Los políticos no tienen apuro

No se logró. Los acuerdos alcanzados en comisión se desbarataron en la primera sesión plenaria del Senado el 14 de mayo. El 21 tampoco se pudieron amarrar, ni en la mañana ni en la tarde, y la pelota se tiró para el miércoles 28.

Los políticos no tienen apuro por ver mayor número de mujeres en las bancas parlamentarias, lo que sería factible si se aprobara la cuotificación de los cargos electivos.

No es mucho lo que se demanda: que al menos una de cada tres candidaturas en las listas sea femenina. Pero eso resta bancas -es decir, poder- a quienes se siguen sintiendo dueños de la cancha.

Para las elecciones de 2004, los senadores blancos votaron el «Programa para un gobierno de compromiso nacional», que incluye «bregar por la cuota de participación de la mujer en el ámbito legislativo». Pero hoy a lo sumo están dispuestos a aceptar que las cuotas se apliquen recién en el 2014 y por una sola vez en el ámbito nacional y municipal, según la propuesta aditiva que presentaron en la última sesión.

Se resignarían a que rijan desde 2009 para la integración de los órganos partidarios y las elecciones internas, lo que el Frente Amplio resistía pero al final acepta siempre y cuando la aplicación a cargos electivos parlamentarios y municipales al menos abarque tres períodos electorales a partir del 2014.

Así, la pelota fue y vino hasta que se lanzó a lo lejos por una semana más.

En el recinto, se escucharon argumentos que abonan la crencia generalizada en filas masculinas: «la política es de hombres».

Desde las barras, muchas mujeres -entre ellas diputadas, altas funcionarias gubernamentales como la subsecretaria de Turismo Lilián Kechichián, integrantes de organizaciones de mujeres y ciudadanas en general- asistieron, entre enojadas, irónicas y avergonzadas a una sucesión de lugares comunes del machismo vernáculo. Como desde allí no podían expresarse en alta voz sin correr el riesgo de ser desalojadas, algunas usaron otros recursos: a medida que se profundizaba el pantano en el que naufragaba el proyecto de ley, fueron cubriendo sus cabezas y rostros hasta ofrecer un aspecto similar al de las mujeres musulmanas.

El mensaje era obvio: simular la cultura donde las mujeres son muy discriminadas, aunque a nivel parlamentario por lo menos duplican la representación que tienen las uruguayas.

Los varones se molestaron, cuándo no. Dijo el senador nacionalista Enrique Antía: «No vamos a permitir que se nos estigmatice y se nos compare con países islámicos».

A su par Carlos Moreira le preocupa que con la cuota se deslegitime el sistema político, porque «la legitimidad del voto popular es lo más grande de la democracia». Si las mujeres -52% de la población- no están, ¿de qué democracia habla?

Impávido ante las barras llenas -claro que advirtió que no hablaba «para la tribuna»- otro nacionalista, Alberto Heber, lo dijo clarito: así como los hombres son prescindibles para el cuidado de la prole y para gobernar una familia, las mujeres son inprescindibles y eso las aleja de la política. Además hay que participar en reuniones «de noche» y el fin de semana ir al interior… ¡Mujeres pa´las casas, que no ni no!

A Gustavo Penadés parece que le preocupa que de repente se vaya a sentar a su lado una estrella de «Bailando por un sueño», y a Jorge Larrañaga -aunque es el más consecuente en el apoyo a la cuotificación- que las mujeres no votan a mujeres.

Eber Da Rosa fue enigmático: «Acá no se puede cobrar al grito de minorías con una fuerte dosis de fanatismo». ¿Cuáles son las minorías?, ¿pretender la equidad es fanatismo?

Al frenteamplista José Mujica la cuota no le convence, pero decidió votarla a ver qué pasa. Igual cree que las mujeres deben esforzarse más. Moreira concuerda: «hay que sudar la camiseta».

Seguramente cansada de tanta exigencia, la senadora Susana Dalmás les contestó tajante que, de tanto sudar la camiseta, deshidratadas llegaron al Parlamento las que llegaron.

En un rapto de sinceridad, el blanco Francisco Gallinal interpretó el sentir de muchos de los legisladores presentes: «A todos nos complica» la cuota.

Conciliador, el colorado Julio María Sanguinetti invocó «las muy honorables transacciones políticas» que permitan llegar a un acuerdo y votar afirmativamente el próximo miércoles. Que así sea.

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