Sexo a la carta

Muy azorada leí el día 6 de mayo de 2006 un artículo respecto al whoring, fea palabra ya desde el comienzo.

Se trataría de que un miembro de la pareja paga dinero a la otra parte por diferentes prácticas sexuales. Considero que esto se opone a todo lo que sabemos debe ser la sexualidad ejercida con madurez y responsabilidad. Pregunto: ¿estamos tan mal sexualmente en el matrimonio (porque del matrimonio o pareja estable se habla en el artículo)? No se debe tomar dicho tema con liviandad, ya que se aproxima a la prostitución.

Analicemos el tema: la sexualidad es una forma de comunicación muy particular. En ella importa el deseo, que nace en el cerebro y no en las gónadas (ovarios y testículos). Nos sentimos atraídos/as por alguien y hacia ese ser vamos. Será nuestra pareja estable, la de todos los días y todas las horas, amamos a ese ser y lo deseamos. Lo que comienza siendo atracción sexual devendrá en acuerdo sexual. No será solamente la genitalidad (el coito a secas) ni la relación sexual (ambas concluyen y no queda mucho más), sino hacer el amor, satisfacer al/la otro/a: qué te gusta, qué te excita y motiva, cómo podemos satisfacernos, agradarnos, complementarnos. Somos dos cuerpos limpios que vamos al encuentro para ser nuestros, para ser plenos. Hablaremos, nos comunicaremos, nos dejaremos ir, para lograr la mutua felicidad corporal y de espíritus, porque así debe ser: no sólo genitalidad, carnalidad, sino el entendemineto pleno.

¿Por qué? Pues porque han pasado siglos y siglos del ser humano sobre la tierra, y a nuestros deseos, necesidades y ansiedades le ponemos cultura, decantación, le ponemos humanismo, racionalidad y amor.

Hablemos con nuestra pareja, sean dos mujeres, dos hombres o la pareja heterosexual; hablemos en la intimidad de la habitación con la voluntad de satisfacer y ser satisfechos. No hay trabas en ese momento íntimo, sólo dos personas que se aman y quieren la felicidad y la plenitud del/la otro/a y de sí, sin dañar.

Se alcanza así la complementación emocional, que es por cierto mucho más que el placer físico, que no rechazo pero sé con seguridad que éste es una parte solamente de la sexualidad en el ser humano.

Y, finalmente, recordemos que la sexualidad es un aspecto más de la vida, importante como todos los otros; si trabajamos o estudiamos con ahínco, corremos, caminamos, hacemos ejercicios, escuchamos nuestra música favorita, entenderemos que el sexo en muy importante pero no es lo único.

Pongamos todo en su justo lugar y viviremos mejor, sin tabúes, sin trabas, como seres humanos plenos. Así debe ser.

Soy mujer, pronto tendré sesenta y cuatro años, y aunque mi experiencia personal fue muy mala, lo siento de este modo en mi mente y en mi corazón.

Creo  por supuesto- en la pareja estable, sin engaños ni infidelidades.

Agradezco mucho su aporte pues me permite dar mi opinión sobre un tema que estaría poniéndose de moda en Europa y Estados Unidos; no creo que en Uruguay cambie mucho la realidad esa nueva palabra.

Si entendemos por prostitución «la comercialización de actividades sexuales» tal como dice el Diccionario de Sexología de Flores Colombino, parecería que esto lo realizan exclusivamente prostitutos/as profesionales. Pero, no es así. Hay muchas parejas estables, matrimonios o no, que por mantener los beneficios económicos que les supone vivir juntos, ante el requerimiento de la otra parte, aceptan tener relaciones sexuales sin desearlas.

He oído muchas veces en consulta aquello de «me toca la espalda, yo lo dejo deseando que demore lo menos posible, porque de negarme seguro que mañana no me da ni un peso para la comida», o «me he convertido en un eyaculador precoz, apurándome para terminar rápido porque sé que a ella no le gusta y lo acepta para que le pague las tarjetas de crédito». Por lo general, es la mujer la que pierde el interés en mantener relaciones sexuales con su marido (las motivaciones darían para varias columnas), aunque también hay varones que se ven obligados a «cumplir» para que ellas no se les vayan con otro, y ellos se queden sin que les laven la ropa o hagan la comida.

O, «como quiero que me deje el auto todo el día, hoy tomo la iniciativa yo». O le permito aquella práctica que no me gusta o la otra que me produce dolor… «así no se niega cuando le pida ir al concierto de mi cantante favorito»… o ir de compras al Chuí.

A mi entender, son formas de comercio sexual que se viven en muchísimas parejas. Por lo que lo del whoring quizás podría considerarse, en muchos casos, un encarar las cosas abiertamente en vez de hacerlo en forma encubierta.

Cabe también la posibilidad de vivir la fantasía de contratar un/a prostituto/a para que lo o la complazca totalmente, sin tener que pensar en retribuirlo, sin la necesidad de hacer cosas para que la otra persona disfrute también. Si la fantasía es aceptada por ambos, estaría dentro de los juegos sexuales que la pareja puede realizar sin dañarse uno/a al otro/a.

O sea, que no nos escandalice tanto la palabrita… porque la distancia entre lo ideal de la sexualidad compartida y la realidad suele ser bastante grande.

 

La psicóloga y sexóloga Soledad Márquez contestará, a través de esta columna, las preguntas que se le dirijan al teléfono 908 4510, al e-mail [email protected] o a la redacción de La República de las Mujeres (Avda. Garibaldi 2579, Montevideo).

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