Sexo a la carta
Mi novio y yo nos vamos a casar en un año. Hace 3 que estamos juntos, 2 que vivimos en pareja. Somos muy felices; sin embargo, nunca he tenido un orgasmo con él pero sí a través de la autoestimulación desde niña. Tengo 26 años, mi novio ha sido mi única pareja sexual, no he sufrido ningún episodio de violencia sexual, pero no llevamos una vida sexual satisfactoria. Por este problema el deseo sexual de mi novio ha disminuido y a veces evita tener relaciones para que yo no me sienta frustrada. Ya he consultado dos psicólogos, una sexóloga, terapia energética e hipnosis regresiva pero sin ningún resultado.
Finalmente, mi pregunta es, primero si usted piensa que se puede solucionar, visto que el tiempo vale oro, y segundo, que el tratamiento tiene un costo. Muchas gracias.
Veo que has hecho muchas cosas por superar el problema y no sé si podré ser yo quien te ayude a resolverlo. Si quieres intentarlo, puedes venir a una consulta y vemos. No puedo prometerte que lo resolveremos, porque no sé de nada mágico, todo depende de la fe y voluntad con que trabajes las técnicas y ejercicios que te vaya indicando y el que existan o no problemas de origen psicológico, a niveles no conscientes, que hagan más dificultosos los cambios.
¿Cómo puedo saber si el chico con el que estoy saliendo hace ya un año es la persona con la que podré formar una pareja, vivir juntos, ser felices, etc?
Pienso que para que una pareja funcione son necesarios cuatro pilares básicos, que los podemos representar como las cuatro patas de una mesa.
La primera pata, que comenzó siendo de atracción sexual, tiene que irse transformando en acuerdo sexual. La segunda pata es la admiración recíproca, la tercera la amistad y la cuarta el proyecto común.
El acuerdo sexual implica cuántos hijos tendrán, qué métodos anticonceptivos emplearán, quién los usará, que juegos sexuales se permitirán, (sexo oral, anal, etc), con qué frecuencia tendrán relaciones sexuales, qué posiciones los hacen sentir bien a los dos, etc. etc.
La admiración recíproca consiste en hacerle saber uno/a al otro/a qué cualidades tiene de las que uno/a carece. Es la base de la complementariedad y también de la necesidad del otro/a. Por ejemplo, «Admiro tu capacidad de síntesis, pues dices en pocas palabras lo esencial», «Admiro lo prolija que sos en el manejo del dinero».
La amistad tiene muchas definiciones. A mí me gusta usar en especial dos que creo esenciales en la pareja. Una diría que consiste en tener la mejor mirada posible de la otra persona. Es decir: si la veo metiendo la mano en mi cartera, poder pensar que me está dejando un regalo. A lo más, preguntarle: ¿qué estás haciendo? Pero no sería una buena mirada la que piensa: me está robando.
Otra forma de definir la amistad necesaria en la pareja es basándonos en la comunicación. Podemos decir que existen seis niveles de comunicación. El primero es aquel que se limita al saludo: buenos días, buenas tardes, qué lindo día, o qué frío, vio como llovió anoche, etc. El segundo se basa en hablar de otras personas como el fútbol o lo que hacen los vecinos o el gobierno. En el tercero se llega a hablar de nosotros pero sólo a nivel informativo. Estos tres niveles se caracterizan por la falta de compromiso. Constituyen relaciones que, si no vemos más, no nos afectarán gran cosa. Suelen ser los vecinos, compañeros de trabajo o de estudio.
Los niveles 4, 5 y 6 implican hablar de sí mismo, de los propios sentimientos y por lo tanto, constituyen relaciones que duele romper o que aunque se muden o se cambien de trabajo, se desea mantener. En el cuarto puedo decir: te quiero, me molestó eso que hiciste, te extrañé, me duele cuando me hablas así, etc. En el quinto encontramos el concepto de amistad que permite contar cosas íntimas (no creo positiva la transparencia, pero sí un grado de confianza importante) sabiendo que la otra persona no nos juzgará negativamente. (O sea, se une con la definición que dí antes). El nivel 6 incluye o agrega a los otros niveles las manifestaciones físicas de afecto, como la comunicación mayor que se puede tener con otra persona. Por lo general, cuando nos encontramos con una persona o nuestra pareja incluso, vamos recorriendo los primeros niveles y, si vemos que la otra parte está receptiva, seguimos subiendo. Comenzar con niveles altos puede tener una mala recepción y ser causa de sufrimiento y desencuentro de la pareja.
Esta herramienta puede sernos útil para saber cómo es nuestra comunicación y nos permite ver si es equivalente o si se está dando a niveles muy diferentes, comprometiéndose sólo una de las partes, mientras que la otra no lo hace.
El proyecto común no siempre se ve e incluso puede haber momentos en la vida de la pareja en que parezca que no está presente. Sin embargo, el vivir juntos, el ahorrar para comprar un auto o una casa, el tener un hijo y planificar su educación, etc. son proyectos que configuran esta cuarta pata de la mesa.
Evidentemente, si sólo existen tres patas o pilares en una pareja, ésta podrá sostenerse pero ante el menor conflicto caerá y tendrá dificultades en volver a ponerse de pie. Con dos patas, directamente podemos pensar que esa pareja no funcionará adecuada o gratificantemente.
La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 9084510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo).
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