milanesas para el cambio
uerida Reina de Corazones:
Cuando hace dos años inicié mi vida en común con mi actual pareja me sentí una privilegiada por haber encontrado un hombre que cocinara de verdad y no sólo asado los domingos o los feriados como había pasado con mis tres parejas anteriores. Nada que ver. El no es chef profesional ni mucho menos, sino que aprendió a cocinar desde chico porque su madre contrajo alergia al pan rallado y como lo que más le gustaba a los dos eran las milanesas, aprendió a hacerlas. En esa época no había rotiserías ni carritos en la calle así que a los tres años aprendió. Lo único que hacía la madre antes de huir de la cocina para pintarse las uñas de los pies escuchando a Gardel, era batirle los huevos. Esa triple asociación: milanesa-uñas de los pies-Gardel, fue una especie de ritual entre ellos que aún lo emociona y cuando mi suegra, que ya tiene 80 años, viene a mi casa y él hace milanesas, soy y la que la instalo en el sillón del living para pintarle las uñas mientras escuchamos al Mago. Hasta aquí, nada me pareció imposible de realizar, siempre puse lo mejor de mí, inclusive elegir un esmalte de marca para que mi suegra, por más que casi no vea no pensara que yo desvalorizaba la triple asociación. Yo soy de respetar las tradiciones familiares aunque sean ajenas, así que durante dos años renuncié a mis propias tradiciones de comer tallarines caseros los domingos porque ese día es el que mi suegra viene a mi casa, mejor dicho yo la voy a buscar y la traigo en taxi para que vega a participar de la ceremonia, de las milanesas-rojo nacarado-Gardel. Ultimamente me siento profundamente deprimida. He dejado de escuchar al Cuarteto de Nos y estoy más que harta de la espinaca. Siento que renunciar a las propias tradiciones tiene un costo muy alto que en mí se manifiesta en una epecie de ataque de pánico ante el puesto de la feria de esmalte de uñas o ante la mención de la palabra volver, parpadeo o farolito, entre otras. Siento que ya no estoy enamorada o que el hombre que me enamoró ya no existe. ¿Qué hago?
Mercedes M.
Estimada amiga:
Veo que las milanesas en la familia de su pareja no sólo han producido en el pasado alergia al pan rallado, sino que llegan hasta el presente produciendo otro tipo de alergias que, créame, en su caso, no se resuelven con ningún antiestamínico al uso sino con un cambio gastronómico profundo. Fíjese la inteligencia de Obama cuando dice que haberlo elegido como presidente no es un cambio sino una oportunidad para el cambio. ¿Por qué no le dice a su marido que a partir del próximo domingo él le pinte las uñas a la madre mientras usted hace las milanesas y escucha al Cuarteto de Nos con auriculares? Si esa idea no le parece interesante, tengo otras en la manga. Mucha suerte.
La Reina.
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