Estados Unidos: cuando las minorías son las nuevas mayorías
ún no se había disipado el impacto de la consagración de Barack Obama como candidato presidencial del partido demócrata en Denver, cuando los republicanos acapararon la atención incorporando a la fórmula presidencial del senador John McCain a la actual gobernadora de Alaska Sarah Palin.
La interna demócrata ya había estado cargada de connotaciones raciales y de género; Obama prefirió ser acompañado en la fórmula por un político veterano y experimentado en política exterior como Joseph Biden, aunque necesitaba el apoyo decisivo de los Clinton para salir fortalecido de la convención. No obstante, el «toque» demócrata para destacar al primer candidato afroamericano -más precisamente, mulato- hizo coincidir su consagración con el aniversario número 45 del más famoso discurso de Martin Luther King en el Lincoln Memorial, clamando por los derechos civiles para la población negra.
Los discursos de Hillary y luego de Bill Clinton le dieron un «apoyo incondicional», buscando sanar heridas y recomponer la unidad del partido. Michelle Obama, en el primer día de la convención, también jugó un rol muy importante. La abogada, de gran personalidad, no está dispuesta a ser la chica sonriente detrás de la imagen presidencial y representa más que su marido a la afroamericana proveniente de un hogar humilde que salió adelante con tesón en pos del sueño americano, o de los sueños de King para superar la segregación racial en una integración social que sigue siendo un logro dudoso en buena parte del país.
El candidato republicano, por su parte, sorprendió al incorporar a su fórmula a una mujer casi desconocida para la mayoría de los estadounidenses y con escasa trayectoria política -crítica que le han hecho hasta el cansancio a Obama-. Además Palin, con sus 44 años, aporta la juventud que McCain no tiene con sus 72, al ostentar el récord histórico de ser el aspirante a presidente más viejo que hasta el momento ha tenido Estados Unidos.
En la historia de ese país es la segunda vez que se elige a una mujer para el cargo de vicepresidenta; el antecedente fue la fórmula demócrata de 1984 donde Geraldine Ferrero acompañó al candidato Walter Mondale, con una aplastante derrota a manos de los republicanos en la era Reagan. La pregunta que muchos se hacen ahora es: ¿lo mismo le sucederá a McCain junto a Palin? Sobre todo teniendo en cuenta que ellos van a estar identificados con el continuismo del desgastado y alicaído gobierno de Gerorge W. Bush.
LOS VOTOS DE HILLARY EN LA MIRA
La estrategia de la designación de Sarah Palin como candidata a vicepresidenta de los republicanos, parece querer ir en busca de los votos que obtuvo Hillary Clinton (18 millones) en las internas demócratas y que no es muy seguro que vayan todos para Obama.
Pero McCain también quiere calmar y atraer al electorado más conservador de sus filas, ya que Palin representa muchas de las virtudes más destacadas por ese sector de la sociedad. Ella puede aportarle los votos de los miembros de la Asociación Nacional del Rifle, los antiabortistas, los defensores de la pena de muerte y los creacionistas (que se oponen a la teoría de la evolución como explicación científica del origen del ser humano, algo que suena increíble en el siglo XXI pero en Estados Unidos, cuando menos, hace bastante ruido), todas banderas con las que se identifica claramente la gobernadora del alejado estado de Alaska.
Ferviente religiosa condición nada despreciable en ese país donde proliferan todos los credos cristianos- y ganadora de concursos de belleza en su juventud, Palin comenzó su carrera política en 1992 como alcalde de un pequeño poblado de Alaska, Wasilla, donde estuvo por dos períodos consecutivos. En 2006 fue electa gobernadora de Alaska y está decidida a explotar las reservas de gas y petróleo que forman parte de la reserva continental de su estado -ya otorgó todos los permisos a una empresa canadiense para la construcción de un gasoducto-, en medio de denuncias y escándalos de corrupción del anterior gobernador que ella supo manejar muy bien.
Está casada con un esquimal, le gusta cazar (especialmente participa en la caza de alces), pescar y andar en motonieves. Se presenta a sí misma como una «jockey», un juego de palabras que le da un sentido alaskiano a la típica definición norteamericana de «soccer mom», que describe a las amas de casa de clase media. Es madre de cinco hijos, el último nació hace apenas cuatro meses y tiene síndrome de Down. Directamente vinculada a las Feministas Pro Vida (Feminists for Life of America ), es una reconocida militante antiabortista, se opone a las uniones homosexuales y pone en duda que el calentamiento global sea producto y consecuencia del accionar humano.
Si bien ha cautivado al electorado republicano, con todas estas posturas conservadoras parece dudoso que pueda llegar a ese electorado femenino y/o abiertamente progresista que apoyó a la senadora Hillary Clinton o que no tiene aún decidido qué va a votar. Eso sí: ya hay quienes han puesto en duda su capacidad para desenvolverse en Washington, no sólo por su inexperiencia política sino porque ¿cómo va a hacer para ser madre de sus 5 hijos y vicepresidenta a la vez? Una pregunta a la que, por supuesto, jamás se enfrentará un político padre de familia en ningún lugar del planeta.
A LA CONQUISTA DE LA COMUNIDAD LATINA
Pero si vamos a hablar de minorías, pocas son tan relevantes como la minoría latina. Estimada en 45 millones unos 12 millones son indocumentados- se ha convertido en la minoría más grande que tiene Estados Unidos, superando incluso a los afroamericanos, que suman unos 37 millones. Y hacia ellos va a ir gran parte de la campaña electoral de ambos partidos, fundamentalmente en estados como California, Nuevo México, Texas, Colorado o Florida, donde ya hay muchos latinos participando en la vida política de sus comunidades. Conscientes del papel que pueden desempeñar, los hispanos no desaprovecharon la ocasión de la convención demócrata en Denver (Colorado) para manifestarse por sus calles contra las reformas migratorias y contra el «muro de la vergüenza» que Estados Unidos viene construyendo en su frontera con México. Obama no pudo ser indiferente a estos reclamos -el mismo participó en las grandes movilizaciones de hispanos del 2006, aunque dio su voto a la construcción del muro- y sabe que deberá esforzarse especialmente por ganarse ese electorado ya que Hillary Clinton fue la gran ganadora del voto latino entre los demócratas.
Uno de los spots publicitarios que puede verse por internet cuenta con la participación de Alejandro Sanz, Paulina Rubio, entre otros hispanos que apoyan a Obama, especialmente dirigido a esa población. En él se recuerda que Bush fue reelecto por apenas 3,5 millones de votos; en esa oportunidad, 8 millones de latinos estaban habilitados para votar pero pocos lo hicieron. Claro que si ahora se les promete la regularización de todos los indocumentados, políticas de discriminación positiva que mejoren los logros escolares de los hispanos o menos muros en el horizonte, puede que se sientan más motivados para ir a las urnas.
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