¡las princesas a la hoguera!

Esta vez no podemos culpar a China, dado que la droga se oculta en la concepción que tuvo lugar en los estudios Disney. Antes del año 2000 las princesas eran heroínas escasas y particulares de sus películas de animación: Blancanieves, Cenicienta, la sirenita Ariel, la Bella Durmiente, Aurora, Pocahontas, Jazmín de la Lámpara de Aladino, la Bella y la china Mulan. Luego, Andy Mooney, de los estudios Disney, pensó en juntar a todas las chicas en un solo paquete. Un solo movimiento de la varita mágica (a sólo 10,99 dólares o su equivalente en monedas locales, tiara incluida) y fueron elevadas al rango de la realeza, soltadas al mundo como un grupo compacto, un lobby imperialista, que desde ese momento trata de conquistar el dominio global. Hoy en día no hay niña en el mundo industrializado y saturado por los mass media que no quiera rendir tributo a la dinastía Disney, dinastía vestida de rosa y violeta.

 

MODELOS A IMITAR

A Disney le gusta presentar a las princesas como modelos a imitar, pero no es más que una banda de lastimosas huérfanas. La mayor parte del tiempo se lo pasan prisioneras o durmiendo, y despertándose sólo cuando llega el príncipe y las besa. La excepción más chocante es Mulan, que se viste de varón para luchar en el ejército, pero -como Pocahontas, otra princesa de piel «coloreada»- no goza del status principesco y no asegura la línea de tiaras y trajes de gala. Además de eso, las princesas no tienen ambiciones y les faltan habilidades preciadas en el mercado, aunque Blancanieves y la Cenicienta se las apañan con la limpieza.

¿Qué aspiraciones podrían tener, además de pescar a un príncipe? En Princesalandia la carrera lleva sólo desde la carita de nena a la posición de bruja detestable, madrastra o hechicera. A la perversa madrastra de la princesa Blancanieves la consume la envidia por la belleza de su hijastra; la bruja del mar, Úrsula, exigirá la voz de Arielita, y la madrastra de Cenicienta la explota como mano de obra barata que trabaja sin una queja. En Princesalandia no hacen falta técnicas complicadas para cazar a las brujas, sólo hace falta buscarles las arrugas.

L@s progenitor@s feministas aprietan los dientes. ¿Por algo así sus hijas abandonaron a Dora, la que corre por la jungla para salvar jaguarcitos [«Dora The Explorer» es la protagonista de una serie de dibujos animados y en cada uno de los episodios aprende o descubre algo, ayuda a alguien; se emite en varias decenas de países], cuya mamá era arqueóloga y sus aventuras no necesitaban escenas edulcoradas ni que las viniera a salvar el príncipe? La vida de Dora también tenía sus dramas, ya que cada tanto aparecía el villano bajo la apariencia del zorro Swiper. ¡Incluso Barbie parece una sufragista en comparación con la Bella de Disney! ¿Qué hay de atractivo en el culto a las princesas de tules rosados?

 

EL LUGAR DEL SEXO

Desde el punto de vista de la bruja -presente en el último ciclo de vida de una mujer- el encanto de las princesas radica en su innegable y tenebroso erotismo. Son, simplemente, chicas sexy. Con el correr de los años, Blancanieves adelgazó y aumentó su busto; Ariel usa sólo la parte superior de la bikini (aunque, hay que reconocerlo, es medio pez). Imitándolas fielmente, la triañera de mi vida anda por la casa con la tiara a medio caer y con un vestido de Princesa que se le resbala de los hombros, por lo cual para todo el mundo parece una persona de la buena sociedad londinense después de una noche de merca y chupi. ¡Por favor, un margarita con barbitúrico por acá!

Puede que sea anticuado, pero el lugar del sexo -sobre todo del sexo según la versión adulterada de algunos caballeros de mediana edad- no está en la cuna. L@s niñ@s lo descubrirán, bastante temprano por cierto, pero deben hacerlo por sí mism@s.

Finalmente, hay motivos por los cuales las personas que abusan sexualmente de l@s niñ@s inspiran más repulsión que los que usan violencia contra ell@s: presentimos que los abusos sexuales implican mayores problemas para el desarrollo intelectual del/la niñ@. Las inclinaciones sexuales -corrientes o perversas, activas o pasivas, hétero u homosexuales- deberían desarrollarse libremente sin la intervención o manipulación de los adultos. De ahí nuestra severidad respecto a los criminales sexuales que acosan a l@s niñ@s y l@s cazan repartiendo caramelos. Pero Disney, dueño de ABC Television, Lifetime, ESPN A&E y los estudios Miramax embolsa 4 mil millones de dólares al año por la venta del culto a las princesas masoquistas y sus accesorios que se multiplican hasta el infinito.

No nos engañemos, ningún progenitor puede oponerse solo. Intenten prohibir la entrada a su hogar a alguna de las princesas. Es como entregarse a la Policía cuando las niñitas encuentren sus celulares de princesa. No, la única manera para derribar la monarquía es una insurrección masiva de los oprimidos por tanto tiempo. ¡Júntense con sus vecinos y enciendan una hoguera con todo ese plástico y todos esos tules! ¡Comiencen una marcha contra Disney World!

(*) Periodista estadounidense; escribió un par de decenas de libros sobre la pobreza y la situación de las mujeres, entre otros «Por unas monedas. Trabajar y (no) sobrevivir». Reproducido por «Gazeta Wyborcza». Traducción del polaco para RIMA de Bárbara Gill.

 

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