Quisiera hacerte algunas preguntas sobre la sexualidad en la tercera edad, pues si bien me falta para llegar a ella, me está preocupando ver la cantidad de varones que se quejan de haberse llevado siempre bien con sus mujeres y que en esa etapa ellas no quieren más sexo. Gracias desde ya por tu respuesta.
Está de más que diga que no hay dos personas iguales y que, por lo mismo, también podemos encontrar múltiples formas de vivir la sexualidad en esta etapa de la vida. Sin embargo, podría hablar de dos grandes grupos en los que es posible abarcar a la mayoría de las personas que tienen más de 60 años. Uno sería el de aquellas que, con los años, las enfermedades, las pérdidas afectivas, nuevos intereses que surgen, le quitan importancia y dejan de darle un lugar a sus vivencias sexuales. Otro, el de las que sigue considerando que la expresión de la propia sexualidad es imprescindible para sentirse bien y con apego a la vida.
En el primer grupo se encuentran muchas mujeres que, al terminar biológicamente la etapa de vida en la que tenían capacidad reproductiva, pierden el interés por la sexualidad placentera, como si fueran inseparables una de otra, o las que, por la rutina o el egoísmo de sus parejas, hace tiempo que no tenían orgasmos y que aceptaban por “obligación” o para que el marido no se les fuera con otra.
También hay algunos varones que, al comenzar a tener dificultades con la erección, temen hacer lo que ellos consideran “papelones” y se abstienen de tomar todo tipo de iniciativas en este sentido.
En el segundo grupo hay muchas mujeres que, ya liberadas del control anticonceptivo y de los hijos pequeños e incluso adolescentes, ven llegado el momento en sus vidas de disfrutar con mayor entusiasmo de su sexualidad. Incide en esto, biológicamente, la disminución de las hormonas femeninas que permiten que la testosterona (hormona masculina que se relaciona con el deseo sexual) aumente la proporción en su organismo.
Los varones de este grupo van a ensayar todos los recursos que la ciencia les aporte para mantenerse activos sexualmente, o van a buscar aumentar los estímulos que provoquen su excitación. Y es normal que así sea.
El problema es que sus mujeres que fueron educadas para que la “esposa y madre” no tenga sexo si no es boca arriba, no hace sexo oral porque eso es “cosa de prostitutas” y no permite cambios en los juegos, como ser el agregado de algún tipo de aparato, y no están preparadas para las nuevas necesidades de su pareja.
Aunque siempre hay excepciones, por lo general el varón que a los 20 años miraba a una mujer o se la imaginaba y ya lograba una erección, a los 40 no le es suficiente estímulo esto y requiere tocarla para obtener ese mismo resultado; pero, cuando llega a los 50-55 se da cuenta que necesita ser estimulado de otra forma para excitarse adecuadamente y tener una buena erección que le permita la penetración.
Cuando hace esta demanda a su esposa, alguna acepta, pero otra directamente se niega. Con los años, ese marido que era activo y hacía todo el esfuerzo para que la relación sexual con coito fuera un éxito le pide a su mujer, que se acostumbró a ser pasiva, que haga ella todo el esfuerzo que él hizo. Hay muchas que no tienen interés o no se encuentran preparadas o tienen prejuicios o se cansan porque implica un mayor trabajo y van esquivando la relación sexual (sueño, dolor de cabeza, cansancio, etc.)
En realidad, esto sucede especialmente cuando la pareja no expresa ni manifiesta sus sentimientos habitualmente, los reserva sólo para la cama o no tiene suficientes juegos previos sino que va directamente a lo genital o muy rápido. Entonces la mujer comienza a rechazar hasta un beso o un abrazo, porque intuye lo que viene después como demanda.
El tema del sildenafil no es una solución que sirva a todas las parejas pues, aunque el varón tome la pastilla, es necesario que reciba estímulos para que tenga la erección y también para que sienta deseos sexuales. Asímismo, puede suceder que la mujer se sienta presionada porque su compañero “tomó la pastilla” sin consultarla, se lo anuncia después y como que no la pueden desperdiciar. Aunque no me lo preguntaste, te confirmo que no existe aún el medicamento equivalente para las mujeres.
El proceso de la mujer va a depender de cómo sea el vínculo con su pareja. Si compartieron desde siempre las iniciativas y la responsabilidad del éxito de cada encuentro sexual, seguramente se adaptará mucho más fácilmente a las variaciones y pondrá de su parte para que sigan teniendo el resultado deseado de placer de los dos.
Al bajar la producción de estrógenos, es posible que la mujer necesite de más estímulos también para excitarse y lubricarse, o que deba agregar algún gel o crema evanescente en esas circunstancias. También puede suceder que, al aumentar la proporción de testosterona en su organismo, el deseo sexual aumente en vez de disminuir. Si su pareja tiene esto en cuenta, es posible que sigan entendiéndose bien.
La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 9084510, al e-mail solmar@chasque.net o a la redacción de La República de las Mujeres Avda. Garibaldi 2579, Montevideo. No responderá preguntas hechas a su celular por sms.
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