shoá, entre el horror y la esperanza

a forma en que «Shoá» intercalan los datos históricos a través de paneles, videos, instalaciones artísticas, testimonios de todo tipo e imágenes es sumamente original y novedosa en nuestro medio. También hay posibilidades de acceder a visitas guiadas y un especial interés por ofrecer ese servicio a grupos liceales. Al final del camino se ofrece un espacio de reflexión donde cada participante puede expresarse, si así lo desea. Hay que disponer de no menos de una hora para hacer todo el recorrido y atender a todos los detalles que se brindan.

Personalmente, fui un domingo por la tarde y donde me encontré con una asistencia de público numerosa y con dos extremos etarios muy marcados: gente muy anciana y gente muy joven (adolescentes, niños, jóvenes de no más de 20 años), cosa que me llamó mucho la atención.

La muestra parte de la pregunta: » ¿De qué somos capaces los seres humanos?», acompañada de una serie de imágenes que disparan en nuestro interior las posibles respuestas. La belleza de un artista danzando o un cuadro de arte moderno, la maravilla tecnológica de un cohete despegando hacia el espacio se cruzan con Pinochet, los desaparecidos uruguayos o las fosas comunes del Holocausto. Aunque casi nada de lo que veamos sea para muchos una «novedad», la muestra está muy bien pensada para impactar en nuestra razón y en nuestros sentimientos.

 

EL ASCENSO  DE LA IRRACIONALIDAD

Se parte de la constitución del Partido Nacional Socialista alemán en 1919 hasta llegar democráticamente al poder en 1933, cuando el canciller Adolf Hitler se deshace rápidamente de la democracia. Un video digital muestra fragmentos de algunos de sus discursos de esa época.

Los paneles donde se detalla la ideología nazi en toda su expresión nos recuerdan patéticamente cuantas de esas «justificaciones» discriminatorias siguen estando presentes en nuestras sociedades de hoy. Judíos, gitanos, homosexuales, los Testigos de Jehová, los discapacitados mentales y todos aquellos que se opusieran al nazismo, fueron perseguidos y denigrados por este régimen que tuvo muchos años por delante para perpetuar sus barbaridades frente a los ojos dormidos del mundo (y posiblemente esto sea lo más doloroso de asumir).

Las distintas políticas que fueron implementándose como el adoctrinamiento a través de la educación en los niños, la quema de libros, prohibición de artistas y cultura en general -que iban mucho más allá del antisemitismo- , el boicot a los negocios judíos, el episodio de «la noche de los cristales rotos» donde definitivamente perdieron todos sus bienes, los guetos, los campos de concentración, las cámaras de gas, van sucediéndose penosamente en nuestras retinas sin que podamos comprender aun cómo fue que pasó.

La falta de solidaridad internacional para acoger a todos aquellos judíos o europeos en general que quisieran emigrar, es otra de las páginas que nos recuerda qué difícil es saber donde están «los buenos» y donde «los malos». El barco de St. Louise, que no pudo desembarcar ni en Cuba ni en Estados Unidos y volvió a Europa condenando a buena parte de su sufrido pasaje a la muerte en manos del nazismo así lo testimonia. Pero también sigue indignando la conferencia de Evian, Francia, en julio de 1938, cuando el presidente de Estados Unidos, Franklin Delano Roosevelt y la mayoría de los países allí reunidos no aceptaron acoger más refugiados ni levantar sus cuotas de inmigración para evitar tanta masacre. ¿Acaso no siguen sucediendo cosas parecidas en el mundo de posguerra?

Y el silencio cómplice de la Iglesia Católica, ese mismo silencio que le hemos escuchado en nuestra historia reciente amparando dictadores y mandando al infierno a sus fieles infieles.

 

ESPACIO DE REENCUENTRO  Y RECONCILIACION

Cuando una siente que va a desfallecer entre tanto horror y barbarie ­excelentes las frases elegidas de Primo Levi, Hannah Arendt, Theodorn Adorno, entre otros y muy conmovedoras las cartas anónimas de judíos que alcanzaban a tirarlas de los trenes que los conducían a los campos de concentración, aparece un espacio de reencuentro y reconciliación con nuestra especie. Chispazos de luz de aquellos que hicieron todo lo posible por salvar vidas humanas, no importa a que «raza» o ideología política pertenecieran. Diplomáticos, pastores, gente anónima que entendió que esa era la única forma de actuar válida para salvar al otro y salvarnos a nosotros de la apatía y el egoísmo como los valores más preponderantes que definieran nuestra civilización.

Y las rebeliones, imposibles, absurdas, esas que siempre protagoniza el ser humano frente a la búsqueda irrenunciable de la libertad y la dignidad, aunque tan sólo sea con una piedra en la mano. Judíos partisanos en los bosques de Europa, en los campos de concentración, en el gueto de Varsovia… La liberación, la creación del Estado de Israel, la creación de las Naciones Unidas (ONU), la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esa que este año cumple los 60 años pero no tiene derecho a jubilarse, sobre todo teniendo en cuenta que no hemos aprendido a ponerla cabalmente en vigencia en casi ninguna parte del mundo.

«Shoá. Memoria y legado del Holocausto», declarada de interés nacional y municipal, puede visitarse hasta el 6 de junio de 2008 en el Centro de Exposiciones Subte, sito en Plaza Fabini, de domingos a viernes de 15.30 a 21 hs, hasta el 6 de junio de 2008.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje