derechos sexuales y reproductivos: nuevos desafíos

a Intendencia Municipal de Montevideo fue sede del IV Congreso Latinoamericano sobre Salud y Derechos Sexuales y Reproductivos y del I Congreso Nacional sobre el tema, que se realizaron los días 10, 11 y 12 de abril. Organizados por la Sociedad Uruguaya de Salud Sexual y Reproductiva e Iniciativas Sanitarias, contaron con expositores de diversas disciplinas y países: México, Colombia, Estados Unidos, Paraguay, Argentina, Perú, Chile, Brasil, Ecuador, Cuba, Puerto Rico y Holanda, entre ellos.

Dos mesas redondas abordaron aspectos estratégicos. Bajo el lema «Nuevo milenio- nuevos desafíos- nuevos roles en la defensa y promoción de los derechos sexuales y reproductivos», la primera fue presentada por Frances Kissling, presidenta de la organización Católicas por el Derecho a Decidir con sede en Estados Unidos, y moderada por la periodista argentina Mariana Carvajal. La segunda se enfocó en «El drama del aborto: en busca de un consenso», con la participación de Aníbal Faúndes, investigador chileno que trabaja desde hace 25 años en Brasil y la moderación del periodista uruguayo Joel Rosemberg.

La integración de los paneles privilegió la interdisciplinariedad, por lo que coincidieron abogadas, militantes feministas, médicos y representantes de diversas organizaciones de la sociedad civil.

 

FRANCES KISSLING: VAMOS GANANDO

Un acercamiento a la historia del movimiento de mujeres en el mundo, permitió a Frances Kissling mostrar cómo la gente ha tenido que ir «contra la sociedad para proveerse una planificación familiar». También hizo expresa su preocupación por la importancia que se da a nivel profesional a la generación de embarazos para contrarrestar la infertilidad, mientras que se olvida la prevención de los embarazos no deseados.

En el marco de lo que llama «retroceso de los fundamentalistas», Kissling advierte que «hoy la atención se enfoca en el feto» y esto fortalece los argumentos que colocan al movimiento a favor de los derechos sexuales y reproductivos en el lugar de quienes están en «contra de la vida», lo que se encuentra muy lejos de la realidad.

«Estas miradas del asunto son cuestiones que debemos tener en cuenta a la hora de comunicarnos con quienes no trabajan en el tema», y sobre todo no perder contacto con la «gente común», para preservar el carácter de político y social que ha caracterizado al movimiento de mujeres desde sus inicios, recordó Kissling, valorando que éste haya dejado de ser excluyente para pasar a buscar una concertación, ya que «queremos que los gobiernos participen» y aunque «tengamos miradas diferentes, nos interesa acordar con todos».

La presidenta de Católicas por el Derecho a Decidir puso énfasis en que, hoy por hoy, la lucha por el aborto legal ya no es tan «solapada» y en ámbitos como la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO), ya se puede escuchar «nombrar tema», cosa imposible hace unos años, de lo que deduce que de algún modo han cambiado los términos de la lucha.

En su opinión, «estamos aprendiendo a mejorar la decisión de las mujeres respecto de si quieren y cómo quieren tener hijos». A su vez, la relación médico-mujer se ha transformado, pues el primero «ya no es Dios» y por tanto ya no decide en nombre de la mujer sino que «hoy adquiere un valor instrumental», que tampoco es un modelo adecuado para nuestro siglo. «Debemos trabajar juntos en este desafío», aunque «estamos ganando el terreno de los derechos sexuales y reproductivos» y por tanto «nosotras somos las ganadoras».

 

EL VALOR DE LA INFORMACIÓN

Mariana Carvajal, moderadora del panel, convocó a centrarse en el desafío que dejó planteado Kissling: encontrar métodos para hacer llegar a las mujeres comunes el conocimiento sobre los derechos que se van ganando a nivel macrosocial.

Mónica Roa, abogada colombiana que gestionó una demanda judicial que tuvo como efecto la liberalización parcial del aborto en su país, puso como ejemplo el programa denominado «Del derecho a la realidad», que un grupo de jóvenes abogadas al que pertenece lleva adelante en su país, al que calificó como «una importante alianza médico jurídica a tener en cuenta».

Según Roa, el respaldo jurídico internacional que se ha integrado a nuestras constituciones en lo referente a derechos humanos tales como el derecho a la dignidad, la salud, la autonomía, fundamenta la defensa de los derechos sexuales y reproductivos en lo concreto. De lo que se trataría ahora es de buscar herramientas a través de alianzas, como la médico- jurídica, «ya que de nada nos sirve a las abogadas lograr reformas legales si después no hay médicos que las apliquen, y para los médicos también es importante saber que cuentan con el respaldo jurídico de las abogadas«.

«A los investigadores, al menos a los activistas, el acuerdo de El Cairo nos planteó un desafío: producir investigación que sirva para la acción», afirmó la investigadora argentina Mariana Romero. Ella entiende que la Plataforma de Acción emanada de la Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, realizada en la capital egipcia en 1984, compromete a generar información y teoría que no sólo sirva para interpretar la realidad sino también para transformar la vida concreta de las mujeres, bajando los derechos a la cotidianeidad.

Reconociendo que » la información que hacemos llegar a los usuarios no ha sido del todo efectiva», Mercedes Pérez, licenciada en Enfermería en Uruguay y actual docente grado 5 del Instituto Nacional de Enfermería en el Área Materno Infantil, destacó la importancia de incorporar a la currícula la formación en valores basada en el respeto a los derechos humanos y particularmente a los derechos sexuales y reproductivos, para lograr una integración de los mismos a la práctica profesional.

En nombre del Instituto Nacional de las Mujeres, Marta Piñeiro llamó a generar un cambio que permita pensar la relación médico-paciente de otro modo, comenzando a visualizar a las mujeres como «usuarias» y dejando de mirar al cuerpo «como organismo» para verlo como «cuerpo sexuado», a la vez que recordó que aún «ponemos el énfasis en la reproducción y no en la sexualidad, omitiendo por completo el placer».

 

«HACER CARNE» LOS DERECHOS

Para Consuelo Mejía, antropóloga egresada de la Universidad Autónoma de México y cofundadora de Católicas por el Derecho a Decidir, hay tres cuestiones centrales en el proceso de lograr que los derechos consagrados a nivel internacional y nacional lleguen a cada una de las mujeres: pasar de la protesta a la propuesta, lo que implica profesionalización; lograr un cambio cultural y generar una revolución de los valores. La implementaciòn de esos y otros cambios de la realidad es principalmente, a su juicio, «un deber del Estado».

Rebeca Gomperts, médica holandesa, activista y fundadora de Women on Waves (Mujeres sobre las olas) recorre a bordo de un barco dotado de una clìnica ambulatoria que provee abortos medicamentos, las costas de países donde la interrupción voluntaria del embarazo es ilegal. La atención se brinda fuera de aguas territoriales, en coordinación con organizaciones locales.

Para Gomperts, Internet es muy importante como medio de difusión de información de calidad que permita lograr «abortos seguros», y puede probarlo: el sitio de su organización – www.womenonweb.org – ha recibido en un año más de un millón, de visitas de las cuáles «sólo un 40% sabía de la existencia del aborto médicamentoso».

El doctor Leonel Briozzo, promotor en Uruguay de la política de «reducción de daños» a través de la atención pre y post aborto, implementada por ahora en la Policlínica de Salud Sexual y Reproductiva del Hospital Pereira Rossell y practicada en unos pocos centros periféricos, el objetivo primordial del
congreso que presidió era realizar una «aproximación proactiva y asertiva» a la realidad, porque «la salud y los derechos de mujeres y hombres en nuestro continente así lo reclama».

En su opinión hay tres niveles con respecto al tema: el ético normativo, el de los actores sociales y el de la concreción. «Los derechos son simples convenciones y el desafío es que se hagan carne en las personas a nivel local, porque es fácil decir pero de lo que se trata es de hacer, y para nosotros como médicos lo fundamental es cambiar la relación sanitaria», asegura.

 

FRENTE A LOS ARGUMENTOS OPOSITORES

El comentario de Kissling sobre los «nuevos argumentos opositores», que ahora «hablan de mujeres, de derecho a la vida o derechos humanos», dio lugar a un debate entre los panelistas, referido a cómo actuar, cómo responder a los argumentos, sobre todo eclesiásticos, basados en la imagen del feto por ejemplo. La activista está convencida que hay «responder positivamente al principio y luego dar una explicación a quien nos escucha», para no generar malestar en la gente que no maneja el tema. A esta estrategia la llama «teoría de la inoculación».

A Mónica Roa le preocupa que en varios países latinoamericanos la decisión última sobre la liberalización del aborto está quedando en manos de los jueces. El problema es que «tienden a confundirse y creen estar en condiciones de decidir debates científicos o decidir debates religiosos, y es necesario recordarles que cuando se les presenta una demanda para que estudien la constitucionalidad de la ley, lo único que tienen que hacer es cotejar esa ley frente a lo que dice la Constitución».

En cuanto a cómo responder a las imágenes que se usan como publicidad antiaborto y que llegan a ser «espeluznantes», Consuelo Mejía eludiría la confrontación, aunque considera importante resaltar que «como feministas y defensoras de los derechos humanos, defendemos la vida» y recuperar ese discurso que no es ajeno al movimiento de mujeres. En cada decisión de aborto hay una elección de qué vida se quiere traer al mundo, y en cada aborto realizado con seguridad se está defendiendo también una vida, recuerda la activista.

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