"trabajamos con la basura, pero no somos basura"
En un pequeño local, al fondo de la casa de una de sus integrantes y entre grandes bolsas cargadas de botellas de plástico o retazos de telas, un grupo de seis mujeres esperaba para conversar con La República de las Mujeres sobre un trabajo que no les ha sido sencillo sostener, que ha dejado integrantes por el camino, pero que las miembras de Independencia de la Mujer están dispuestas a defender.
La idea surgió en una charla de vecinas: «Un día, mientras tomaban mate en el fondo, Jaquelín y Leticia pensaban una manera de resolver la falta de trabajo y entraron a tirar ideas. Como nuestros esposos son clasificadores, ya tenían cierta experiencia en la clasificación», cuenta Verónica.
Jaquelín recuerda que al principio pensaron en una cooperativa de limpieza, pero como no la encontraron muy viable, especularon con la cooperativa de clasificación, no sin antes consultar a otros emprendimientos de la zona como «La cacharpa», para no crearles una traba como competencia. Inmediatamente les respondieron que ambos emprendimientos podían convivir.
La cooperativa «nació bien de abajo», afirman sus integrantes con orgullo. Por eso también el cuidado hacia el trabajo de los demás clasificadores y cooperativas de la zona es tan importante para ellas, porque «no vamos a tocar un punto donde ya está trabajando un clasificador, eso lo respetamos».
En diciembre de 2006, luego de haber convocado a otras vecinas, comenzaron a salir en busca de basura para iniciar el trabajo de clasificación, primero caminando con un carro de mano, luego con un carro tirado por caballo que consiguieron prestado, hasta dejar atrás esa modalidad y lograr que en diversas cooperativas de vivienda de la zona los vecinos preclasifiquen la basura que les darán.
A pesar de que en el correr del año pasado la IMM comenzó una campaña destinada a lograr que los vecinos de Montevideo diferenciaran por bolsas de distintos colores el plástico (que es utilizable para la venta) del resto de la basura, la estrategia tuvo poco resultado. Generar esta consciencia en los vecinos de cooperativas de su entorno, fue difícil para las emprendedoras y requirió de varias entrevistas con la gente.
Hoy por hoy, ya hay varias empresas que ofrecen sus residuos a las trabajadoras, además de diversas personas de todo Montevideo que se comunican con ellas para que retiren basura de sus hogares, a través de los teléfonos de que disponen para esa finalidad: 094 770 394, 522 53 25 (Verónica), 094 718 427 (Jaquelín), 522 13 87 (Marita), o del mail [email protected]
AUTONOMIA ECONOMICA
El objetivo de las cooperativistas es «obtener un sueldo digno, con el que podamos vivir, porque lo que ganamos hoy no llega ni al sueldo mínimo. Con esto no vivimos, no comemos. Lo que nosotras queremos es poder progresar y formalizar bien la cooperativa», pero para eso es necesario crecer y lograr que más empresas aporten sus residuos.
El nombre de la cooperativa, dice mucho respecto de los objetivos del emprendimiento, que apuntan a la autonomía económica de las mujeres que la integran. según Jaquelín, «generó mucho impacto, todos comentaban algo» y, en muchos casos, los vecinos comentaban: «¿Qué, no quieren hombres ustedes?».
«En realidad, Independencia de la Mujer no es ni por feminismo ni por machismo, sino que es una manera de decir que las mujeres también podemos hacer el trabajo. Si es pesado, tratamos de alivianarlo y hay veces que nuestros maridos nos ayudan, pero la mujer puede también», afirma Verónica.
Sin embargo, el trabajo de la cooperativa no se hace tan fácil y muchas integrantes han abandonado por el camino. Esperar los frutos lleva su tiempo: «Las que tenemos marido podemos en general estar aguantando acá porque sabemos que tenemos la comida para el día a día, pero hay otras que no y tenían que salir a buscar el sustento».
La primera venta que hicieron, luego de salir 4 o 5 meses con el carro a recolectar en los contenedores, sólo retribuyó $ 281 a cada una, según recuerda con exactitud Paola. La verdad es que «nos queríamos morir, porque habíamos metido mucho, salíamos a las 8 de la noche y volvíamos a las 12, una de la mañana».
JUCIOS Y APOYOS
Sandra asegura que la gente no suele juzgarlas por salir de sus casas para trabajar; por el contrario, tiende a darles más por su condición de género. El juicio negativo «a veces eso se provoca en nuestros maridos», advierte una de sus compañeras, porque el trabajo de los primeros años de formación de una cooperativa, con reuniones y horas de trabajo, se hace invisible cuando no entra dinero al hogar.
Después, ellos «lo empezaron a ver» porque también vivieron el proceso y comparten la actividad, «pero es distinto cuando salís a clasificar, que trabajás todo el día pero te hacés un jornal, que formar una cooperativa», que implica un trabajo de muchos meses sin remuneración, aunque apuesta a «tener un futuro digno».
La visión de la sociedad respecto a su tarea sigue siendo, no obstante y según evalúan las integrantes de Independencia de la Mujer, de condena y discriminación, porque «te dicen que sos pichi, que comés basura. Por eso siempre decimos: nosotros trabajamos con la basura, andamos en la basura, pero no somos basura».
La Confederación Uruguaya de Entidades Cooperativas (Cudecoop) ha colaborado en el afianzamiento de la tarea realizada por la cooperativa de mujeres, ya que decidió apoyar el proyecto a través de la donación de uniformes de trabajo y una camioneta con la que actualmente salen a recolectar, así como con la formación en clasificación a través de cursos y el pago de clases de manejo que comenzarán a realizar a partir de ahora.
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