hasta cuándo va a pasar esto? ¿Hasta cuándo la mayoría de los hombres van a creerse dueños de las mujeres? ¿Hasta cuándo la mujer tendrá que vivir encerrada para que su ex pareja no la golpee o la mate? ¿Hasta cuándo la Justicia va a obligar a la madre, que con amor cuida y cría a sus hijos, los educa, a entregarlos por horas o días en manos de su padre, para que él pueda hacer lo que se le cante con los niños? Y la madre que mire cómo ese hombre destruye lo que ella con amor y conciencia ha sembrado en los hijos. A llorar al cuartito, ¡los niños que se jodan!
¿Quién le va a decir a estos machos golpeadores que la mujer no es de su propiedad, que la mujer es dueña de su cuerpo, de su cola, de sus senos y de su vagina, y que por lo tanto usará su cuerpo cómo a ella le parezca?
¿Quién les dirá que si por amor o porque quiso se acostó con un hombre puede, si eso desea, no volver a acostarse nunca más con él y punto? ¿Que si vivió casada o en pareja con alguien ella puede, si quiere, romper eso, tiene derecho pues su cuerpo es suyo? ¿Que la mujer es también una persona pensante, que si se equivocó y quiere seguir otro rumbo, tiene derecho?
Creo que la Justicia es muy machista, porque no ayuda a la mujer, porque proteje al hombre, porque no lo castiga cuando maltrata y golpea a la mujer ni cuando no cumple con los deberes de la paternidad.
HIJOS DE GOLPEADORES
Señores jueces: ¿cuántos son ustedes?
Señores legisladores: ¿cuántos son ustedes?
Quiero saber cuántas son las cabezas que fabrican y cuántas las que aplican las leyes que protegen al machista golpeador.
Quiero saber si ustedes saben que son los creadores de los niños y adolescentes enfermos y delincuentes que tenemos hoy.
Deben reconocer y corregir- que ustedes han obligado a estos jóvenes y niños desde que eran casi bebés a compartir la vida con un machista golpeador.
Ustedes hacen que la mujer que ha sido golpeada y maltratada baje los brazos; es imposible cumplir con su rol de madre si las leyes y la Justicia condenan a los niños a vivir buena parte de su vida con el golpeador.
Ustedes han puesto al niño un abogado, el que puede elegir si se queda a vivir con su mamá que lo crió y alimentó, le impone buenas costumbres, buenos modales, que le dice qué comer y cómo, lavarse las manos, bañarse, que le dice que no es no o que deje a esa «pesada» y se vaya a vivir con su papá, que es mucho mejor pues mientras toma cerveza o vino o mira tele o fuma un porro, él puede estar todo el tiempo en la calle con dinero para las maquinitas y las golosinas. Alguien que le permita al niño esta elección a los 4 o 5 años, más parece ser el abogado del diablo que el del niño.
De estas situaciones nacen drogadictos, pequeños y grandes delincuentes, o sea: llegan hombres y mujeres con el alma enferma, seres sin valores y con vicios.
Sé de lo que hablo; por ejemplo, Matías de 14 años, drogadicto y triste, a los seis y en una visita a su papá, conoció el primer porro y la primera película porno; hoy usa pasta base.
Quienes hacen estas leyes o quienes las aplican no deben, no tienen derecho a preguntar qué hacemos con estos jóvenes; no tienen derecho a dejarlos tirados en la calle, mientras están los bebés y niñitos camino a lo mismo.
¿CUANTAS VICTIMAS MAS?
Señores, deben corregir estos horrores, deben castigar al golpeador y no al niño obligándolo a vivir varias horas o días con él. Las consecuencias de esto hacen la foto que tenemos hoy en nuestras calles.
Los legisladores y jueces deben diferenciar la paternidad de lo que significa para estos machos golpeadores, que empiezan golpeando la panza de la mujer pues ella es una «puta» y diciendo que ese hijo no es de ellos sino del panadero, el carnicero o el vecino o cualquier otro, y cuando la mujer se separa y queda con su hijo, los malos bichos gritan que son los padres y tienen derecho sobre el niño. Eso no es paternidad, es sólo una eyaculación sin preservativo y Dios quiso que se engendrara un bebé.
¿Cuántas mujeres más deben ser golpeadas?, ¿cuántos niños más deben presenciar cómo sus papás golpean o insultan a sus madres?
¿Cuántos niños más serán adultos golpeadores por haber vivido con un padre golpeador?
¿Cuándo se va a castigar a un hombre por golpear a una mujer?
Cuando la mujer denuncia al golpeador, la Justicia dice: él no puede acercarse a esa mujer. ¡Minga! A los pocos días él está golpeando otra vez y no pasa nada. ¡Si no la hiere o la mata, no pasa nada!
Por los niños, por las mujeres, por los hombres del futuro, ¡basta!
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