Sin tetas no hay paraíso

En Uruguay no pudo faltar el moralizante toque nacional: Canal 10 le cambió una palabra del título y la promociona como «Sin pechos no hay paraíso». Su emisión es en un horario imposible para quienes ya están dormidos a las 12 de la noche de los viernes pero, aún así, si usted es de l@s resistentes y espera ver algo diferente a las versiones estandarizadas de amor con final feliz que prometen los culebrones típicos, esta es una historia a tomar en cuenta.

Para empezar, se encontrará con personajes que viven en un barrio de exclusión y pobreza perfectamente identificable en cualquier rincón de este continente. Salir de la marginación es para las chicas convertirse en las «queridas» (pagas) de los narcotraficantes ­los «traquetos»- y para los chicos en sicarios, como es el caso del hermano de la protagonista. En los primeros capítulos pudieron apreciarse algunos diálogos sostenidos entre los hijos y su mamá ­una señora jefa de hogar monoparental que sostiene su casa trabajando como modista- sobre la no visualización de la educación como factor de movilidad social para las generaciones más jóvenes. Nada muy diferente a los estudios realizados en liceos de las zonas periféricas de Montevideo, donde las chicas sueñan con ser modelos top o «casarse con algún millonario» y los chicos con convertirse en Maradona o en vendedores de drogas como segunda opción más relevante, sin mencionar los altos índices de deserción y abandono definitivo de secundaria.

 

SALIR DEL AGUJERO

Tal vez a los personajes les falta una mayor profundización de la problemática en la que viven ­en la novela el realismo es mucho más crudo-, las actrices no son creíbles como adolescentes menores de edad y quedan en la superficialidad del modo de vida que eligen para contrarrestar el destino social que las marca.

La presentación sí está muy bien lograda. Desde la música que repite: «agujero, quiero salir de este agujero…» hasta lo visual: un mafioso que arma a su antojo a una serie de muñecas con senos exuberantes en cuerpos delgados para empacarlas y exhibirlas en cajitas seriadas e iguales. Un estereotipo sexista que, por supuesto, está muy lejos de ser exclusivo de los narcos, acostumbrados a considerar a las mujeres como una mercancía más para comprar y «hacer» a su antojo.

Los implantes de silicona son muy codiciados por las chicas de todos los estratos sociales, al punto que muchas piden esa cirugía como regalo de quince años y, si miramos la televisión rioplatense, su reinado es tan evidente que bien podríamos decir que sin tetas no hay televisión o tapa de revista. Este canon de moda y belleza estética cada vez más presente en nuestras culturas, es parte de lo denunciado en la novela colombiana, como declaró el escritor Gustavo Bolívar Moreno basándose en una historia real: «Catalina y Jessica son mujeres que conocí en Pereira hace algunos años. Me dio tristeza ver cómo dos niñas le vendían el alma al diablo por tener silicona en el pecho y cómo esa se constituía en la gran oportunidad de su vida para tener éxito. Es un tema que todo el mundo conoce, pero del cual nadie habla. Hay que acabar primero con el silencio cómplice que se vive en el país».

Parte de lo impactante de la historia es que Catalina es operada por un médico «gratuitamente» a cambio de sus favores sexuales, colocándole siliconas usadas que le van a causar serios perjuicios a su salud. El inescrupuloso personaje dice en la novela: «He pensado que el mejor negocio del mundo no es la política ni un cargo público con alto presupuesto, ni el tráfico de drogas, animales, pieles de cocodrilos o mujeres. El mejor negocio es la vanidad, por eso voy a comprarme un diploma de cirujano y voy a montar una clínica de estética para la que ya tengo un nombre tentativo: ‘Tetas Factory’ «.

No menos polémica es la relación que se establece entre la madre de la protagonista y su novio, un chico humilde que siendo de hecho su yerno se convierte en su amante frente a las ausencias cada vez más prolongadas de Catalina, quien pasa por la traumática experiencia de un aborto y abusos sexuales de todo tipo en pos del «dinero fácil». Un cóctel que resulta demasiado fuerte de digerir para much@s a la hora de mirar telenovelas, pero que tiene una conexión innegable con la realidad de nuestras sociedades tan excluyentes como sexistas.

 

El autor

Gustavo Bolívar Moreno nació en 1966 en Girardot, muy cerca de Bogotá. Escribió su primera novela ­»El precio del silencio»- a los 13 años de edad y 20 años después la llevó a la televisión con el mismo nombre. Empezó a amar la política y las problemáticas sociales cuando conoció a Enrique Parejo González, un ex ministro de Justicia que fue baleado por narcotraficantes.

En 1997 escribió «El candidato». En 1998 publicó «El cacique y la reina», una denuncia contra el cantante Diómedes Díaz en cuyo apartamento fue asesinada Doris Adriana Niño. Esta investigación envió a la cárcel al cantautor vallenato, ídolo en su país.

Al año siguiente Bolívar Moreno ingresó a la televisión, adaptando la historia de este crimen en un formato que se llamó «Unidad investigativa» y con el cual realizó 250 capítulos de docudramas de la vida real, principalmente de la historia reciente del país incluyendo la muerte de cinco candidatos presidenciales: Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Luis Carlos Galán, Carlos Pizarro y Álvaro Gómez Hurtado. También llevó a la pantalla chica los atentados que sufrieron tres ministros de Justicia: Rodrigo Lara Bonilla, Enrique Parejo González y Enrique Low Murtra. En 2000 lanzó la serie «Pandillas guerra y paz» con la que alcanzó el reconocimiento nacional. Gracias a su temática realizó, con el patrocinio de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) nueve documentales cubriendo el mismo número de desarmes de pandilleros en diferentes ciudades.

En 2002 publicó su libro «Así se roban las elecciones en Colombia» donde denunció a varios congresistas que hicieron fraude, por lo que debió abandonar el país ante amenazas de muerte. En 2005 escribió la serie «Juego limpio», que trataba el tema de la violencia en los estadios y las barras bravas de los equipos de fútbol en Colombia. En agosto de 2005 vio la luz la novela que le abriría las puertas de la consagración en el mundo entero: «Sin tetas no hay paraíso», de la cual ha vendido cerca de 200 mil ejemplares en treinta países, con traducciones al italiano, al inglés y al alemán. El canal Caracol adquirió los derechos de la novela y, con guiones del propio autor, realizó la serie de televisión que batió todos los récord de audiencia en su país durante 2006.

Recientemente publicó su segunda novela ­»El Suicidiario del Monte Venir», la historia de cuatro mujeres misteriosas, hermosas y lujuriosas que montan, sobre la cima de una montaña, el negocio más singular del mundo: un «suicidiario». Los suicidas tendrán que vérselas con ellas la noche anterior a su salto definitivo hacia la muerte.

En la actualidad Bolívar Moreno reside en Miami, escribe su tercera novela que se llamará «El Capo» (segunda parte de «Sin tetas no hay paraíso») y una novela ­»Infieles Anónimos»- para el canal de televisión RCN de Colombia. También se apronta a rodar la película «Sin tetas no hay paraíso», mientras países como España y Estados Unidos están haciendo sus propias versiones seriales de la misma.

Pereira, la ciudad en la que se desarrolla la historia, hizo ruidosas marchas de protesta contra el libro y contra la serie encabezadas por el propio alcalde, que no hicieron más que disparar el éxito y la polémica sobre la endémica realidad del narcotráfico y la prostitución en Colombia.

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