el abuso sexual infantil en los medios
nte la andanada de denuncias de casos de abuso sexual infantil que se disparó a partir del asesinato de la niña Pamela Silva en Maldonado, inundando espacios de prensa, radio y televisión, no faltaron periodistas que confesaran públicamente su desconcierto. ¿Cómo abordar adecuadamente este tema en los medios de comunicación?
La preocupación genuina y atendible por un lado, y por otro la evidencia de tratamientos periodísticos que priorizaron los detalles más morbosos de los hechos delictivos, cargados de estereotipos y hasta justificaciones, amén de propiciatorios de una gran exposición de las víctimas, despertaron en la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual la urgencia por habilitar un ámbito de encuentro con periodistas, libre de discursos admonitorios y pleno de disposición a escuchar y escucharse.
La socióloga Teresa Herrera, co-coordinadora de la Red, asumió el desafío de conducir el intercambio, a partir de la presentación de un caso que funcionó como disparador y una información de prensa modélica de lo que no debe hacerse.
EL QUE Y EL COMO
En un auditorio mayoritariamente femenino, donde coincidieron técnicas de la Red, representantes de agencias de Naciones Unidas (Unpfa, Unifem, Unicef) y periodistas de diversos medios, no costó que fluyera el diálogo.
¿Por qué constituyen una noticia que nadie se quiere perder, y hasta propician la competencia en su destaque, los casos de abuso sexual infantil? Las y los profesionales defendieron su obligación de informar sobre lo que sin duda es parte de la realidad social y habla de vulnerabilidades y de valores, sin perjuicio de reconocer que su alto grado de brutalidad y morbo conecta con estrategias de mercado a las que los medios son muy sensibles: se trata de un producto con altas posibilidades de incrementar ventas.
Coincidiendo en que el problema no es el qué sino el cómo se informa, se habló de poder y de carga ideológica con la que la información es transmitida, confrontada con la necesidad de prevenir, proteger, respetar.
La exposición de las víctimas a través de la noticia fue objeto de análisis puntual. Aunque se preserven nombres y apellidos, es frecuente que se hagan públicos datos más que suficientes para identificar, sin parar mientes en que las personas tienen que seguir viviendo e interactuando en su comunidad, y ese tratamiento periodístico no hace más que consolidar el estigma en una sociedad todavía muy cargada de prejuicios.
Otro item delicado fue el de las responsabilidades. La imperatividad de informar de los periodistas y la priorización de ventas y rating de las empresas periodísticas, se confrontó con la ética profesional y empresarial en el marco de derechos humanos violados. A la defensiva afirmación de que cuidar a las víctimas no es trabajo de periodistas sino de técnicos, se contestó que sin duda se trata de un trabajo de todos. Hubo quienes advirtieron que ninguna noticia es ingenua y quienes pusieron el acento en la responsabilidad social de los medios, sobre todo en momentos en que tienen un protagonismo estelar, producto de su poder en la formación de opinión pública. Tampoco estuvo ausente la responsabilidad de quienes consumen la información de los medios. Si éstos se esfuerzan por vender, también les importará el rechazo de sus audiencias, que puede expresarse de diversas formas (llamadas, mails o cartas a las direcciones, por ejemplo), en lo que constituiría un ejercicio activo de la ciudadanía.
COMPLEMENTARIEDADES
Visibilizar el abuso sexual en los medios puede ser una oportunidad para aportar datos y enfoques que amplíen la conciencia y sensibilicen sobre su gravedad. Pero la principal fuente de estas noticias es la policía, que aporta poco más que la forma en que sucedieron los hechos. Impedidos de la voz de la víctima y del victimario, -este detenido e incomunicado, desconocido o prófugo- y también de la de los operadores judiciales por el secreto del sumario, el recurso más a mano de los periodistas para agregar elementos a la nota suelen ser los vecinos, una fuente poco confiable por su grado de subjetividad al calor de los hechos (y de las cámaras).
Los técnicos están distantes en el momento en que las y los periodistas más los necesitarían para redondear sus productos. Esta afirmación a varias voces remitió a una tradicional modalidad de relacionamiento entre unos y otros, signada por el desencuentro y la desconfianza. En este sentido, la Red Uruguaya contra la Violencia Doméstica y Sexual asumió el compromiso de poner inmediatamente a disposición de periodistas interesados los datos de teléfonos celulares que faciliten la pronta ubicación y generar insumos para facilitar la tarea periodística, fundamentalmente en materia de conceptualización y contexto.
Juan José Calvo, representante auxiliar del Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa), quien siguió con interés las instancias del encuentro, sorprendió con un ofrecimiento: generar condiciones (básicamente recursos) para que sea posible pensar en la continuidad del intercambio, a través de un programa específico. La Red recogió el guante y se prepara para concretarlo.
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