la inquietante experiencia de la duda
En una escuela católica del Bronx, barrio multicultural de Nueva York, coinciden dos personalidades opuestas: el padre Flynn (Alvaro Armand Ugon) -joven, sensible, innovador, afectuoso con sus alumnos, cordial con la comunidad- y la vigilante, conservadora, disciplinaria y nada sentimental hermana Luisa (Susana Groisman), para quien hasta la crueldad se justifica en nombre de la virtud y la tolerancia prohija el pecado.
Para escándalo de Luisa, directora de la escuela y jerárquicamente subordinada a Flynn, éste además no oculta que es goloso ni sus uñas, siempre muy limpias pero un poco largas.
Desde el vamos, a Luisa no le gusta Flynn; sus sermones por cierto algo ambiguos- la inquietan, aunque le gustaría escuchar qué les dice a los alumnos varones cuando charla con ellos sobre «cómo ser hombres». Ella cree que el género masculino está hecho «de ripio, hollín y papel alquitranado», al tiempo que no confía en su propia capacidad de hablar de femineidad.
¿INTOLERANCIA O JUSTICIA?
La relación cercana que se entabla entre el sacerdote y el primer y único alumno negro que ingresa a la escuela, marca para Luisa el nacimiento de una sospecha, que a poco de andar para ella se convierte en certeza. Aunque no tiene pruebas, acusa a Flynn de «comportamiento impropio», en clara alusión al abuso sexual, y emprende una implacable investigación que enfrenta a ambos en una feroz disputa ética y moral.
La obra, distinguida en 2005 en Estados Unidos con el premio Pulitzer, se nutre sin duda del escándalo que a fines de 2002 estremeció a la Iglesia Católica, a partir de la catarata de denuncias por abuso sexual de niños a manos de sacerdotes en escuelas católicas de Boston.
Sabidas son las dificultades para probar este delito, que se comete en privado y, particularmente cuando sus víctimas son niñas y niños vinculados a sus victimarios por relaciones de afecto y autoridad, difícilmente salga a luz si no es por cuidadosa observación de conductas y reacciones.
En tal sentido, la duda de la hermana Luisa resultaría atendible y coherente con la responsabilidad que le cabe respecto de sus educandos. No obstante, la intolerancia hacia el diferente pone su cuota de confusión y empaña la credibilidad de los desvelos de la religiosa, que también intenta sumar a su causa a la hermana Jane (Ana Rosa), una maestra más joven que se afama en conservar «un poco de alegría» entre las rispideces que siembra en la escuela su directora.
Jane quiere creer en la inocencia del cura, en la compasión que invoca como fundamento de su apego y protección del niño que está aislado porque es diferente; en su defensa cerrada de que los chicos «necesitan calidez, ternura, comprensión» y no solo reglas, como estima la disciplinaria Luisa.
«Es muy inquietante mirar con sospecha las cosas y a las personas. Siento como si estuviera menos cerca de Dios», dice Jane, pero la duda también va abriéndose cauces en ella y es la fuente de sus pesadillas y de su decaimiento.
«La acción más inocente puede parecer siniestra a una mente envenenada», sentencia Flynn.
ENTRE SOSPECHAS Y NECESIDADES
Mientras, el niño no entiende porqué ha sido privado de la atención de su protector y sufre. Convocada su madre (Adriana Do Reis) a la escuela, ella también acusa: «Usted emprende una cruzada virtuosa contra el sacerdote y arrastra a mi hijo. ¿Lastimaría a mi hijo por salirse con la suya?», advierte a la directora.
Los diálogos son intensos, filosos. La duda es la protagonista de una batalla que se libra entre Flynn y Luisa, arrastra a Jane y confronta a la madre del niño con una realidad que le ha enseñado a no perder más de lo que sea indispensable: «Frente a mi marido, uno solo da un paso atrás. A él no se le dice lo que tiene que hacer», confiesa para concluir: «Mi hijo necesita que algún hombre sea bueno con él y lo ayude a ir adónde él quiere ir».
Con una sobria y austera escenografía de Alejandro Curzio, actrices y actor representan con convicción sus respectivos papeles. Resultan creíbles, conmueven y se complementan en el mantenimiento del clima inquietante que queda flotando en la sala aún después del regreso de las luces y de los aplausos. El vestuario es de Gerardo Bugarín, la iluminación de Eduardo Guerrero y el sonido de Leonardo Croatto.
En la Sala 2 del Teatro Alianza (Paraguay 1217, teléfono 908 1953), «La duda» va los viernes y sábados a las 21.30 horas y los domingos a las 19.30 horas.
Compartí tu opinión con toda la comunidad