Oprah Winfrey la mujer que apoya a Obama
Tras 20 años como anfitriona del talk show más influyente del mundo, Oprah Winfrey es a la televisión lo que Bach a la música o Joyce a la literatura. Como todos los personajes creativos, su don más profundo y radical es su poder de síntesis. Ella ha tomado los hilos y los ha tejido en un programa de una hora de duración que es una obra de arte.
Las críticas más comunes hacia Oprah -que explota una cultura de la victimización que ella misma ha ayudado a crear, que llena las cabezas de las personas con clichés acerca de la vida- son correctas hasta cierto punto. Los críticos afirman que su meta de hacer crecer la empatía, el consuelo y la esperanza en la audiencia es intrínsecamente cínica.
La aspiración de Oprah de inspirar a su audiencia con esperanza -en su programa de TV, en su revista y en su sitio web difícilmente es poco noble. Sus espectadores «victimizados» son personas que han sido lesionadas y no tienen a nadie que los guíe o a quien recurrir. De modo que convierten la necesidad en virtud y las heridas en fuerzas proactivas.
Cuando Oprah habla, durante una semana, con muchachos de 13 años que han sido seducidos por sus profesores y luego presenta «cinco cosas que pueden rejuvenecerte» y la historia de una mujer que fue quemada por su marido, está apuntando a los diferentes planos del ser como si fueran las paredes de una solitaria fortaleza. En un mundo en que es difícil para algunos pensar en sí mismos, la seguridad de que la moda les sonríe -sin importar cómo esa persona sea- y de que hay otro que están aún peor, vale oro.
UNA SILENCIOSA REVOLUCION CULTURAL
En 1986, la naturaleza humana comenzó a cambiar en Estados Unidos. Ese año, «The Oprah Winfrey Show» empezó a verse a escala nacional y el país entró en las primeras fases de una silenciosa revolución cultural. Tomó un tiempo para que la transformación se afirmara, pero cuatro años más tarde los efectos eran inconfundibles. ¿Realmente cree usted que George W. Bush quien encabezó la exitosa guerra del Golfo, perdió frente a Bill Clinton en 1992 debido al estado de la economía? No, Fue Oprah la que estuvo detrás de Clinton en 1992 y también en 1996, y fue Oprah la que estuvo detrás de George W. Bush en 2000 y 2004.
No es arriesgado decir que con su desfile de afligidos invitados, Oprah contribuyó a la percepción de que las heridas infantiles de Clinton eran una muestra de auténtico carácter. Bush, por otro lado, era tan desarticulado y de aspecto tan gracioso que cuando se pensaba en sus antecedentes tan privilegiados, se percibía que al menos le estaba destinado algo. Y toda esa imperfección lo hacía real… y elegible.
Resulta irónico que «O», la revista mensual de Oprah, dependa de las mismas fórmulas que los poderosos representantes de la apariencia perfecta como «Glamour» o «Cosmopolitan». Como su fundadora y directora «O» está en la línea frontal del conflicto estadounidense entre las tiránicas apariencias y las personas comunes. Imperfectas y mortales. No solo la persona sufriente, sino también la persona sin belleza. El secreto del éxito televisivo de Oprah es precisamente que su programa ha sido el antídoto a las imágenes de felicidad y belleza idealizadas que aparecen en la televisión.
Una sola semana puede llevarlo desde la esclavitud a todos los terrores violentos de la vida real, para escapar de ellos mediante encuentros con celebridades, pasando por visiones de caridad y esperanza. En el recorrido de estos pensamientos y sansaciones hay un motivo constante, reforzado por los gurús de autoayuda: el crecimiento y la fuerza a través del sufrimiento. En otras palabras, a apenas 50 años desde el fin de la segregación, la primera multimillonaria negra de los Estados Unidos le ofrece a su audiencia, en su mayoría mujeres blancas de clase media, algo extraordinario. Así «The Oprah Winfrey Show» aparece como una utopía racial basada en la posibilidad de intercambio del sufrimiento humano sin color. Hay algo hermoso y profundo en ello. A medida que la democracia parece estar definida más y más por la cantidad de personas que se vuelven ricas, el show de Oprah se ha vuelto más y más popular. En el universo de Oprah, la democracia se define por la cantidad de personas que están «empoderadas» por saber que su tristeza y frustración son compartidas por otros, por muchos otros.
EXPLOTANDO LOS SENTIMIENTOS
Oprah ha dicho «si hay un a argumento que atraviese a cada programa que hacemos, es el mensaje de que ´no estás solo´». No es de extrañar que tanto Oprah como sus invitados estén casi siempre llorando. La fluidez de las lágrimas representa la esencia de la democracia a lo Winfrey. No estamos solos porque podemos convertirnos en otra persona en cualquier momento. Podemos mejorar nuestra apariencia, cumplir nuestros «sueños más locos» o enternecernos por las muestras de caridad o por la revelación de que los ricio y famosos son criaturas con sentimientos.
El reverso de una democracia basada en sentimientos intercambiables es la creación de un reino de meras sensaciones, en el cual ninguna experiencia tiene un valos superior -o diferente- a otras. Lloramos y empatizamos con los agradecidos destinatarios de los regalos de Oprah. Usar los sentimientos como herramienta de trabajo es realmente una reducción de toda experiencia hasta el punto en que afecta la propia calidad de sentir.
De hecho, la empatía universal de Oprah tiene una flexibilidad infinita. Cuando los críticos se quejaban de que ella se enfocaba demasiado en historias de horror físico y emocional, Oprah respondió rápidamente, a principios de los 90, burlándose precisamente del formato. Después de proclamar la necesidad de diversificar su programa, inmediatamente incorporó asuntos más livianos con mayor frecuencia. Una de las metáforas visuales más potentes de Oprah es cómo transforma a diario su apariencia personal: su peinado, la moda de sus vestidos, el tipo de joyería. Incluso su manera de hablar.
El «winfreísmo» es la expresión de un mensaje inmensamente inspirador y tranquilizador que, sin duda, ha ayudado a millones de personas a sobrellevar sus vidas. Pero también es una mirada vacía egoísta y cínica sobre la vida que socava su propia energía positiva en cada giro. Camino a Auschwitz, sentada en una habitación de hotel de Cracovia, pensando en las miles de personas asesinadas en el campo de la muerte, Oprah escribió en «O»: «Nunca me he sentido más humana». Su empatía y crecimiento moral parecieran requerir del sacrificio humano. Sin embargo, ver a Oprah lo llena a uno de esperanza, También lo sumerge a uno en la desesperación. Ella se ha convertido en algo parecido a Estados Unidos.
Extractado del perfil no complaciente presentado por Lee Siegen en «The New Republic» en 2006, fecha en que Oprah Winfrey ingresa a la arena política apoyando al precandidato demócrata Barack Obama.
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