¿Ofrenda o sacrificio?
Hasta su último día siguió siendo impecable y coherente con su defensa de los derechos humanos y de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. La última semana de su mandato estampó la firma sobre una guía para la atención del aborto legal que venía demorada hacía años. Aunque suene trágico, no debo ser la única que está preguntándose: ¿cómo va a ser la vida sin Ginés? ¿Tendremos las feministas otro/a aliado/a así en el gobierno? ¿Alguien que defienda con tanta convicción los derechos sexuales y reproductivos y que esté dispuesto a poner el cuerpo y el cargo por ellos?
Cristina Fernández fue la persona más cercana al ex presidente Kirchner que salió a darle batalla públicamente al ex ministro de Salud argentino Ginés González García. Cuando él habló de despenalizar el aborto, allá por 2004, ella, entonces senadora, dijo que no acordaba. Mientras el entonces jefe de gabinete Alberto Fernández, primero desmentía a Ginés y cinco meses después admitía dubitativo que había que abrir el debate sobre la despenalización del aborto, la ahora presidenta era rotunda y no dudaba: nunca puso marcha atrás. En agosto de 2005, explicó sus razones en la revista «Newsweek»: «porque soy católica, pero también debido a profundas convicciones». ¿Cuáles serán esas convicciones si no son las católicas? Misterio, porque Cristina Fernández no fue específica hasta ahora sobre ese tema ni sobre ningún otro que tenga que ver con los derechos de las mujeres.
Sin embargo, poco después de asumir dio una señal inequívoca de hacia dónde no apuntará su gestión: reemplazó a Ginés por Graciela Ocaña, a quien si bien se la adscribe al grupo de las Generalas -quienes le llevan a la presidenta las inquietudes del movimiento de mujeres, entre otros temas-, no se sabe mucho de su posición sobre temas de género.
Poco después Ginés fue designado embajador en Chile. O sea, no sólo se lo corre del ring sino que directamente lo sacan del recinto: no podrá dar batalla siquiera desde la tribuna legislativa. Las embajadas suelen ser premios consuelos; en el caso de Ginés es como mandarlo a Siberia.
Mientras tanto, crecen otros rumores: que Cristina Fernández dio la orden de dejar morir los proyectos sobre reglamentación del aborto legal en el Parlamento y que su gestión intentará reestablecer con la Iglesia Católica los vínculos que su marido dejó languidecer.
En este contexto, la salida de Ginés de la política grande de Argentina no puede ser leída en otros términos que como una ofrenda a la jerarquía católica, el titular de la nota que se viene: «Se acabaron los problemas».
Pero es una ofrenda roja, manchada de sangre. Para la sociedad, especialmente para las mujeres, y para Ginés esto es un sacrificio. (www.artemisanoticias.com.ar)
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