"Trajano" sigue ladrando

Trajano se nos presenta como un viaje iniciático cuyo sentido final será la búsqueda infructuosa de la felicidad. El protagonista preadolescente, el niño Angelino, con profunda carga simbólica en su nombre, recorrerá todas las etapas de esa difícil travesía que no es estrictamente espacial, sino más bien temporal ya que ese gran viaje es el de todos los días, el del pasaje de la inocencia angelical de la niñez hasta el arribo del ´conocimiento´ que, en este caso, será el descubrimiento de la sordidez del mundo de los adultos, con la promiscua sexualidad, el agriamiento progresivo del carácter de la madre y la finalización inexorable del verano.

Como en todo viaje de esta índole hay una búsqueda y un descubrimiento: la búsqueda es la de la felicidad, que no se logra, y la del conocimiento, que sí se descubre, cuando el joven devela una verdad insondable: ´Así vivíamos. Y era duro, por cierto, sobrellevar ese rencor, aunque creo que nos unía tan estrechamente como si fuera un amor entrañable´. Este concepto es, creo la clave de toda la obra de (Sylvia) Lago, la que desarrolará y ampliará en libros posteriores».

Palabras del poeta Jorge Arbeleche en la tercera edición a cargo de Colihue, que se recogen en la cuarta de Botella al Mar.

Las dos primeras ediciones fueron de la desaparecida Alfa y se remontan a l960.

Casi 50 años más tarde, Arbeleche reconoció en Punta del Este que «Trajano me está ladrando desde hace muchos años» todos ellos signados por la intensa relación profesional y de amistad que lo une a la autora, ambos fundadores de los talleres literarios en Uruguay, que condujeron durante un cuarto de siglo, inclusivo de aquellos tiempos oscuros de la dictadura cuando esas «islas» de creatividad eran de las pocas que podía permitirse una cuidadanía acosada por marciales atropellos.

 

HISTORIA DE UN PERRO Y UN NIÑO

«Trajano» es la historia de un perro de ese nombre y de un niño, Angelino, que transcurre en «la gran patria de los seres humanos» que no es otra -al decir de Sylvia Lago- que la infancia.

Habla de la vida cotidiana, de las cosas y los días que pasan, de amores inconmensurables entre los protagonistas, de mezquindades, de durezas del mundo adulto. Sylvia Lago advierte que no es un libro autobiográfico, que todo es ficción. Arbeleche destaca la visión del mundo desencantada que se filtra entre la escritura tersa y transparente de Lago, desencanto que se profundizaría en las obras posteriores de la autora.

El poeta parangona a Trajano con el entrañable burrito de «Platero y yo» (Juan Ramón Giménez) y con el Tilo de «Chico Carlo» (Juana de Ibarbourou). Lago suma a la evocación a Aparecido, el perro que introduce en su obra Saramago.

Y todavía hay otro perro, aquel al que Juan Carlos Onetti -que había integrado dos de los jurados que premiaron a «Trajano» apenas empezó a ladrar- bautiza con el mismo nombre en su última obra, «Cuando ya no importe».

Pronto para convertirse en un clásico de la literatura uruguaya, la cuarta edición de «Trajano» recoge en su carátula el diseño original de la primera, obra de Vicente Martín y constituye el título 65 de Botella al Mar,una editorial que va al «rescate de los grandes escritores necesarios», al decir de sus responsables -Rocío Cardozo y Alfredo Villegas-, privilegiando géneros como narrativa, poesía y teatro.

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