mujeres que viven con VIH/sida: dificultades y padecimientos

Cifras oficiales del Programa Nacional de Sida del Ministerio de Salud Pública muestran que, de las 10 mil personas que viven con VIH o con sida en nuestro país, una de cada dos es mujer. La transmisión va en aumento: se presentan entre 2 y 3 casos por día y el 70% de ellos se produce por vía sexual.

A partir de su experiencia de trabajo cotidiano en el Instituto de Higiene, Laura Pérez advierte que está creciendo también el número de personas portadoras y enfermas que se dedican al trabajo sexual, fundamentalmente entre transexuales y travestis que, por su orientación sexual, también son discriminados en los centros de salud.

En Uruguay son seis las miembras de la Red Latinoamericana de Mujeres viviendo con VIH/sida que trabajan desde «una perspectiva feminista. A la atención que nosotras damos en el Instituto de Higiene llegan un montón de mujeres re angustiadas, porque no suelen hablar sus problemas y sufren discriminación en sus casas y en el mundo externo».

 

CUESTION DE VIDA

«La situación de quienes ya vivimos con VIH/sida se puede resumir en dos problemas. El primero tiene relación con los medicamentos, porque tenemos que hacer tratamientos de por vida y últimamente estamos teniendo problemas con la calidad. La última licitación del Ministerio de Salud Pública (MSP) se otorgó a medicamentos que no están debidamente estudiados y además no están aprobados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) «, afirma Pérez.

Luego de reunirse con autoridades del Ministerio, un grupo de personas que viven con VIH/sida decidió presentar un recurso de amparo, en cuyo marco están declarando diversos actores. Las y los involucrados también serán estudiados por un médico forense que asesora al juez de la causa.

Discrepando con las personas que en el último mes declararon a medios de comunicación que el efecto de los medicamentos copia es el mismo que el de los originales, Laura Pérez asegura que se apoya en la opinión de médicos Grado 5 de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas de Facultad de Medicina de la Universidad de la República que trabajan en el área de internación del Instituto de Higiene.

Esos médicos también presentaron una denuncia en la unidad de licitaciones del MSP «porque no tienen garantía de la bondad de esos medicamentos» pero además, agrega Pérez, «nosotros sabemos que quienes salieron en los medios son personas que no cumplen con un tratamiento, por tanto no pueden vivir lo que nosotros vivimos con los efectos secundarios de la medicación, como dolores o intolerancia digestiva».

Pérez, junto a ocho personas que pertenecen a la Red se sumó al recurso de amparo porque sufrió en carne propia esos efectos secundarios. Por otro lado reclaman que se hagan en el país los estudios correspondientes para comprobar la validez de los medicamentos. El MSP sostuvo siempre que no eran necesarios, pero ahora cambió la normativa y a partir del 2008 comenzará a realizarlos. «Para nosotros no es un capricho, está en juego nuestra vida», afirma Pérez que vive desde hace 16 años con sida y asegura que no se trata de un tema de marcas o laboratorios.

 

DIALOGO ESCASO CON AUTORIDADES

Respecto a si hay avances en el tratamiento de la enfermedad a partir de la asunción del nuevo gobierno, Laura Pérez considera que ha habido cambios pero no positivos, ya que «antes teníamos más diálogo con las autoridades» y su ausencia dificulta el relacionamiento fluido con quienes padecen la enfermedad. Con el tema de los medicamentos, «nunca hemos recibido una respuesta», asegura.

El segundo problema de las personas que viven con VIH/sida tiene que ver con los servicios de atención a la salud, pues el Instituto de Higiene, pese a que se encuentra alejado geográficamente, pertenece al Hospital Pasteur y esto produce que los estudios que se realizan, que deben enviarse a dicho nosocomio, «muchas veces se pierdan».

Además, la comida para los internados no se elabora más en el Instituto porque la cocina estaba en mal estado; entonces la trasladan desde el Pasteur en condiciones poco formales para el riesgo de sus destinatarios, pues «viene en el mismo coche en el que se trae la sangre y los documentos. Esto hace años que lo venimos denunciando«, dice Pérez.

El Instituto de Higiene, centro de referencia nacional en VIH/sida tiene también carencias en el equipamiento y las herramientas de trabajo, por lo que «además de que a muchos infectados les cuesta seguir un tratamiento, la verdad es que da miedo venir».

 

VULNERABLES

Si bien se ha avanzado mucho en la prevención de la transmisión vertical del virus, es decir la que se produce de madre a hijo o hija, las mujeres continúan padeciendo problemas específicos, porque la violencia ejercida hacia ellas las deja en un lugar de mayor vulnerabilidad frente al contagio en situaciones de abuso sexual y de relaciones no consentidas.

Por otro lado, las portadoras o enfermas de sida que están privadas de libertad son un sector muy frágil y poco atendido según Pérez, que realiza dos visitas por mes a la cárcel de mujeres y siguió de cerca el tema pues intervino en representación de la Red para resolver la omisión de las autoridades respecto de los estudios de control correspondientes a las presas, que atribuye a «un tema de discriminación».

«Hay un caso concreto de una chica, que a raíz de situaciones de violencia con su marido y de amenazas permanentes que él le hacia respecto a sus hijos, llegó a una situación límite y lo mató. Hace 5 años que está presa y hace mucho por superarse, pero por un problema que tuvo con otras presas la enviaron a un sector espantoso, con condiciones de higiene deplorables y donde convive con las ratas. Y esto ha hecho que sus defensas bajen y esté en un momento de mayor riesgo«, relata Pérez.

El propio médico forense que la vio determinó que en sus condiciones de salud no puede vivir en un espacio físico de esas características y logró su traslado pero, a juicio de Pérez, por los meses que permaneció en ese sector su salud tuvo un empeoramiento considerable que podría haberse evitado.

 

DISCRIMINACIÓN AL USO

Pérez considera que la discriminación que sufren las personas afectadas por VIH/sida en el trabajo sigue siendo un tema preocupante: muchas veces es mejor no decirlo, pero cuando los patrones se enteran por una descompensación que las lleva a la internación, las despiden de inmediato.

Se visualiza también la discriminación en algunos círculos familiares, que temen al contagio muchas veces por ignorancia y eligen no compartir elementos de la casa, llegando incluso a no visitar a las enfermas cuando están internadas, lo que las somete a un abandono brutal.

El personal de salud también discrimina mucho ­dice Laura Pérez-. No en el Instituto de Higiene en particular porque la gente está capacitada, pero sí en mutualistas u otros hospitales, cuando «se supone que son quienes deberían manejar el tema con mayor información y por tanto con menos prejuicios«.

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje