Uso del tiempo espejo de desigualdades
Una de las primeras encuestas hechas en la región sobre el tiempo y el trabajo no remunerado fue la realizada en 2003 en Uruguay por el Instituto Nacional de Estadística (INE), en 1.200 hogares de la región urbana de Montevideo y alrededores, donde reside el 59% de la población urbana del país y 56% de su población total. Los hallazgos son consistentes con los obtenidos en otros estudios a escala regional e internacional.
Sobre la base de esa encuesta se hizo durante dos años una investigación académica en el marco de la Universidad de la República, dirigida por Rosario Aguirre, responsable del proyecto, que contó con Karina Batthyány en la coordinación general y la corresponsabilidad en la redacción del informe publicado este año con el apoyo de Unifem.
Los resultados de la encuesta son evaluados por las investigadoras como un avance significativo de la temática en Uruguay, que coloca este debate conceptual como referencia importante para considerar el peso y las implicancias de las horas de trabajo que se producen fuera de las relaciones laborales remuneradas y que contribuyen al bienestar social y familiar.
La asesora del proyecto, la experta española María-Ãngeles Durán, critica al pensamiento occidental que «se ha encasillado en la medición y el análisis del trabajo-mercancía, olvidando el más amplio mundo de la actividad productiva no mercantilizada, donde rigen reglas y códigos diferentes y donde se desarrollan relaciones de poder menos visibles, pero no menos poderosas e injustas que en el mercado».
Las investigadoras señalan que éste es el inicio de un trabajo que demanda profundizar y ampliar investigaciones. En esto el INE podrá jugar un rol fundamental adosando módulos específicos a encuestas periódicas o continuas.
DIVISION SEXUAL DEL TRABAJO DOMESTICO
Está tan naturalizado que las mujeres se hacen cargo de las tareas del hogar y cuidados familiares »reinas del hogar» , que para avanzar en democratizar viejas desigualdades se hace necesario, por un lado, hacer visibles las cargas que este reinado conlleva y por el otro reconocer el aporte cotidiano de las mujeres a la sociedad.
Medir cómo se «usa el tiempo» y en particular medir el «trabajo no remunerado» distingue cuatro modalidades: el de subsistencia, el doméstico, el de cuidados familiares y el voluntario, al servicio de la comunidad. Investigadoras de la Universidad de la República buscaron develar en cifras quién en la casa es el responsable de las tareas del hogar: por cada cinco mujeres hay un hombre, y el hombre toma esa responsabilidad al superar la edad en que el mercado mejor lo acepta para las actividades laborales pagas, mientras que en las mujeres es a la inversa: tienen la responsabilidad del hogar y de todas sus tareas en su mejor edad para la actividad laboral paga.
Visto desde el estado civil de las personas, es notorio que cuando el hombre es soltero se hace cargo de las tareas hogareñas, dedicándole tres veces más tiempo que la mujer en iguales condiciones (26,7 horas contra 8,6), pero si es casado, le destinará sólo dos terceras partes del tiempo que le insume a la mujer casada.
Los hombres que sólo atienden el hogar, esto es, que no tienen actividad remunerada, son el 2% de los encuestados, mientras lo son el 23,1% de las mujeres. Una diferencia significativa entre sexos es la casi inexistencia de varones trabajando como empleados domésticos y la mayor proporción de varones como trabajadores por cuenta propia sin local: 29,5% en relación a 10% entre las mujeres.
Al analizar el promedio de horas semanales destinadas al trabajo no remunerado según el sexo, resulta que en las parejas con al menos un hijo menor de 18 años, las mujeres trabajan un 50% más: 62,5 horas semanales y 45,8 los hombres. Los hombres que viven en pareja con una mujer realizan menos de la mitad del trabajo no remunerado que hacen los hombres que viven solos, y las 26 horas semanales que se ahorran recaen sobre las mujeres. En concordancia, las mujeres que viven en pareja ven incrementado su trabajo en 26 horas en relación al trabajo que tienen si viven solas.
La existencia de un hijo supone para la mujer un incremento de 16 horas semanales si trabaja en una ocupación remunerada y de 23 si no lo hace.
DEMOCRACIA EN CASA
La investigación académica de donde surge esta información sugiere «que la sobrecarga de trabajo no remunerado no depende sólo de la presencia de hijos o hijas sino que hay una fuerte incidencia de la división sexual del trabajo en el hogar, independientemente de los hijos».
Es en el cuidado de niñas y niños donde las mujeres logran menor colaboración: darles de comer, bañarlos, llevarlos al colegio y ayudarlos con los deberes. En cambio, hay más participación de los hombres en jugar con ellos en la casa y llevarlos de paseo.
La situación más grave se da en un hogar biparental en el que ambos adultos tienen trabajos remunerados. Mujeres trabajando a jornada completa realizan un promedio de 46 horas de trabajo no remunerado, mientras que cónyuges varones en esa situación destinan sólo 20. Esto significa que las mujeres de esos hogares le dedican al trabajo no remunerado un 40% más de tiempo que los hombres, y pone de manifiesto las dificultades que se le plantean a esas mujeres para participar de ambos trabajos simultáneamente.
El desafío que persiste frente a los innúmeros avances logrados para equiparar las oportunidades de mujeres y hombres, es el de la división sexual del trabajo. En la medida en que no se avance en este campo de transformación cultural al interior de los hogares, será muy difícil lograr una mayor equidad. Alcanzar la democracia en casa es también inherente a la democracia de las sociedades.
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