acceso real de las mujeres al poder
A comienzos de noviembre, el Centro de Estudios Josefa Oribe lanzó un ciclo de reflexión sobre «El acceso real de las mujeres al poder», contando en la oportunidad con un panel integrado por Rodolfo Nin Novoa por el Frente Amplio, Jorge Larrañaga por el Partido Nacional, José Amorín Batlle por el Partido Colorado y Pablo Mieres por el Partido Independiente. Con la moderación de Constanza Moreira, los dirigentes partidarios expusieron ideas sobre el tema, sin que ninguno eludiera hablar de la cuotificación de cargos.
Fueron reiteradas las alusiones a las dificultades de los partidos para permitir que en sus estructuras penetren los cambios de la cultura externa, ya que «han consolidado estructuras de poder» en términos de Pablo Mieres- y en esta disociación entre lo externo y lo interno se pone en juego también la representatividad.
Jorge Larrañaga instó a sus pares a «reconocer que tenemos un sistema político antiguo, y por tanto un Estado antiguo, y es por ello que no podemos tener un país moderno», agregando que el partido es reflejo de la sociedad en que vivimos o debe serlo, y que el Partido Nacional «tiene una deuda con las mujeres» al respecto.
Asimismo, Rodolfo Nin Novoa, en la oportunidad en ejercicio de la Presidencia, aseguró que «hablar del empoderamiento de la mujer es hablar de un problema del sistema político», reflejo de una «sociedad machista» que siempre reserva para la mujer el segundo lugar. Ejemplificó su afirmación con la reciente propuesta de que una mujer integrara la fórmula presidencial, ante la cual sus propios compañeros de partido, junto con los medios de comunicación, interpretando que ocuparía el segundo lugar hablaron de vicepresidencia: «yo nunca especifiqué el lugar que debía ocupar la mujer en la fórmula».
CUOTIFICACION
Prácticamente todos los dirigentes se mostraron partidarios de generar una legislación que obligue tanto a los partidos como a los órganos del Estado a integrar una cantidad específica de mujeres en su seno, aunque para algunos esto significó «un cambio de posición» respecto a su pensamiento anterior.
Por ejemplo para José Amorín Batlle, quien confesó que gracias al «zumbido permanente» del trabajo de las mujeres políticas, su agenda ha pasado a ser importante para todos y, en este sentido, si bien antes creía que cuotificar era discriminatorio, «he cambiado mi opinión y creo que los partidos lo tendríamos que discutir».
Tanto Mieres como Nin Novoa refieren a la cuotificación como «discriminación positiva», y la consideran necesaria como «instrumento provisorio», al menos hasta que el acceso sea real y las miles de mujeres que militan en los partidos dejen de «perderse en la pirámide antes de llegar a la cúpula».
Asumiendo que realmente «tenemos problemas en el Partido Nacional, pues en las listas para conformar el Directorio no había mujeres», Larrañaga está de acuerdo en que la única manera de contrarrestar la discriminación es generando nuevas discriminaciones que aseguren la ocupación de roles de poder por parte de las mujeres.
En el mismo tono cerró el panel la directora del Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad de la República, Constanza Moreira, que aclara la importancia de «no dejar librado el tema a la buena voluntad política de nadie» porque, en su visión, lo que se legisla se institucionaliza, y las mujeres «representan mejor los problemas de las mujeres».
CULTURA POLITICA
La totalidad de los panelistas acordaron que se trata de un problema vinculado al rol asumido por todos en la sociedad, y Nin Novoa echó luz sobre el papel que la cultura política da a la mujer al aludir al «tratamiento sexista que se hace de ellas desde el Estado, por ejemplo desde el Ministerio de Turismo, que muestra como publicidad una mujer en bikini».
También resaltó que si bien se votó en el Senado un proyecto de Ley de Defensa del Derecho a la Salud Sexual y Reproductiva que incorpora la despenalización del aborto, las mujeres sufren discriminación en el trabajo cuando se embarazan y eso «genera una sociedad abortiva», lo cual confirma que » actuamos con hipocresía».
Al respecto, Moreira observó que «para que no seamos tan hipócritas en la igualdad es necesario construir un modelo, porque la sociedad lo que tiende a hacer es reproducir, y lo hace con las normas y valores que tiene a su alcance. El problema es que a Uruguay le ha costado visualizar el tema por su autocomplacencia y su autorreferencia de tolerancia». Por eso, dice Mieres, «hay que ayudar a parir una nueva forma de vinculación de género», y agrega Amorín Batlle: «no se trata de un problema personal ni individual, sino de los partidos», aunque ninguno hablaba desde una postura tomada por su colectivo partidario.
Larrañaga aseguró también que la equidad y la integración de jóvenes y mujeres a los partidos, es un compromiso con «la representación y la calidad de la democracia», pidiendo que los cambios no sigan llegando a Uruguay «después de 30 años de llegar al resto del mundo».
Nin Novoa se pregunta: «¿Cuándo los hombres tuvimos que demostrar que éramos capaces de representar a la ciudadanía en el Parlamento?», haciendo referencia a que parecería las mujeres sí deben «dar un examen» y es por eso que se debe impulsar la cuotificación y comprometer a los partidos en la tarea.
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