la democracia de los iguales

n Uruguay y en lo que refiere a la cuota política, si una presta especial atención podrá divisar como flamean las banderas de la doble moral patriarcal entre los tumultos reaccionarios, progresistas, de derecha, neoliberales, de centro y hasta otrora revolucionarios.

Resulta asombroso el diccionario de la inequidad. Siempre hay páginas en blanco para introducir nuevas malas palabras, según sea la necesaria justificación de exclusión que la contemporaneidad imponga en aras de conservar los espacios de poder.

Los seudos argumentos se codean con los fundamentalismos y, en el mejor de los casos, se deslizan entre voluntades políticas encorsetadas, simbólicas y temerosas de la acusación de indisciplina partidaria.

Los iguales masculinos de antaño, de ayer y de hoy, discuten si las desiguales podemos penetrar en sitios donde las bancas no se multiplican y seguramente algunos de los iguales deban abandonarlas para que una desigual tome su lugar. El hecho que los incluidos polemicen entre cuatro paredes suntuosas si incluirán a las excluidas, es un proceso bochornoso del que millones de mujeres somos simples y pasivas espectadoras.

De continuarse la discusión entre quienes se parapetan en el poder, alianzas estratégicas, coaliciones tácticas, complicidades, disciplinas y negociaciones, irremediablemente la democracia de los iguales continuara estando garantizada.

Y de ese tipo de democracia, las mujeres no podemos esperar más que ser convocadas en tiempos de campaña para repartir listas electorales, apoyar la candidatura de alguna fémina infiltrada en el sistema y aplaudir en los discursos que contengan promesas de equidad.

De no existir una acción afirmativa que afecte la realidad a través de la transformación y contemple el acceso paritario bajo el imperio de la ley, ese grupo dominante ni por cortesía abrirá las puertas del poder político.

Con esta triste realidad nacional a la vista, opto por parafrasear a una humana a quien hace años oí decir algo así: yo voy a creer en la igualdad entre el hombre y la mujer, el día que vea una mujer absolutamente incapaz, inoperante, ineficiente e ineficaz ocupando un cargo de dirección.

(*) Abogada.

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