Olimpíadas: una carrera con obstáculos

Llueven críticas de todos lados respecto a la mercantilización de los Juegos Olímpicos, el poder que tienen los medios de comunicación para decidir hasta la hora en que deben disputarse las pruebas decisivas, la falsa neutralidad con que se maneja el COI frente a conflictos sociopolíticos que han afectado en más de una ocasión la disputa de los Juegos, etc. En ese amplio abanico, visualizar lo que ha sido la incorporación de mujeres a la competencia aspirando a la paridad de oportunidades, no es un tema nada menor.

La Carta Olímpica estipula que «Toda forma de discriminación con respecto a un país o una persona, ya sea por razones raciales, religiosas, políticas, sexo u otras es incompatible con la pertenencia al Movimiento Olímpico». Esta disposición se le aplicó a Sudáfrica, que recién fue autorizada a regresar a los Juegos en 1992. Terminado el apartheid, todo el mundo celebró la presencia de atletas negros y blancos representando a ese país; sin embargo, poco se ha hecho respecto a aquellos cuyas delegaciones no incluyen mujeres alegando razones culturales y religiosas. Sin ir más lejos, en el mismo año 1992, 35 de las delegaciones que diputaron en Barcelona no incluían mujeres y en la última edición de los Juegos, en Atenas fueron seis los países musulmanes que persistieron en esta discriminación.

 

UN COMIENZO POCO AUSPICIOSO

Cuando el barón Pierre de Coubertin inauguró los juegos modernos en 1896, tratando de emular a aquellos que disputaban en la antigüedad los griegos -donde las mujeres no podían participar ni siquiera como espectadoras- tampoco tenía en mente incluirlas. En esta frase lapidaria queda bastante claro cuál era su pensamiento repleto de la misoginia de la época: » El deporte femenino no es práctico, ni interesante, ni estético, además de incorrecto«.

Hubo, muy a su pesar, una participación simbólica a partir de los Juegos de París (1900) en los que se presentaron pruebas femeninas de golf y tenis, a las que se unió el tiro con arco en San Louis (1904). En 1908 llegaron a Londres la vela y el patinaje artístico. La primera campeona olímpica de los Juegos de la Era Moderna fue la tenista británica Charlotte Cooper.

Pero es sabido que el atletismo constituye la esencia de los Juegos Olímpicos. Para estar allí y empezar a ser incluidas en todas las pruebas (cosa aún no totalmente lograda) hubo que dar una dura batalla. La francesa Alice Milliat, deportista que se destacaba en remo, fundó la Federación Deportiva Femenina Internacional (FSFI) en 1921, originando un movimiento mundial efervescente que clamaba por la inclusión de las mujeres en los Juegos. La «pasionaria del deporte», como se la conoció a Milliat, ante la persistente negativa no vio otro camino que organizar los primeros Juegos Mundiales Femeninos, en París en 1922, con gran éxito. Se repitieron cuatro años más tarde en Göteborg , donde aún fue mayor el número de participantes.

Comparadas con las sufragistas de la época, estas valientes deportistas muy mal consideradas, tuvieron su primer éxito en los Juegos Olímpicos de Amsterdam (1928), donde tan sólo se las admitió en cinco pruebas del atletismo: 100 y 200 metros lisos, relevos 4×4, altura y lanzamiento de peso. Se inauguró también la gimnasia femenina, aunque la competición se hacía solamente a nivel grupal. En este rubro, las gimnastas rusas, húngaras, checas y rumanas han descollado en casi todos los Juegos, destacándose entre otras Larisa Latynina, Vera Caslavska, las jovencísimas Olga Korbut y Nadia Comaneci, quien sigue siendo la reina indiscutible en la materia (ver recuadro).

Madame Milliat insistió y organizó los terceros Juegos Mundiales Femeninos en Praga en 1930, con la participación de dieciséis países. Los quintos fueron en Londres, en 1934. Finalmente la FSFI se disolvió en 1938, aunque la pelea por la inclusión no desvanece. El sucesor de Coubertin, el conde Henry de Baillet-Latour todavía comparte la exclusión femenina de las Olimpíadas: «Para ellas la gracia, el hogar y los hijos. Reservemos para el hombre la competición deportiva».

 

QUE SEPA CORRER, QUE SEPA SALTAR…

Los Juegos de Londres de 1948 dejaron atrás no sólo la Segunda Guerra Mundial sino la presencia testimonial de las mujeres en el atletismo (carreras, vallas, salto largo y alto, jabalina, disco). En esa oportunidad se destacó la atleta Fanny Blankers-Koen, quien sorprendió al mundo porque era madre de dos hijos: tal parece que a nadie se le ocurría que una mujer podía ser competente simultáneamente en ambos terrenos.

Sin embargo, la disputa de los 800 metros (dos vueltas completas a la pista) para las mujeres había generado mucha polémica desde 1928 en adelante. Las distancias largas estaban consideradas no aptas para las ellas, ya que «no tenían capacidad para resistir esfuerzos superiores a los 200 metros». Incluso se llegó a sostener por parte médica que «con semejantes esfuerzos, las mujeres envejecen más rápido» (sic). Los 400 metros se incluyen en Roma 1960, los 800 en Tokio 1964; en Munich 1976 los 1.500 y no fue sino hasta Los Angeles 1984 que se inauguró la maratón para las mujeres, ganando la estadounidense Joan Benoit.

Para Pekín se anuncian los 3.000 metros obstáculo femenino considerándose que, con más de un siglo a cuestas, el atletismo de competición equiparaba a ambos sexos. Por lo visto no ha sido fácil convencer a los organizadores ­hombres en su abrumadora mayoría- que las mujeres entrenadas no caerían desmayadas al llegar a la meta y desempeñarían un buen papel.

 

…QUE SEPA ABRIR LA PUERTA PARA IR A JUGAR

La natación femenina logra una temprana inserción en 1912, aunque de a poco va logrando la conquista de las distintas categorías: en Pekín se incluirán los 10 kilómetros para ambos géneros. El kayac femenino se incluye en 1948; el hipismo en 1952; el voleibol en 1964. El baloncesto femenino debió esperar hasta 1976 para su incorporación a los Juegos Olímpicos.

El ciclismo forma parte del programa olímpico desde el principio, pero hasta los Juegos de Los Angeles 1984 la participación fue solamente masculina. Las mujeres empezaron a incorporarse allí en las pruebas de ruta y en las pruebas de pista en los Juegos de Seúl 1988. Para los próximos se anuncia su participación en las pruebas de BMX (ciclismo acrobático).

El fútbol femenino logró su inclusión en Atlanta 1996; la halterofilia, el waterpolo y el pentatlón moderno recién se habilitaron para las mujeres en Sydney 2000; la lucha libre en los últimos juegos de Atenas 2004. El boxeo y el béisbol aún excluyen a las mujeres.

En contrapartida, el nado sincronizado, el softbol y la gimnasia rítmica (individual y por equipos) son disciplinas olímpicas exclusivamente femeninas, lo cual también es discriminatorio hacia el género masculino.

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