Amistad, amor y consumo en Nueva York
ex and the city» fue filmada cuatro años después de que culminara la última temporada de la serie. Nos ubica rápidamente en la vida de las cuatro «chicas», a las que se les nota el paso del tiempo: han asumido sus vidas afectivas en pareja, consolidaron sus carreras profesionales dos de ellas ensayan maternidades- y transitan sin complejos de culpa la cuarta década de sus vidas, con todo el confort y el lujo que el estilo de vida elegido les permite.
Tal vez esta sea la crítica más fácil de hacer, la que ya la serie ha recibido en numerosas oportunidades y que la película explota frente a todos los motivos que se le presentan: mucha alta costura, consumo abiertamente consumista por momentos- de marcas y diseños que nos recuerdan el sello inconfundible de pertenencia a la ciudad que se cree, con justicia, el centro mundial de la moda.
Y es que Nueva York es la otra gran protagonista de esta historia, una ciudad que las cuatro protagonistas aman incondicionalmente y que Samantha (Kim Cattrall) extraña tanto como a sus amigas en su bonito apartamento de Malibú, Los Angeles. Con nieve o sin ella, la ciudad aparece en todas sus tonalidades para acompañar la atmósfera emotiva de las chicas. ¿Quién no recuerda la voz en off de Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker), declarando su amor incondicional por la ciudad en más de un capítulo de la serie televisiva?
INCONDICIONALES
Pero si hay algo que identifica a la serie y se destaca claramente en la película, es la amistad incondicional de las cuatro protagonistas, que va más alla de los encuentros para beber un clásico Cosmopolitan en el centro de Manhattan, mientras comparten charlas inolvidables sobre sexo, amor, maternidad y realizan agudas radiografías de amantes o parejas masculinas. Esas «típicas conversaciones de mujeres», que ha llevado a que muchos digan que este producto es sólo para consumo y regodeo femenino, giran ahora en torno al presente de las cuatro mujeres, cuarentonas y maduras, asumiendo compromisos y responsabilidades que no se pueden eludir con la misma facilidad que en los años juveniles.
Así surge la idea del matrimonio de Big y Carrie, pero también la crisis matrimonial de Miranda (Cynthia Nixon) y Steve o el embarazo inesperado de Charlotte (Kristin Davis) y el aburrimiento de Samantha tras cinco años de monogamia y segundo plano laboral por su pareja.
Muy divertida la escena en que ayudan a empacar a Carrie sus 20 años de vida en el apartamento de soltera, con música ochentosa y desfile de modelitos incluido. Absolutamente conmovedor el cuidado, la oreja y el afecto brindado a la misma Carrie durante la estadía en el hotel mexicano, a la vez que sus amigas le resuelven todos los detalles para enfrentar su nueva situación.
AMOR SIN ETIQUETAS
El amor tiene la centralidad que se merece y que tuvo siempre en las cuatro protagonistas, tan distintas entre sí pero tan entrañablemente unidas aun cuando al amor, por supuesto, la culpa, tan femenina, por asumir o justificar las equivocaciones de los otros, los protagonistas masculinos que causan sufrimiento y heridas difíciles de sanar. ¿Hasta dónde se puede perdonar, retomar una relación o estar dispuesta al salto al vacío y elegirse nada más que a sí misma? Esas respuestas que siempre pueden generar dudas, insatisfacciones o finales infelices, lejos de los cuentos de hadas en los que seguimos creyendo tal como lo asegura Carrie-, pese al desencanto y a las búsquedas de auténtica realización personal en todos los terrenos, dependen en la película del perfil y carácter que tienen cada una de las protagonistas. Desafortunadamente, en la vida real es un poco más complejo saber cuál es la decisión correcta a tomar, en nombre del amor pero también en nombre del autorrespeto y para ser respetadas en nuestra individualidad como pareja.
Lejos del glamour, los compromisos se renuevan, aparecen nuevos desafíos y las amigas festejan como siempre que están juntas, que se quieren y que están dispuestas a seguir siendo fieles a sí mismas tanto en envase como en contenido en el amor y, sin duda alguna, en la vivencia de la sexualidad, tema la serie se ha encargado de reivindicar con más justicia que la película.
Menos hedonistas, con otras inquietudes, las chicas crecen y demuestran que la felicidad se construye desde múltiples lugares, aunque la soltería femenina sigue siendo una obsesión difícil de sortear así se trate de Nueva York y de mujeres que viven con plena autonomía económica.
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