La opinión que se resiste
Las indias lavaban, planchaban, cocinaban, cosían, criaban a los hijos y cuidaban al abuelo, limpiaban la casa y fregaban mucho el piso, tendían la ropa y tenían la comida bien calentita, y los indios hacían el resto que es lo más importante». Es una de las redacciones escolares recogidas por el maestro uruguayo José María Firpo y publicada en su inefable serie «La mosca es un incesto».
Si a quienes leen les causa gracia, les resultará ilustrativo saber que en la opinión y percepción de las personas encuestadas por el INE como parte del trabajo académico de las investigadoras de la Udelar, cuatro de cada diez personas, hombres y mujeres, opinan que «el principal rol de la mujer es la crianza y educación de los hijos y el del hombre proveer el sustento de la familia»; que un poco más (42,7%) cree que la mujer debe priorizar el cuidado de la familia sobre su trabajo remunerado; que 35,3% considera que el trabajo remunerado de la mujer debiera ser sólo un apoyo y 31,7% afirma que las mujeres que quieran ejercer su profesión o trabajar fuera de casa debieran hacerlo después que han criado a sus hijos. O sea, que «las mujeres debieran postergar sus intereses laborales o profesionales cuando sus hijos son pequeños», según el 40,6%.
Estas cifras son un promedio de los tres sectores sociales encuestados. Los guarismos son más altos en los estratos de ingresos bajos, y disminuyen a medida que suben los ingresos; pero nunca son menores a un 25%. En definitiva, éstas parecen ser las dimensiones del núcleo duro de opinión a favor de la antidemocrática desigualdad en el hogar que se reproduce en la formación de niñas y niños.
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