Mercosur Social y Solidario fuegos de todos los colores
El PMSS, que está iniciando su tercera fase, es una plataforma de trabajo asociada al Comité Católico contra el Hambre y a favor del Desarrollo (CCFD, Francia), y cuenta con el apoyo de la Unión Europea.
Su objetivo es introducir la dimensión social en el proceso de integración regional, mejorar el ejercicio de la ciudadanía de los grupos sociales marginados, y consolidar los procesos democráticos en los cinco países. A dos años de su inauguración se extiende por 35 localidades de la región, involucrando a más de 20.000 personas. En Uruguay las organizaciones no gubernamentales participantes son el Centro Cooperativista Uruguayo (CCU) y el Centro de Participación Popular (CPP). En el marco del PMSS ambas respaldan la acción de diez organizaciones sociales en los departamentos de Florida, Montevideo y Paysandú. A fines de marzo, durante un encuentro en Florida, quedó inaugurada la tercera fase del Programa.
SAN CONO, PATRONO DEL BARRIO LIMPIO
Hace un año un caso de hantavirus en Florida empujó la creación de la Comisión del Barrio San Cono y Aguas Corrientes. A la asamblea constitutiva asistieron más de 230 vecinos, casi la mitad de su población.
El barrio está situado a 100 metros del río Santa Lucía, en una de las zonas más bajas de la ciudad, con terrenos baldíos y cañadones que favorecen la presencia de ratas y ratones. «Las primeras tareas fueron erradicar los basurales y asumir la vigilancia domiciliaria», relató la docente jubilada Ilda Sironi, secretaria de la Comisión. La Intendencia Municipal de Florida (IMF) distribuyó veneno casa por casa y la situación mejoró pero está lejos de resolverse. Existen viviendas abandonadas y en otras el raticida no se usa con el pretexto de preservar la seguridad de niños y mascotas. «Es falta de responsabilidad o de habilidad, porque teniendo cuidado se puede usar sin problemas», evaluó Blanca Rodríguez, que es modista y actúa como protesorera.
En el presupuesto para el quinquenio 2005-2010 la IMF tiene proyectada «la construcción de desagües con caños de 1,20 mts. de diámetro», informó Sironi. Los actuales son angostos y cada vez que llueve algunas calles se inundan. «Mi calle no se puede cruzar, y si hay vehículos estacionados el agua se los lleva», contó Rodríguez. La obra implica un costo importante y llevará tiempo: «Está planificada, pero no será para ya».
Hasta entonces -a pesar de que «no hemos logrado mantener el nivel de participación»-, el arma principal contra los roedores será «la concientización por parte de todos los vecinos». Buscando su cooperación, la Comisión apostó a la actividad recreativa: en carnaval armaron un tablado «y la gente se animó un poco más: Cuando se ofrece lo que le gusta, la gente participa». El 1º de abril organizaron una correcaminata.
Se reúnen una vez por mes o cada quince días en la escuela Nº 51 o en casas particulares, pero aspiran a levantar su propia sede si la IMF les facilita un terreno que hoy sirve para depósito de escombros y restos de poda. Al mismo tiempo, niñas y niños no tienen un lugar para jugar y la idea es crear un espacio verde: «De repente los propios niños podrían controlar el mantenimiento de la limpieza».
El barrio es sede del santuario de San Cono, patrono de la ciudad, cuyo nacimiento se celebra el 3 de junio con la llegada de miles de devotos de todo el país. La romería es aprovechada por productores, artesanos y comerciantes de Florida que en los días previos montan una feria que se extiende hasta el fin de semana siguiente. Históricamente, «cuando se aproxima la fiesta los gobiernos municipales higienizan todo el barrio. Es como que se acuerdan de nosotros en San Cono y es la oportunidad para presionar», dijo Sironi. En diciembre, en el marco de las pasantías ofrecidas por el PMSS, la dirigente viajó a Chile donde conoció otras experiencias de participación vecinal.
MUJERES EN LOS ANDAMIOS
Entre 1996 y 1997 decenas de viviendas construidas en la costa del río Uruguay, en Paysandú, permanecieron seis meses bajo el agua. No era un problema nuevo. En 1992 los damnificados por estas periódicas crecientes crearon el Movimiento de Inundados y reclamaron apoyo para asentarse en otras partes de la ciudad. Primero fueron 104 viviendas prefabricadas, luego otras cien en Jardines del Hipódromo, y más tarde 44 casas de material del tipo dúplex. En 1998 nació la primera experiencia cooperativa por la modalidad de ayuda mutua -Co.Vi.Mov.I.-, que obtuvo su personería jurídica en 2001.
Se trata de un proyecto piloto que podría ser ejemplo para el futuro: el estatal Sistema Integrado de Acceso a la Vivienda (SIAV) subsidia los materiales, y «los cooperativistas contribuimos con la mano de obra», explicó Beatriz Almada, presidenta de la cooperativa.
Son treinta familias que aportan cinco horas diarias de lunes a viernes. El 80 por ciento de los peones de albañil son mujeres, igual que el total de integrantes de la directiva. Muchas son jefas de hogar, en algunos casos sus maridos trabajan en otros lugares, y en otros no colaboran «por cómodos», desafió Almada, que dedica todo su tiempo a la cooperativa. La dirigente tiene 55 años y recordó que hasta la concreción del préstamo debieron trabajar también los fines de semana «amasando tortas fritas en la playa». Ella tiene tres hijos que la ayudan con la economía.
El terreno fue donado a la Intendencia Municipal de Paysandú por la Comisión Técnico Mixta de Salto Grande y está ubicado «cerca de tres establecimientos de los que nadie está libre: hospital, cárcel y cementerio», bromeó Almada. Cuando reciban sus viviendas, cada familia pasará a pagar dos unidades reajustables mensuales: una se destinará a obras de mejora en el barrio, y la segunda reembolsará el asesoramiento técnico prestado por el Centro Cooperativista Uruguayo (CCU), explicó Natalia Pintos, de 30 años, secretaria de la cooperativa. Sus nuevas viviendas cuentan con «tres dormitorios en la planta alta, y baño, living-comedor y cocina en la planta baja; tienen fondo y un frente de más o menos tres metros», describió Pintos que cría tres hijos y trabaja en la textil Paylana.
En noviembre los cooperativistas de Co.Vi.Mov.I. pretendían devolver la visita que les hiciera la asociación civil «Inundados Nunca Más» de Santa Fe. Esta fue creada en 2003, tras el desborde del río Salado que dejó 23 muertos según cifras oficiales. Sin embargo, «supimos que el gobierno no los ayudaba y como que se habían disuelto; bajaron los brazos –resumió Pintos- Esa gente quedó psicológicamente muy mal, porque lo de ellos fue completamente diferente a nosotros: acá cuando el río crece nos da tiempo para irnos, pero allá murió mucha gente, perdieron todo y sufren secuelas hasta hoy».
POLICLÃNICA «EL BUEN TRATO»
El 15 de mayo la policlínica «Los Angeles» del Barrio Municipal de las Instrucciones de Montevideo cumplió diez años. El barrio fue creado a principios del siglo pasado, originalmente para afincar a trabajadores municipales. La policlínica funciona en un centro comunal inaugurado en 1941.
«Al comienzo, el Centro de Participación Popular (CPP) nos ayudó a conseguir financiación para el equipamiento y la construcción del baño», recordó Obdulia Gutiérrez, integrante de la Comisión profomento y del grupo de vecinas que colabora honorariamente en su funcionamiento. Gutiérrez tiene 59 años, dos hijos y nunca trabajó fuera de su casa: «Eramos quince hermanos así que ricos no éramos, pero sólo trabajé un tiempo después de los
18 años porque papá no me dejaba».
En la policlínica «hay cerca de 2.000 registros familiares que se multiplican por el número de integrantes de cada familia», contó Alejandra Silva, otra de las colaboradoras. Silva tiene 23 años, estudia para maestra y trabaja tres veces por semana cuidando a un niño de dos años.
El horario de atención va de 12.30 a 17 horas: lunes y miércoles para niñas y niños, jueves y viernes para adultos. Los martes se realizan talleres de prevención en las escuelas y controles pediátricos en las guarderías. También hay grupos de adolescentes, de autoayuda de diabéticos, de hipertensos y de cesación de tabaquismo. Algunos días el horario se extiende hasta la noche por la generosidad de dos médicos psiquiatras que, a pesar del vencimiento de sus pasantías, continúan atendiendo honorariamente a los pacientes. El trabajo de los médicos y los medicamentos son financiados a través de un convenio entre la comuna de Montevideo y la Facultad de Medicina de la Universidad de la República. El mantenimiento, la limpieza y las tareas de apoyo están a cargo de los vecinos. Algunas tardes las voluntarias se ven «desbordadas», porque a los vecinos «les gusta la atención y quieren atenderse aquí, pero no podemos abarcar tanto y a veces tenemos que rechazar gente».
La Comisión profomento obtiene recursos a través del aporte de sus 300 socios, del alquiler del salón principal de su sede y de las canchas para fútbol nocturno. En el Barrio Municipal de las Instrucciones también se desarrollan actividades para jóvenes.
AMANECE EN NUEVO COLMAN
En Montevideo el sol levanta por el oeste. El principal objetivo de la Comisión pro Fomento del Barrio Nuevo Colman siempre fue «mejorar la calidad de vida del vecino», recordó su secretario, Luis Moreira. Antiguamente «vivíamos en ranchos de lata, pero hoy, con la ayuda de la Intendencia, vivimos en casas de material». Moreira tiene 53 años y se radicó allí hace diez, cuando «era campo» y se transformó en asentamiento.
En Nuevo Colman, otra de las iniciativas locales respaldadas por el PMSS funciona un Centro de Atención a la Infancia y la Familia (CAIF), en convenio con el ex Instituto de la Niñez y la Adolescencia del Uruguay (INAU) que atiende a 120 niños y veinte madres embarazadas. El equipo técnico está compuesto por una asistente social, psicólogo, psicomotricista, dos facilitadores y un auxiliar de cocina. También existe una biblioteca pública y funcionan diversas subcomisiones.
Hasta hace poco Moreira se ganaba la vida atendiendo porterías de edificios, pero el 21 de febrero perdió a una de sus cinco hijas -Ana Laura-, y el médico le ha recomendado que busque un trabajo menos encerrado. Ahora trabaja con un cuñado en la refacción de casas.
Aquél día la asistencia médica demoró en llegar. No guarda rencor, pero pensando en todas las madres, padres e hijos del barrio cree que instalar una policlínica para toda la zona sería un buen proyecto: «Las más próximas, la de Casavalle y la Santa Rita, están desbordadas, pero además no disponen de atención nocturna ni durante los fines de semana, y no tienen ambulancias».
En enero pasado, en el marco del programa de pasantías del PMSS, Moreira estuvo ocho días en Santiago de Chile conociendo la experiencia de los pobladores de La Legua apoyada por la organización no gubernamental Eco. Reconoce que antes de involucrarse en el PMSS era «una persona muy callada» y «tenía miedo de hablar», pero que tras estos dos años de intercambios y aprendizajes es otro. En Chile «me nutrí mucho y me vine súper entusiasmado». Si bien se sorprendió por el hecho de que no existen sistemas públicos y gratuitos de atención a la salud y la educación, volvió alentado por la promesa de Michelle Bachelet -entonces candidata presidencial-, de que se ocupará de los pobres de su país.
La principal conclusión de su estadía fue que «los países somos diferentes, pero las necesidades y las problemáticas son las mismas».
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