una mirada de varones a "la cabeza" que deciden

La investigación sobre «El papel de los varones en el diseño e implementación de estrategias para la atención de la violencia basada en el género en el marco de la reforma del sector salud ­ Uruguay», presentada en el Ministerio de Salud Pública (MSP) el pasado 12 de marzo, es obra del Programa Nacional Prioritario Salud de la Mujer y Género de dicha cartera, y está centrada en las miradas masculinas de personas que ocupan cargos de decisión en los subsistemas público y privado de salud.

El equipo de investigación estuvo integrado por el doctor Carlos Güida, los psicólogos Jorge Rondán, Horacio Medina y David Amorín y el Mag. François Graña, quienes trabajan en el Programa de Condición del varón y salud de las mujeres que comenzó a desarrollarse en 2005.

Introduciendo la presentación de la investigación, la doctora Cristina Grela, directora del Programa Salud de la Mujer y Género, puso énfasis en la importancia del aporte teórico para «conocer las posibilidades y contrariedades que tiene el sistema para integrar la perspectiva de género en relación a las voluntades de quienes toman decisiones en salud», en este caso, los varones.

El estudio buscó «reunir evidencias del rol que ocupan los varones en las relaciones de género vinculadas a la salud» intentando evidenciar, a través de los discursos tanto de directores departamentales como de quienes atienden de forma directa a la población usuaria, las percepciones que tienen sobre la violencia basada en el género y sobre la violencia doméstica, tema que el MSP definió como » problema de salud pública».

El trabajo incluye un análisis documental sobre el papel de los varones y su incidencia en la salud de las mujeres, la realización de 32 entrevistas a pediatras, ginecólogos, psiquiatras, psicólogos, entre otras especialidades, y el aporte de dos grupos de discusión integrados con personas especializadas en violencia doméstica.

 

DISOCIACION ENTRE DISCURSO  Y PRACTICA

A través de las entrevistas, y a los que se intentó detectar el grado de conocimiento de la legislación vigente y las reglamentaciones del MSP que tienen los actores varones que toman decisiones en salud, las representaciones de género y su vínculo con la salud y con la violencia doméstica, sus lecturas de los que es ser un «verdadero hombre», además de sus actitudes personales ante situaciones de violencia doméstica y las posibles propuestas de abordaje.

Algunos de los hallazgos de la investigación dan cuenta de situaciones bastante alarmantes, fundamentalmente por tratarse de personas que ocupan cargos importantes de decisión tanto directa como indirecta en la salud de las mujeres.

Respecto a las representaciones de la masculinidad, las mismas «están ancladas en roles estereotipados del varón», asegura Carlos Güida, ya que describen a los hombres como proveedores, condicionados biológicamente, orientados a la actividad fuera de la casa, asertivos, pragmáticos, con una constitución sicológica que los vuelve sentimentalmente frágiles (argumento que justifica luego la violencia).

Si bien en su mayoría presentan «discursos políticamente correctos» en cuanto a lo aberrante de la violencia doméstica, a la larga aparecen concepciones que, o bien la justifican o bien, «reconociendo que detrás de muchas enfermedades sicosomáticas pueden haber problemas de violencia doméstica, a la hora de atenderlas, las soslayan».

 

TESTIMONIOS ALARMANTES

Un ejemplo de las contradicciones al uso es el testimonio de un médico que, si bien comienza diciendo que «género es una construcción cultural», asegura de inmediato que en el tema » hay mucha pavada», y cita el reclamo de usar un lenguaje sensible al género.

El problema, señala Güida es que, ridiculizando las demandas del movimiento de mujeres, como el uso de un lenguaje no sexista, y mostrándolo como algo extremo, se opta por un término medio que en realidad, no es más que una expresión del dispositivo adquirido de «volver a dejar las cosas como están».

«Yo creo que la mujer a veces es consciente del poder que tiene de generar vida intrauterina, lo usufructúa a veces para defenderse. En un lugar muy pobre a una adolescente le da status estar embarazada, porque ya sabe que no la van a violar, que no le van a pegar, que le van a dar la mejor parte de la comida. Ella usa su poder de dar vida para defenderse de la agresión del medio, no con el fin de tener un proyecto. Lo usa como un recurso más que la biología le dio», explicó un médico.

Sin embargo, muchísimos estudios de diferentes países han mostrado que el embarazo acentúa la violencia intrafamiliar. Lo que hace el médico del ejemplo, al colocar a la mujer en uso de poder, es reducir el asunto de la violencia doméstica a un «problema de mujeres», despegándolo del arraigo social y cultural que tiene el tema.

 

VIOLENCIA DOMESTICA:  ¿TEMA DE MUJERES?

Jorge Rondán relató cómo en varias ocasiones, luego de concertar desde Montevideo una entrevista con el director de determinada área, al llegar al encuentro éste se «convertía en mujer», y al indagar sobre la ausencia del varón en cuestión, su enviada explicaba: «pero soy yo la que tengo que hablar de violencia doméstica», como si no fuera también un tema de los varones.

Guida y Rondán comparten que en muchos casos se reveló una formación médica con «carácter altamente biologisista» , que «se traduce en incapacidad de ver en la consulta la violencia doméstica, porque esta visión cortada, que prioriza la patología extraña ante la salud integral, considera que la violencia no corresponde al sistema de salud, es de lo social y no es pertinente trabajarlo».

Para Rondán, se trata «miopía de género», ya que para estos médicos «parece impensable» que determinado trastorno somático pueda responder a violencia doméstica, a pesar de disponer de un formulario para indagar sobre ella a las pacientes, que el MSP dispuso se llene en cada consulta.

Es revelador, además, como en los discursos de estos decisores en salud, la paciente se trasforma rápidamente en el paciente: «Vos tenés dos horas para ver a doce pacientes, diez 10 minutos para cada una y la paciente sólo sabe que quiere que le respondas por lo que viene a consultar, sea flujo si es control de embarazo, o qué. Y tal vez ni te da tiempo para que el paciente logre una afinidad suficiente como para que logre contarme cosas íntimas».

Respecto de este testimonio, los autores de la investigación destacan otro aspecto: quien habla de la necesidad de tiempo para facilitar hablar de ‘»cosas íntimas» es un ginecólogo, que siendo quien realiza el tacto vaginal por ejemplo, en realidad siempre está en contacto con «lo íntimo», porque de algún modo eso constituye su especificidad.

«Ellos proyectan en la mujer la necesidad de ser atendidas por ese problema y se genera desde esta lógica un silencio, que es como una especie de pacto: vos no me decís nada que esté más allá de lo que yo sé hacer en forma casi automática, y yo no te voy a preguntar sobre la intimidad», traduce Güida.

Al ser consultados sobre cuántas situaciones de violencia doméstica vieron en sus consultorios, médicos con 30 años de ejercicio respondieron: «nunca me di cuenta», lo que muestra que, a pesar de hablar del tema, en la práctica les es «profundamente ajeno».

El caso más alarmante es el de un médico que teniendo casi todas las consultas de su departamento y trabajando además en temas de violencia infantil, dijo que «no le llega la violencia física». «En la comisaría había 200 denuncias, pero él no veía nada», apunta Rondán.

 

NO ALCANZA CON LA VOLUNTAD POLITICA

La investigación evidenció que hay un profundo desconocimiento de las herramientas que ha elaborado el MSP para trabajar el problema, a tal
punto que «teniendo la guía para la atención, reconocen no haberla leído», además de desconocer la situación nacional y la legislación vigente.

No obstante, algunos profesionales de la salud tuvieron posturas críticas sobre la formación médica, advirtiendo sobre el potencial transformador que puede tener un cambio de perspectiva y la importancia de tomarlo como un puntal posible para la reforma de la salud.

El subsecretario doctor Miguel Fernández Galeano, luego de escuchar atentamente la presentación destacó que este tipo de trabajos sirven no sólo como aportes para un programa sino también para una política pública, y aseguró que los hallazgos son a su vez una guía de acción, porque muestran dónde se está fallando.

Haciendo énfasis en la que parece la idea más fuerte del trabajo -cómo hay un deber ser del discurso que la práctica está lejos de internalizar- y recordando que el lunes 10 de marzo el MSP definió como prioridad combatir la violencia de género, Fernández Galeano declaró que «esto es una condición necesaria pero no suficiente. El decreto, la ley, no alcanzan para generar la deconstrucción necesaria de la práctica, aunque no le quita valor a la voluntad política».

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