un Frente sin mujeres
El 26 de marzo, el Frente Amplio celebró los 37 años de su primer mitin. Los ocho oradores seleccionados para la ocasión fueron hombres, todos líderes de sectores con representación parlamentaria.
En diversos ámbitos este absoluto masculinismo cayó mal y se expresó, aunque fuera en corrillos. A los líderes les llegaron noticias del disgusto.
A última hora, Rodolfo Nin Novoa, jefe de la Alianza Progresista, resolvió resignar su lugar a favor de una militante de su sector: Lilián Kechichián, subsecretaria de Turismo y Deporte.
La representación femenina en la oratoria alcanzó así un 12.5% del total.
Primera constatación: el Frente Amplio – ¿por inercia cultural?- se olvidó de la equidad para autorepresentarse.
Segunda constatación: en el Frente Amplio no hay mujeres líderes de sectores políticos; dicho de otra forma: las frenteamplistas no están donde se toman las decisiones.
Tercera constatación: en la sociedad hay mayor conciencia de que excluir a las mujeres es inequitativo.
Cuarta constatación: para un verdadero cambio cultural falta mucho, también al interior de la fuerza de izquierda. No obstante, el mismo 26 de marzo abortaron, en sendas comisiones parlamentarias, dos debates sobre medidas para estimular la representación política femenina.
Así no avanzamos, y lo que es peor: retrocedemos en el concierto regional e internacional. Uruguay ocupa el lugar 93 entre135 países incluidos en la Clasificación Mundial de Mujeres Parlamentarias de la Unión Interparlamentaria, con apenas un 11,5% de ellas, inferior al promedio mundial (17%) y más aún al de las Américas (19%). En Argentina, donde la representación política está cuotificada, el porcentaje de legisladoras alcanza el 40%, largamente superior al exigido por ley nacional.
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