Rompeviento posmoderno
Querida Reina de Corazones:
He pensado últimamente que el otoño es la estación ideal para elevar mi autoestima que, por razones de peso, celulitis, flacidez y várices, desciende enormemente en verano hasta llegar a valores bajo cero. En verano mi autoestima está siempre en razón inversamente proporcional a los pareos, las musculosas y los pantalones capri. Hace ya dos veranos que volví a instalarme adentro de una malla entera y pienso que nunca más saldré de ella. No tendría ningún sentido contarle esto en pleno junio y si se lo cuento es porque el azar me ha jugado una mala pasada. Hace tres meses me comuniqué por internet con un amigo sentimental que fue mi novio hace cinco años y que ahora vive en Bahía. Lo que al principio me produjo una especie de alegría adolescente, se transformó desde hace una semana en un suplicio del cual no puedo salir. Para mi desgracia él me invitó a pasar quince días en Bahía en pleno agosto y como se imaginará yo no pienso ir ni loca. Justamente en invierno es cuando gracias a las medias can can, las botas de caña alta, los pantalones, las bufandas, los guantes y los buzos rompeviento recupero mi esquema corporal, mi alegría de vivir y la sensación maravillosa de que no he cambiado tanto en quince años. Estoy aterrada de que a pleno sol bahiano él se encuentre con mi verdadero yo. Hasta el momento hemos tenido maravillosos e íntimos diálogos de romanticismo posmoderno por internet, no tanto hablando del pasado sino del presente, pero nada de eso puedo sostenerlo a pleno sol y no he podido hacerle entender que sería mucho más interesante encontrarnos en Bariloche o en una cabaña de Cuchilla Alta. Ayúdeme. Si él insiste, tendré que renunciar para siempre a esta ilusión.
Celeste M.
Querida amiga:
Por lo que veo usted piensa que mantener esa ilusión depende de perpetuar un rompeviento y defender contra viento y marea la idea de que el tiempo pasa sin pasar. Entiendo que le cueste tomar una decisión que, en última instancia y con honestidad, le hará poner en evidencia todo lo que hay y lo que no hay debajo de un rompeviento. Pero en algún momento tendrá que hacerlo. Cada día somos otra, querida amiga. Y lo mismo le pasa a Julia Roberts, a Susan Sarandon y le va a pasar a Penélope Cruz, no lo dude. Su autoestima, al revés de lo que usted piensa, va a aumentar considerablemente si su esquema corporal y sus ganas de vivir no dependen de un rompeviento o de unas botas con caña alta. Internet, si se piensa bien, es también una especie de rompeviento ilusorio que oculta lo que queremos ocultar, pero querida: piense que ni en la vida ni en internet se puede andar día y noche, invierno y verano con rompeviento, por más que sea verde esperanza. y estilo casual. Mire querida, en Cuchilla Alta o en donde sea algún día usted tiene que mostrarse tal cual es. Sea realista. El romanticismo posmoderno incluye hasta las estrías. Mucha suerte.
La Reina
Compartí tu opinión con toda la comunidad