Valdenses por la libertad de opciones
En Uruguay, la comunidad valdense tiene ya una afianzada historia que se remonta a mediados del siglo XIX cuando los primeros colonos desembarcaron, como tantos inmigrantes, para «hacer la América». Lo que distingue a este pueblo de otros grupos de inmigrantes es que, antes que nada, se trata de una comunidad de fe en la que el vínculo religioso, tejido durante siglos, es su ineludible señal de identidad.
Los orígenes valdenses hay que rastrearlos en siglo XI cuando Pedro Waldo, un rico comerciante de Lyon, abandona todos sus bienes para predicar y enseñar las sagradas escrituras en los idiomas vernáculos. A diferencia de Francisco de Asís, que también optó por los pobres y una vida de austeridad, los valdenses -conocidos como «los pobres de Lyon»- fueron excomulgados en 1181, comenzando una historia de siglos de persecuciones que incluyen éxodos, batallas, la posterior incorporación de las reformas luterana y calvinista, hasta alcanzar la libertad y tolerancia religiosa el 17 de febrero de 1848 en la tierra en que se habían refugiado: los Alpes del Piamonte italiano. Pocos años después, la emigración de aquel pueblo una vez más se puso en marcha, esta vez para huir de la pobreza. Tratados como secta, los primeros valdenses que llegaron a Uruguay no fueron bien recibidos en Florida, trasladándose al departamento de Colonia donde la colonización que iniciaron con acierto se extendió a más de un núcleo poblacional y, más allá de su impronta religiosa, fue impregnando toda esa región del país.
MODERACION EN FEMENINO
La Iglesia Evangélica Valdense del Río de la Plata está compuesta por unas 15 congregaciones en Uruguay y 10 en Argentina, con un total aproximado de 3.000 miembros activos. Se gobierna a través de un antiquísimo consejo ejecutivo, denominado Tabla Valdense, que integran siete personas elegidas por un máximo de siete años y encabeza el moderador, guía espiritual de la comunidad. Por primera vez en su historia, en 2005 se eligió en Italia como moderadora a una mujer, la pastora María Bonafede. Fue un gran cambio para los más de 30.000 cristianos valdenses de ese país europeo, habituados a un entorno eclesial católico en el que está vedado el sacerdocio a las mujeres. La Iglesia valdense no tiene obispos, y funciona de modo asambleario, herencia de los siglos de persecución que obligaron a sus fieles a refugiarse en los valles alpinos, donde vivían prácticamente como en un gueto.
Bonafede, licenciada en Filosofía por la Universidad de Milán, empezó en 1976 los estudios de Teología, que terminó en Basilea (Suiza). Aunque el ministerio pastoral estaba abierto a las mujeres desde 1961, a principios de los años setenta había sólo tres pastoras valdenses en Italia. Ahora, del centenar de pastores que comparten la Iglesia valdense y la Iglesia metodista, el 25% son mujeres.
La moderadora pionera estuvo en nuestro país durante el sínodo anterior, en febrero de 2007. La entrevista que parcialmente se reproduce a continuación, tomada de: www.iglesiavaldense.org, da cuenta de que su pensamiento responde a la tradición más liberal de la comunidad.
LOS DESAFÍOS, SEGÚN MARIA BONAFEDE
—¿Cuáles son los desafíos de la Iglesia Valdense en la realidad europea?
— En Europa, en este momento, están llegando muchos inmigrantes de Asia, África, Europa del Este, China, Crea, Filipinas, Rusia, Polonia, Rumania, Camerún, Costa de Marfil, Ghana… Muchos de esos inmigrantes, que vienen a buscar trabajo y a vivir, son evangélicos y protestantes. A estos inmigrantes les toma uno o dos años encontrar una iglesia protestante como la de su país de origen.
En el futuro, Europa será un lugar en donde convivan personas de culturas diversas: cultura europea, cultura italiana, cultura alemana, cultura africana y cultura islámica; todas ellas deben convivir juntas y es muy difícil. En Europa hay mucha resistencia y yo puedo hablar del país que conozco, Italia; les cuesta mucho. La iglesia valdense piensa que esto no es un problema sino un enriquecimiento y por eso se prepara a reconocer a las personas diversas.
— En el sínodo valdense realizado en Italia se planteó el tema de la pluralidad. ¿Qué resoluciones hubo al respecto?
Del sínodo ha salido una propuesta para el gobierno italiano: que el 17 de febrero sea reconocido oficialmente como el día de la libertad religiosa y de conciencia en Italia. En la Constitución esa libertad existe, pero en la realidad todo lo que no es católico no tiene difusión, no aparece en los diarios ni en la televisión. Este pedido es para que todos los musulmanes, todos los budistas, todos los protestantes y todos los que practiquen cualquier religión puedan celebrar un día de libertad religiosa. El gobierno también está pensando en una ley de libertad religiosa que es muy resistida por la Iglesia Católica porque ésta no quiere ser igual a las demás. Por esta razón, estamos trabajando junto al gobierno para la creación de esta ley.
POR UNA MATERNIDAD VOLUNTARIA Y RESPONSABLE
— Con respecto a la Bioética, ¿Qué problemas se debaten en Italia y que temas usted propone para compartir en Uruguay?
— Un tema que se está debatiendo en Italia es la ley de la interrupción voluntaria de la gravidez, denominada «Ley 194″. Con respecto a este tema, la cuestión sería: ¿cómo era Italia antes de esta ley?, ¿qué pasó después y que piensa la Iglesia sobre ese tema? La ley fue sancionada en 1981 pero tuvo vigencia recién al año siguiente; en 1982 se realizó un primer censo legal del aborto y había 234.000 casos mientras que en el 2005 eran 130.000, es decir, se redujeron en un 45%.
Desde que el aborto es legal, la gente acude menos a hacérselo porque consigue más información. La ley prevé también la creación de consultorios familiares, lugares donde las mujeres pueden ir a informarse sobre el tema, charlar sobre sus preocupaciones. En definitiva, esto ayudó a prevenir el tema . Pero esta ley presenta imperfecciones; por ejemplo, prevé que los doctores puedan negarse a realizar un aborto por objeción de conciencia, es decir: un médico católico puede decidir no hacer el aborto. El problema es que la Iglesia Católica fue capaz de desarrollar una gran presión, y en Italia muchos hospitales son privados y relacionados con la iglesia, por lo tanto, muchos doctores corren el riesgo de perder el empleo si no objetan. Hoy son 60.000 los médicos objetores.
Muchos de esos casos también se dan porque la gente recurre a los ginecólogos con el único interés de interrumpir el embarazo y los profesionales se hartan de hacer de sus consultorios unas fábricas abortivas. Es así que objetan dado el gran número de abortos que realizan a diario. Como consecuencia de esta situación, son pocos los doctores que practican intervenciones abortivas. Sin embargo, lo más importante es que disminuyó la cantidad de abortos en Italia.
Otro tema a tener en cuenta es el de las mujeres inmigrantes: componen el 4 ó 5% de la población femenina de Italia y el 27% de estas mujeres han abortado. Ellas recurren habitualmente a la interrupción de la gravidez porque tienen cuatro o cinco hijos y no tienen forma de darles de comer. Aquí es fundamental una fuerte campaña de prevención.
— Los sectores conservadores de la Iglesia Católica argumentan que una ley de aborto promovería un aumento notorio de la cantidad prácticas abortivas.
— Pero en realidad no es así.
Además, ellos también niegan que en nuestros países latinoamericanos haya un alto índice de mortalidad de mujeres a causa de los abortos clandestinos.
— Antes en Italia era así: las mujeres que podían, pagaban mucho dinero para realizarse un aborto y las mujeres pobres se exponían a que cualquiera les practicara los abortos, contrayendo infecciones de ovarios. Ahora, esta situación ha mejorado pues las mujeres están en mejores condiciones dad
o que los abortos son realizados por la sanidad pública.
COMPROMISO LOCAL
El Comité de Bioética de la Iglesia Evangélica Valdense de Uruguay, integrado por el médico pediatra Silvio Charbonnier Berger, la maestra especializada Mirtha Gonnet, la psicóloga Cristina Gardiol y el pastor David Baret Ribet, se pronunció a favor de la aprobación del proyecto de Ley de Defensa de la Salud Sexual y Reproductiva que se discutió en el Parlamento nacional durante la legislatura anterior. De contenido similar al que este año aprobó el Senado y quedó pendiente de tratamiento en diputados, en aquella oportunidad fue la Cámara Baja la que acordó con su contenido y en la Alta no pasó.
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