unión concubinaria: del dicho al hecho

El diputado Diego Cánepa, redactor de la Ley de regulación de uniones concubinarias; la docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de la República, abogada Luz Calvo; el psicólogo Bruno Ferreira, cofundador y codirector del Centro de Estudios de Género y Diversidad Sexual, y la psiquiatra Clara Fassler, coordinadora de la convocante Red Género y Familia, se reunieron en torno a una mesa para realizar un aporte multidisciplinario respecto de las ventajas y dificultades de la aplicación de la mencionada norma.

Del otro lado de la mesa, un público fundamentalmente integrado por actores del ámbito jurídico (jueces, abogados, escribanos) y representantes de colectivos de la diversidad sexual, probó la avidez por conocer y entender los mecanismos del nuevo ordenamiento.

Mientras Cánepa y Calvo aportaron su perspectiva como abogados, Ferreira y Fassler echaron luz sobre las implicancias a nivel cultural y simbólico de la legitimación de diversas formas de uniones afectivas que la sociedad practica pero que la ley no había tenido en cuenta hasta ahora.

 

AVANCES Y DIFICULTADES

Desde la Red Género y Familia, cuyos cometidos son generar el reconocimiento y legitimación de los distintos tipos de arreglos familiares y la promoción de la equidad de género y entre las distintas generaciones, Fassler tomó a su cargo el merecido homenaje a quienes, desde sus bancas legislativas, «batallaron la aprobación de esta ley durante más de 15 años», fundamentalmente Margarita Percovich, Diego Cánepa y Daniel Díaz Maynard.

Desde 1994, y a través de diversos aportes teóricos, esta Red intenta acercar a la política aquello que la sociedad ha ido construyendo y modificando en sus valoraciones, «un pensamiento y un sentir favorable al respeto por los derechos humanos que se expresa tanto en su legislación (Código de los derechos de niños, niñas y adolescentes, la Ley de violencia doméstica, entre otras normas) como en las políticas y en el debate público a través de los medios de comunicación».

En opinión de Fassler, producto de ello y representación de estas nuevas formas de entender los vínculos como sociedad, son, por ejemplo, los cambios que marcan una voluntad política de avanzar hacia la equidad, la no discriminación y el respeto por la diversidad, explicitados en el programa del actual gobierno.

«El número cada vez mayor de uniones concubinarias en los últimos 20 años como parte del proceso de transformación de las familias», así como un cambio en los valores y formas de vincularse de la sociedad uruguaya, hicieron posible la aprobación de la Ley 18.246, precisó la experta.

No obstante, su aplicación también presenta dificultades -determinadas fundamentalmente por «el escaso tiempo que ha transcurrido desde la promulgación de la ley»- y que son, entre otras, la necesidad de asesoría jurídica para quien quiera acceder al amparo de la misma; su amplitud, que obstaculiza la rápida apropiación por parte de jueces, abogados y demás operadores directos, y su escasa difusión a nivel social y de medios de comunicación.

En cuanto a las consecuencias sociales de la ley, Fassler destaca que la misma «reconoce explícitamente al concubinato como una modalidad legítima de vivir en pareja; reconoce y define derechos y deberes entre los miembros de la pareja y respecto del conjunto de personas que componen el entorno familiar (ex cónyuges, hijos)», además de definir obligaciones del Estado respecto del concubino/a y mostrar la legitimidad de las parejas no heterosexuales (homosexuales, lésbicas)».

En términos más globales, además la ley «implica avances significativos en el reconocimiento de la diversidad y la equidad como principios orientadores de nuestra sociedad», y pone en evidencia «una verdad soslayada sistemáticamente» como lo es la realidad de diversos modos de construir la pareja y vivir la sexualidad por parte de las y los uruguayos.

Por otro lado, para Fassler esta ley contribuye a generar formas de convivencia más transparentes, «menos hipócritas» ya que se tienen en cuenta las opciones de los integrantes de la sociedad, más igualitarias y más democráticas, haciendo posible además la construcción de individuos más «libres, responsables y dignos».

 

LO QUE FALTA  PARA EL CAMBIO REAL

Bruno Ferreira valora los distintos avances en materia de reconocimiento de los derechos de la diversidad sexual, como la ley que prohíbe toda forma de discriminación por razones de identidad u orientación sexual, la declaración del Mercosur de 1998 sobre sus derechos laborales, la ley que crea la Comisión de lucha contra la xenofobia y toda forma de discriminación que el psicólogo integra y, finalmente, la Ley de Unión Concubinaria, que «es un avance cualitativo».

Sin embargo, parafraseando al filósofo francés fallecido en 1984, Michel Foucault, Ferreira advierte que si bien «es imprescindible que las personas homosexuales luchen por sus derechos y sus uniones estén contempladas por la ley, este no debe ser el fin». A su juicio , la ley es importante, pero «si no se crean las condiciones materiales y simbólicas para que esa ley pueda estar al alcance de todo el mundo, difícilmente se termine produciendo un cambio».

Como ejemplo recuerda que, a un año de funcionamiento de la Comisión contra la xenofobia y todo tipo de discriminación, sólo cinco denuncias por discriminación sexual han llegado a ella. Entonces, «¿en qué se falló?, ¿en la ley, en difundirla, explicarla?, ¿es que la gente no tiene formación?» .

Para Ferreira, «si esa ley no construye una realidad nueva en el imaginario colectivo, una forma vincular erótico afectiva válida a nivel de toda la sociedad, difícilmente se va a hacer uso de esa ley» y, en cambio, persistirá la «homofobia internalizada» que todos tenemos, en forma por ejemplo de «excusas formales para rechazar una ley por motivos ideológicos».

Para las personas gay, por ejemplo, se genera un » registro a través del cual, como toda mi vida se me dijo y supe que no tenía derechos, cuando sale una ley, no la tomo como propia. Los sicólogos, tenemos que hacer una gran tarea de desprogramación en esas subjetividades», asume Ferreira.

 

ENTRE LO JURIDICAMENTE CORRECTO Y LO POLITICAMENTE POSIBLE

Aclarando que los legisladores no son especialistas en todos los temas que tratan, el diputado Cánepa salió al paso de críticas provenientes del ámbito jurídico y zanjó la cuestión afirmando que «la intención del legislador quedó plasmada: con la ley de Unión Concubinaria se crea un nuevo estado civil».

«Para muchos, llevar la discusión a si se trataba de un estado civil era escándaloso; aunque yo explicité como redactor mi interpretación, para ciertos sectores implicaba, desde el punto de vista político, la destrucción del matrimonio, la familia y no se cuantas cosas más», evocó Cánepa. Tal situación llevó a que se decidiera que el acto legal no se realizara en el Registro Civil sino en los juzgados.

«Yo no sé si la ley genera o cambia paradigmas, pero si sé que promueve el avance cultural. Es importante saber que lo jurídicamente correcto está muy alejado muchas veces de lo políticamente posible. Lo que está claro es que no es lo mismo tener que no tener una ley que legitime esto», afirmó el diputado reconociendo que hubo una fuerza social que habilitó votarlo: «No de casualidad se usó unión concubinaria y no concubinato, definido por la Real Academia como unión de un hombre y una mujer».

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