Murguistas del futuro

Hace varios años que las murgas jóvenes instalaron un estilo particular en el concurso oficial de carnaval, en el que entró la innovación pese a las reglas estrictas y convencionales.

Este estilo joven y atrevido trajo también la participación activa de mujeres en un género tradicionalmente masculino. Demimurga, La Mojigata y Queso Magro, entre otras, las tienen en su plantel, discutiendo los problemas internos, organizando distintas actividades, activas en rubros artísticos y comisiones creativas.

Aunque no son mayoría ni quizá pretenden serlo, su presencia todavía sorprende a los medios de comunicación y a los propios jurados.

Desde La República de las Mujeres quisimos saber cómo vive una murguista joven el carnaval, y nada mejor que algunas de ellas lo cuenten.

 

DE AMOR Y DE CASUALIDAD

La murga llega a la vida de las nuevas generaciones a través de los múltiples talleres que el Taller Uruguayo de Música Popular (TUMP) dictó a partir de los primeros encuentros de murga joven. La música y las dinámicas generaron una integración diversa, con amplia participación femenina.

La vinculación de Leticia Ramos con Demimurga comenzó como un juego y devino en compromiso personal: «El primer acercamiento a una murga fue en el año 96, cuando yo formaba parte de un grupo de animación. Un día cayó el Pinocho Routin por un convenio con la Intendencia y el TUMP; vino con una guitarra y nos dio un taller de murga. No entendíamos nada, pero le dijimos que sí. Ese año era el primero que se armaba la movida joven y el TUMP mandaba talleristas por Montevideo. En el 96 formamos la Tricotea pero terminó y quedé muy triste. En eso un amigo me llamó diciéndome que iban a probar mujeres para integrar una murga y desde allí comencé con Demimurga».

Para Claudia Rojo el interés de participar en una murga vino de una tradición familiar que le trasmitió su padre, el murguista Claudio Rojo. A pesar de que lo vivió de cerca, por sus propios medios ella encontró su lugar en Demimurga: «Cuando vos te criás en un ambiente donde siempre está tu padre en todos los tablados y ves como se maquilla, te viene un sentimiento y querés vivir lo mismo. Yo había salido en una comparsa en carnaval y esa había sido mi única experiencia, pero quería salir en una murga. Fue entonces que le preguné a Carla, la esposa de uno de los integrantes de Demimurga, si yo podía tomar una prueba para poder salir» .

Ximena de los Santos fue la última en ingresar: «Yo salía hace 4 años en murga joven, éramos tres sobreprimas y cuatro primas. Entré en Demimurga por agosto, cuando di la prueba por mi amigo Daniel y ahora acá estoy».

La murga Queso Magro se caracterizó en un principio por tener mayoría de integrantes mujeres. Ahora, a nivel profesional, quedó sólo Ximena Kornecki, que sostiene sin ningún problema el sueño cumplido de estar en febrero haciendo carnaval: «Todo empezó por mis viejos, que les encantaba la murga y me llevaban de chica a los tablados. Todos los días íbamos a ver los ensayos de Falta y Resto. Luego empecé a ir al club Jaime Zhitlovsky, que tenía actividades con líderes los sábados y muchos de ellos eran integrantes de Queso Magro. Después de tres años entré yo. Estaba feliz de la vida porque era lo que siempre había soñado, siempre miraba desde abajo pero queriendo estar arriba. Al principio éramos nueve mujeres, que luego se empezaron a ir por circunstancias personales y al final me quedé sola».

La Mojigata fue fundada e integrada por mujeres y hombres, pero la clave principal de esta murga es la participación colectiva y la mixtura esencial en lo coral y escénico. Ann Marie Almada, una de las tres presencias femeninas, llegó a partir de su atraccón desde niña durante cada reencuentro con sus familiares en Uruguay: «A los cuatro años vine con mi padres, que eran exiliados, desde Suecia y me acuerdo que lo que me impactó muchísimo fue el carnaval. Mis padres lloraban en mi casa con las murgas, nos daba nostalgia el carnaval. Después mi hermana iba a los ensayos y yo quería ir con ella. Recuerdo que luego de estar en el club Malvín viendo a Contrafarsa le dije a mi hermana que teníamos que hacer algo así. Después fuimos a un taller con el Pitufo Lombardo y empezamos a ponernos como objetivo salir en murga joven. Fuimos llamando a más gente y formamos La Mojigata, cuyo nombre surge por una rima que teníamos que hacer jugando a encontrar silabas que terminaran con la a».

 

¿COSA DE HOMBRES?

La murga joven abre espacios esquivos en un género tradicionalmente liderado por varones.

«La mujer en una murga es todo un tema; yo pienso que nuestra generación está bien acostumbrada en su mayoría: en general nació en murga joven, venimos de una camada donde es natural que una mujer o un hombre estén en una murga. En cambio en las camadas profesionales es más raro, porque hay pocas murgas que tienen mujeres. Fueron años en que la murga fue cosa de hombres», reflexiona Leticia Ramos.

A Claudia Rojo el papá le tenía terminadamente prohibido salir en una murga: «Cuando yo le pregunté: ´Papá, ¿dónde puedo hablar para salir en una murga?, él me dijo ´Las murgas no´. Cuando le hablé de Demimurga, dijo: ´Ah! en esa sí … o en Queso Magro . Si no, no, no podes salir en murgas!».

» La murga es murga, es de la gente en general. Más allá de quien se pare sobre el tablado, el público de carnaval es heterogéneo y sería muy ingenuo pensar que las mujeres no pueden disfrutar, entender o hacer murga. Soy murguista y soy mujer, ya está. Formo parte de un grupo muy bueno en que cada quién cumple su rol, y me respetan como mujer y como murguista», asegura Ximena de los Santos.

Ximena Kornecki detalla: «La diferencia es que la Murga joven es un espacio en el que una puede ir a mostrar lo que le gusta hacer; no se tiene por qué cantar bien o cantar mal pero hay una diferencia con el carnaval profesional donde no se está acostumbrado a que haya mujeres en la murga. En Queso Magro siento que en momentos no tengo aliadas! Y me agarran de punto. En los ensayos y en los tablados es distinto, porque están las novias de los gurises.

El tema es cuando aparecen las idas al interior, que generalmente viaja solo la murga, y es cuando no tengo a quien pedirle ayuda, pero me divierto. Como que de alguna forma me acostumbré a estar con ellos y me llevo bien, me joden lo que me tienen que joder, me dicen lo que me tienen que decir, a veces me invitan a dormir a la casa! Siempre con respeto, porque tenemos una muy buena relación».

«Puede ser que la murga joven haya cambiado muchas cosas del carnaval profesional», resume Ann Marie Almada.

 

INTEGRACION CORAL

¿La murga exige un registro vocal masculino? ¿Cómo se integran las mujeres a este nivel?

«Por una cuestión natural, el coro es diferente. Hace poco hablábamos con las compañeras de la murga sobre las chances que tiene una mujer de interpretar los roles protagónicos en un mundillo de hombres. Hay que ir abriendo un camino para ver y ser fuertes, porque parece que te ponen a prueba todo el tiempo. De todas formas, la cabeza en murga joven es más abierta», afirma Leticia.

En cambio, para De los Santos «Se trabaja a nivel de murga de la misma manera que trabaja cualquier coro. Un coro de murga integrado por mujeres varía en timbre, pero no necesariamente en arreglos».

«En Queso Magro somos todos cupleteros, la murga es la que lleva el cuplé adelante. Tener la responsabilidad de llevar un cuplé adelante sería difícil para mí; no sé quizás algún día lo hago, pero por ahora no», evalúa Kornechi.

«El tema de voces es un tema del arreglador, si sabe arreglar para un coro mixto. Es muy fácil decir que las mujeres no pueden cantar en un coro de hombres. La mujer no tiene el mismo registro que el hombre. No hay que tratar de pare
cerse al otro»,
sentencia Ann Marie.

 

ROLES SURTIDOS

Los roles que se definen a nivel artístico y técnico también son manejados en las murgas jóvenes de una manera no convencional.

Para Demimurga es clásico que las mujeres participen en las responsabilidades contables; en las demás murgas, lo principal es que capitalicen en la puesta en escena y el vestuario.

«En la historia de Demimurga las cuentas la lleva siempre una mujer. Hay hombres que hacen las cosas y tienen buena disposición. Por ejemplo, los zapatos y los gorros los hacemos todos nosotras. Las llamadas al flete o camión las hacen los varones, pero me parece que este año me toca a mí», cuenta Ramos.

Ximena de los Santos arranca «a las 3 de la tarde y hasta las 8 estoy metiéndole a los trajes y a los accesorios. En este momento estoy tranquila y puedo dedicarme a la murga».

«En Queso Magro hay distintas comisiones, siempre me tiré a la de vestuario y todo eso que tiene que ver con la compra de telas. Yanina, la vestuarista, a veces está en algunas otras comisiones; Valentina, la maquilladora, está en su rubro pero a mí me trata como a la princesa del grupo. El año pasado estuve en lo que tiene que ver con la puesta en escena. Pero no es que las mujeres se van a coser los trajes y los hombres a otra cosa», aclara Ximena Kornecki.

En La Mojigata «Hay distintas comisiones, como también hay algunos que solo cantan y otros que diseñan. Yo personalmente me metí en los arreglos y las mujeres por lo general nos metemos en la parte del maquillaje», aporta Ann Marie Almada.

 

LAS HIJAS DE PIERROT

Los roles se fragmentan, las referentes aparecen. Desde Demimurga, Laura y Ximena mencionan a Ximena Kornecki de Queso Magro, Ann Marie, Laura, Malena y Maia en La Mojigata, Victoria, Carolina e Ivanna en Agarrate Catalina, Silvia Novarese y Emilia Díaz en Curtidores de Hongos, Lydia Chipas, Gabriela Gómez, y tantas más.

Para Kornecki, «una referente es Mónica Santos, pero es gracioso lo que voy a decir: me gustaba más un coro de hombres, en general no me llamaba mucho la atención la mujer en las murgas».

«Me acuerdo que de chica veía a Gabriela Gómez y a Mónica Santos. Pensaba qué difícil era estar ahí. También me encantaba pensar que yo podía estar ahí algún día. Y cuando se me dio, dije: no es difícil. Históricamente, hubo muchas mujeres que participaron en una murga, más de las que una piensa. Hubo directoras mujeres. Lo que pasa es que la gente no reconoce ciertas cosas. Me acuerdo en la murga La bolilla que faltaba, cuando se pensaba que tenían que ser todas mujeres para poder salir en una murga. Me parece que justamente lo que a mí me interesa es que la murga sea mixta», concluye Ann Marie Almada.

 

A MARCHA CAMION

¿Es distinto cuando un novio acompaña a una murguista a subirse al tablado todas las noches? ¿Es nuevo y raro para sus familias? Las murguistas optan por romper esquemas.

Leticia Ramos: «Es difícil que una pareja te banque que estés ensayando todas las noches con hombres y que haya contacto escénico y artístico. Pero en lo familiar siempre me apoyaron mis padres, nunca me cuestionaron nada con la murga».

Ximena Kornecki: «Me ha pasado: pobres los gurises que se me han acercado porque los de la murga salieron con dientes y uñas, son cosas que ta, yo me divierto. El momento que peor pasé es cuando quise presentarles a mi novio, juro que tenía unos nervios que pensé que me moría. Una vez pasó en un tablado que los chiquilines pararon para encarar al público, porque me gritaban a mí en una parte …Una vez fuimos al interior a un baile y un chico me sacó a bailar, cuando nos dimos vuelta, los teníamos a todos atrás en semicírculo de brazos cruzados y el pobre chico no tuvo otra que decirme chau! En realidad son momentos que los intimidan a ellos y no a mí. Mi novio es salvavidas en Rocha, si no me banca que esté todas las noches de tablado lo mato! La llevamos bien, sabe como son».

Ann Marie Almada: «En mi caso no lo he padecido, porque mi compañero está conmigo en la murga, pero conozco casos. Pero en general mis viejos me apoyan, a mi padre en principio le costó bastante, sobre todo cuando entramos al carnaval profesional. Siempre se preocupó por el tema de que es un ambiente difícil. Mis compañeros a veces se pasan de rosca, pero hay varios con los que somos amigos y podemos compartir cosas por fuera de la murga, otros son simplemente compañeros de trabajo».

 

EN EL MEDIO DE LOS MEDIOS

La novedad de su presencia en las murgas dispara una reiterativa pregunta desde los medios de comunicación: «¿cómo se sienten al ser las únicas mujeres?».

«Ahora me embola que me hagan esa pregunta; el primer año que salí era normal, pero después de 4 años ya tengo el versito medio hecho y contesto todos los años lo mismo«, confiesa Kornecki.

Para De los Santos, «Si es necesario hacer ese tipo de preguntas es porque hay algo que está mal en el pensamiento, ¿Por qué una mujer no puede disfrutar cantando en una murga?

¿Por qué me tendría que sentir discriminada por ser mujer? Yo tengo mi lugar ganado, de la misma manera que cualquiera se gana el lugar».

Desde La Mojigata, Ann Marie afirma: «Es una pregunta que nos coloca a nosotras en víctimas. Ahora me doy cuenta que no tiene sentido periodístico la pregunta porque ninguna de nosotras va a decir que nos tratan mal nuestros compañeros».

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje