heridas que no se ven

onvocada por la doctora Adriana Arturo, titular del Juzgado de Familia Especializado en violencia doméstica y aplicación del Código de la Niñez y la Adolescencia de 4to Turno, Maggie Escartín participó de un encuentro organizado por la Asociación de Magistrados del Uruguay y la organización no gubernamental Somos, que trabaja en abuso sexual y violencia contra infantes y adolescentes desde hace varios años. La actividad contó con el apoyo del Ministerio de Desarrollo Social, a través del Programa Infamilia que gestiona esa dependencia, además del auspicio del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay.

 

ESTRATEGIAS PARA PREVENIR

Escartín se especializó en prevención y recuperación de situaciones de abuso sexual y de violencia doméstica en niñas y niños de 5 a 12 años, tarea en la que lleva más de 16 años. Actualmente se dedica a la psicoterapia, aunque durante mucho tiempo ocupó lugares de responsabilidad en el gobierno de Australia, tanto en el Departamento de Salud como en el de la Niñez.

La psicoterapeuta también ha trabajado con mujeres adultas víctimas de abuso sexual y con adolescentes, aunque reconoce que los últimos no son su fuerte. Ella cree que lo novedoso de su planteo, para algunos países como el nuestro, está en la idea de la prevención a pesar de que en naciones como Australia y Estados Unidos «se practica prevención desde 1975″, con metodologías que fueron cambiando con el tiempo.

No obstante, Escartín no da todos los créditos al trabajo de prevención y afirma que es sólo «una estrategia más a seguir» para combatir el abuso sexual, uno de los temas más ocultos en nuestras sociedades porque, en general, se registra a nivel familiar o del núcleo cercano al niño o la niña, y ponerlo en palabras suele ser para los demás integrantes una tarea difícil, que se trata de evadir.

La prevención, lejos de lo que podría pensarse, no debe enfocarse en una «población de riesgo». En la lectura de la especialista, tal cosa no existe y, por el contrario, «todos los niños están en riesgo» ya que no se trata de un problema específico de un sector de la sociedad sino de la misma sociedad en su conjunto. Aunque a su juicio es importante reforzar la prevención en niños que ya han sufrido abuso, para evitar la revictimización.

 

NIÑOS Y NIÑAS NO INVENTAN

Para Escartín, el abuso infantil no es un tema que los países o las personas deban tratar «porque lo diga un código: hay que hacerlo porque es un derecho natural, un derecho humano, como el derecho de comer y el de tener un techo», aunque reconoce que culturalmente, sobre todo familias de «nivel social y educativo más elevado, minimizan la existencia de este problema».

A su vez, y confrontando una respuesta fecuente del mundo adulto, Escartín asegura que un niño o una niña «no inventarían una cosa por el estilo, no se les ocurre algo que es de una mentalidad adulta», por lo que no corresponde el descrédito que a veces se da a su palabra en temas como este: siempre hay que escucharlos, porque deben estar avisando de algo que está efectivamente pasando.

El curso que brindó para trabajadores del Poder Judicial y educadores de distintas áreas, organizado por la Asociación de Magistrados del Uruguay y la organización no gubernamental Somos, es el mismo que viene realizando en doce países diferentes, y que toma como base el «Manual de conducta de autoprotección, Save The Children», escrito por Escartín pero que no está a la venta sino circulando entre las organizaciones que trabajan en el tema.

Dicho curso aportó a las y los participantes conocimiento sobre «los elementos que entran en la prevención», además de mostrar a través de los juegos que propone el propio manual, «cómo puede enseñarse a los niños la prevención de situaciones de riesgo, no sólo del abuso sexual sino en general».

La propuesta de Escartín implica un cambio de perspectiva respecto a la prevención, ya que coloca la responsabilidad en los adultos. Durante mucho tiempo esta se vino descargando en los propios niños, a quienes se les pedía atención en sus actitudes y»no mostrar sus partes íntimas», cosa que en muchos casos aún no saben cómo hacer.

El problema más grande que se presenta como barrera en los casos de violencia o abuso de niñas y niños, es que en muchos casos lo silencian «y pasan años y años sin decirlo». Esto fundamentalmente se asocia al fuerte control que ejercen sobre ellos sus agresores, aunque hay algunas situaciones en que es fácilmente detectable: cuando ejercen el abuso sobre otros niños «es porque están siendo abusados», asegura la experta.

 

FORTALECER LA AUTOESTIMA

Fortalecer la autoestima es fundamental como estrategia, porque en general «el niño y el adolescente no se dan cuenta de que están siendo abusados», y es muy difícil de detectar «a no ser que haya muestras médicas», que no siempre se presentan. «Es una lástima que en muchos países lo único que sirve para justificar es una prueba en el cuerpo», que busca el perito a nivel judicial.

«Es terrible -objeta Escartín- porque esa no es la única prueba» y, aunque no quede ni una marca, por ejemplo en casos de sexo oral u otros mecanismos de abuso, el aspecto psicológico debe ser considerado. La palabra «es la gran prueba» de que algo está pasando con ese niño, «porque el lenguaje del niño que está siendo abusado no es de él, es uno que adquirió, que repite de un adulto que lo manipula».

«Yo creo que no hay que concentrarse en cómo descubrir el abuso, sino que más vale tratar de que lo chicos tengan una buena estima, que tengan una buena relación, que los padres sean protectores de sus hijos y tengan buena comunicación», asegura Escartín, además de hacer hincapié en enseñarles a observar los propios signos de su cuerpo frente al miedo.

Enseñar en esto es «enseñar a los niños pero también a los adultos, y esto es lo más difícil», dice, porque las técnicas que los padres más emplean, tales como «si alguien te hace algo tú le dices que no o tienes que contarle a alguien, no resultan» . Lo primero es enseñar a detectar las situaciones de riesgo, observando sus reacciones corporales: «la piel de gallina, el nudo en el estómago», por ejemplo.

Escartín evalúa que la aceptación de su propuesta se debe a que «muchas veces no se sabe cómo actuar».

A la vez valora el alto compromiso de los actores en la materia de nuestro país, por lo que no fue necesaria una «sensibilización», y reconoce el importante caudal de trabajo académico «desconocido» que se mostró «abierta a conocer».

En cuanto a las estadísticas de abuso en Uruguay, considera que «son casi las mismas en todo el mundo».

A su juicio, siempre resulta que «las niñas son las más abusadas», aunque no hay una gran diferencia: una de entre 4 y 6 niñas recibe algún tipo de abuso antes de cumplir los 18 años, y un varón de entre 5 y 7 es víctima de abuso antes de su mayoría de edad.

Lo que sucede es que «los varones lo hablan menos y allí hay un problema de género en el que debemos trabajar», concluye Escartín.

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